Epstein invirtió miles de dólares para limpiar su imagen en internet
En septiembre de 2010, Jeffrey Epstein recibió un correo electrónico en el que le ofrecían una oportunidad intrigante. “¿Te interesaría”, decía, “que toda esa basura que aparece en las búsquedas de Google sobre tu nombre básicamente desapareciera?”
Por: Tiffany Hsu and Ken Bensinger
Epstein había salido de la cárcel un año antes tras una condena por delitos sexuales con una menor. Su reputación en internet era un caos. Menos de dos horas después de recibir el correo electrónico, respondió:
“Sí”.
Eso ayudó a que Epstein emprendiera una campaña de varios años para mejorar su reputación en internet, según un análisis de The New York Times de miles de páginas de correos electrónicos, documentos financieros y otros registros publicados por el Departamento de Justicia. Los documentos dejan claro que Epstein se empeñó en ocultar su pasado delictivo en las búsquedas de Google y en Wikipedia.
Nunca llegó a sanear del todo su presencia en la red antes de volver a ser detenido, en 2019, y acusado de tráfico sexual. Sin embargo, ese esfuerzo a veces le permitió mantener un aire de respetabilidad y preservar contactos sociales que habría perdido si sus delitos hubieran sido más prominentes en línea.
Para lograrlo, Epstein se dirigió primero al autor del correo electrónico de 2010: Al Seckel, un supuesto experto en ilusiones ópticas que mantenía una relación sentimental con una hermana mayor de Ghislaine Maxwell, colaboradora de toda la vida de Epstein. Con el tiempo, reclutó a un elenco rotativo de amigos, asistentes y golpeadores a sueldo para que contribuyeran al proyecto, incluidos expertos profesionales en optimización de motores de búsqueda, autodenominados hackers y cuadrillas de redactores de contenido en Filipinas. Mientras algunos, como Seckel, trabajaban gratis, otros cobraban decenas de miles de dólares.
Esta gente manipuló los resultados de las búsquedas y trabajó muchas noches para distorsionar el perfil de Epstein en Wikipedia, ocultar artículos de noticias negativas, conseguir artículos aduladores en los principales medios de comunicación y crear decenas de perfiles en línea, entrevistas listas para consumir y sitios web como “jeffreyepsteinsports.com” que promovían una persona falsa, según muestran los documentos.
Colectivamente, el equipo logró restar importancia a los registros de su pasado delictivo y promocionarlo como filántropo e intelectual. En ocasiones, esos esfuerzos parecieron contribuir a que algunas personas y organizaciones se mostraran dispuestas a relacionarse con él.
Entre 2012 y 2017, funcionarios del laboratorio de medios del MIT aceptaron 750.000 dólares en donaciones de Epstein. Una investigación posterior encargada por la universidad citó ediciones en su página de Wikipedia que “podrían interpretarse como un intento de restar fuerza a algunas de las acusaciones” en su contra como posible influencia en la decisión de aceptar el dinero. Naomi Campbell, una supermodelo vinculada al financiero, dijo recientemente a través de su abogado que “no tenía ni idea de que Epstein era un delincuente sexual registrado” hasta su detención en 2019.
Muchos de los intentos de blanquear la presencia de Epstein en la red, incluidos los cambios en su página de Wikipedia, a menudo sobrepasaron lo normalmente aceptado. Los miembros del equipo crearon redes de cuentas falsas de edición de Wikipedia, a veces conocidas como “títeres de calcetín”, para deslizar los cambios a través de los filtros de los administradores, cuyas cuentas también intentaron desbaratar con ataques cibernéticos. Crearon sitios web falsos y personajes ficticios únicamente para engañar a los algoritmos de búsqueda. Es posible que estas prácticas no hayan infringido ninguna ley, pero están mal vistas por muchos de los que trabajan en la gestión de la reputación en línea.
“Este mundo tiene un lado luminoso y un lado oscuro”, dijo Bill Beutler, cuya empresa, Beutler Ink, se centra en mejorar las entradas de Wikipedia para clientes corporativos como Archer-Daniels-Midland y The New York Times. Los seguidores de las reglas, dijo, buscan formas transparentes de proponer ediciones positivas en las entradas de Wikipedia y dicen a los clientes que no esperen milagros.
“Eso es completamente contrario a lo que hacía el equipo de Epstein”, dijo Beutler.
Epstein nunca estuvo satisfecho. A finales de 2010, en uno de sus muchos mensajes carentes de gramática, escribió a Seckel exigiéndole información sobre otras empresas de gestión reputacional que pudieran ayudarlo más.
“Para mí no hay nada más importante”, escribió.
UNA LARGA SOMBRA
La gestión reputacional en línea es un gran negocio, valorado en miles de millones de dólares, según diversas estimaciones. Entre sus clientes se encuentran empresas y particulares que confían en la ingeniería de internet altamente selectiva para manipular o mejorar el rastro que dejan en la red.
La declaración de culpabilidad de Epstein en 2008 dejó una larga sombra en línea. En uno de los primeros correos electrónicos, Seckel expuso el alcance del desafío: solo en la búsqueda de Google, había más de 75 páginas de “material despectivo” sobre el delincuente sexual condenado.
“No tienes absolutamente NINGUNA buena referencia en la web, nada a lo que puedas apuntar, y todo lo que hay allá afuera es muy malo”, escribió a Epstein.
Pero Seckel tenía un plan para “construir una presencia de éxito humanitario muy positiva para Jeff que esté omnipresente en la web” –una imagen, dijo, que “aburriría a cualquier periodista sensacionalista”–. ( Seckel murió en Francia en 2015 en lo que las autoridades locales consideraron como un suicidio).
La naturaleza de la condena de Epstein lo convirtió en persona non grata para muchas empresas de rehabilitación reputacional. Pero los archivos también revelan que, con su riqueza y sus poderosas conexiones, siempre encontraba expertos deseosos de complacerlo.
En el momento en que Seckel hizo su propuesta, Epstein ya le había pagado 25.000 dólares para organizar una conferencia en un hotel de las Islas Vírgenes estadounidenses, con excursiones a la isla privada de Epstein. En un correo electrónico de planificación, Seckel describió a los ponentes como “pensadores muy brillantes y fuera de lo común”.
Entre ellos estaba Pablos Holman, quien se describe como un futurista que ha ayudado a inventar un láser mata mosquitos, una máquina supresora de huracanes, un microscopio para diagnosticar la malaria impulsado por inteligencia artificial y mucho más. En la conferencia estaba previsto que hiciera una demostración sobre cómo forzar cerraduras.
Holman también colaboraría en el proyecto de gestión reputacional, según Seckel, quien pidió a Epstein que transfiriera 20.000 dólares para crear un equipo de “hackeo”. Seckel insistió en que no se quedaría con nada del dinero personalmente, pero también le pidió a Epstein repetidamente que financiara una organización educativa sin fines de lucro que él cofundó, que le ayudara a recaudar dinero para otros proyectos e incluso que le concediera un préstamo de 3,5 millones de dólares.
En respuesta a una consulta del Times, Holman escribió que sus menciones en los correos electrónicos de Seckel “no son exactas” y que Seckel era “fraudulento y de poco fiar en muchos aspectos”.
“Nunca hice ningún trabajo para Epstein”, escribió Holman. “Nunca he hecho ningún trabajo de ‘gestión reputacional para nadie”.
GOOGLE Y WIKIPEDIA
Google era una prioridad máxima para el equipo, que pronto se amplió para incluir a Mike Keesling, un experto en optimización de búsquedas de California. Seckel lo describió como un viejo amigo que estaba dispuesto a cobrarle a Epstein un descuento en la rehabilitación reputacional que ofrecía a las estrellas de cine porque le debía favores a Seckel. Epstein pagó a Keesling al menos 22.500 dólares; en las hojas de cálculo financieras publicadas por el Departamento de Justicia, los pagos se etiquetaron como “regalos”.
El objetivo era promover contenidos que pudieran desplazar las historias negativas sobre las fechorías de Epstein de la primera página de resultados de Google. Para eso, el equipo creó sitios web que destacaban el interés de Epstein por la ciencia y la filantropía, al tiempo que potenciaban los resultados de búsqueda de otras personas con el mismo nombre, entre ellas un antiguo director financiero de Oracle y un médico especialista en trasplantes capilares. Fabricaron “un pseudo Jeffrey Epstein”, creando un personaje falso con un sitio web centrado en los deportes para “enterrar” el contenido negativo sobre su cliente, según los correos electrónicos. Llamaron a estos esfuerzos “proxenetismo”.
Fue un “trabajo laborioso”, escribió Seckel. Las páginas falsas –las describió como “sitios de spam”– “no pueden parecer ‘forzadas’” y requerían enlaces originales y textos reescritos cientos de veces por un “equipo” de redactores de contenidos en Filipinas. (Al final, el equipo creó sitios como jeffreyepstein.org, jeffreyepsteinfoundation.com y jeffreyepstein.net. Epstein también acabó teniendo cuentas en Blogspot, LinkedIn, MySpace, Pinterest y Vimeo).
También consiguieron artículos elogiosos sobre Epstein en publicaciones que en aquella época aceptaban regularmente colaboradores externos, como HuffPost y Forbes. A continuación, rastrearon meticulosamente si los artículos, que omitían la condición de delincuente sexual de Epstein, desplazaban a las noticias sobre sus delitos en los rankings de Google.
Una portavoz de Forbes dijo que el medio tenía conocimiento de un artículo escrito por un antiguo colaborador en 2013 que fue retirado del sitio en 2019 porque no cumplía las normas editoriales. HuffPost dijo que no estaba afiliada ni respaldaba las opiniones expresadas en los artículos, que dijo que se publicaron en su plataforma de colaboradores no remunerados, desaparecida hace tiempo.
“El contenido de los colaboradores en esa plataforma se creó de forma independiente y no estaba sujeto a la rigurosa supervisión editorial ni a las normas periodísticas de HuffPost”, dijo el medio en un comunicado.
El equipo de Epstein también intentó eliminar lo que denominó como términos “tóxicos” que Google sugería automáticamente cada vez que se buscaba su nombre, como “cárcel” y “pedófilo”.
Esos sitios, artículos y enlaces serían fundamentales para un segundo objetivo importante: sanear la entrada de Epstein en Wikipedia, que a partir del otoño de 2010 mencionaba sus antecedentes penales en la primera sección e incluía una foto de ficha policial.
“Todo el mundo quiere que se cambie su página de Wikipedia”, dijo Juda Engelmayer, experto en relaciones públicas en situaciones de crisis, quien ha representado a Harvey Weinstein y Sean Combs, conocido como Diddy, entre otros clientes. “Pero es lo más difícil de hacer”.
En noviembre de 2010, Seckel informó que había conseguido “rebajar el tono considerablemente” sustituyendo la foto de la ficha policial y una descripción de la declaración de culpabilidad de 2008 por una foto más halagadora con la leyenda “financiero y filántropo estadounidense”. Se eliminaron los enlaces a relatos gráficos de los delitos de Epstein y se insertaron “grandes secciones” sobre filantropía.
Ese diciembre, Seckel informó a Epstein en un correo electrónico que “su entrada en la wiki ahora es bastante moderada, y se han eliminado las cosas malas”. Seckel lo calificó de “gran éxito”.
Pero no fue fácil, y no duraría. Seckel señaló que 27 editores de Wikipedia habían estado vigilando la entrada de Epstein y revirtieron cada retoque que intentó su equipo, a menudo en menos de 15 minutos.
Los registros de Wikipedia y los correos electrónicos de Epstein muestran cómo los contenidos condenatorios –“los desagradables” los llamaba Keesling– volvieron a colarse inexorablemente. Los editores voluntarios del sitio acabaron bloqueando múltiples cuentas de edición que parecían centradas en limpiar contenidos sobre Epstein.
“Wikipedia es un esfuerzo y una batalla continuos”, escribió Keesling.
LA FRUSTRACIÓN DE EPSTEIN
Epstein agravó el reto con su impaciencia y sus frecuentes reproches. A las pocas semanas de comenzar el proyecto con Seckel, escribió que “desafortunadamente hemos fracasado a lo grande”. Cuestionó lo que invirtió exigiendo cuentas detalladas de los gastos y quejándose de unos honorarios que los expertos en gestión reputacional calificaron como modestos.
En febrero de 2012, Epstein pagó 2499 dólares por el “paquete avanzado” de Integrity Defenders, una empresa que se describía en correos electrónicos como un “grupo tecnológico que saca la mala prensa de internet”. A mediados de marzo, se quejó de que sus resultados en Google “aparecen peor que el mes pasado”. Un colaborador del trabajo de gestión reputacional, cuyo nombre fue ocultado en los archivos, propuso en mayo que Epstein recuperara la tarifa, escribiendo que “no debería tener que pagar por eso”.
Ese mismo año, Epstein se apuntó a una prueba de un mes con valor de 12.500 dólares con otra empresa, Reputation Changer, que le ofrecía un “plan de acción de limpieza reputacional” personalizado de 10 páginas para “inundar las cuatro primeras páginas de Google, Bing y Yahoo” con contenidos diseñados para producir “una impresión abrumadoramente positiva”. Cuatro meses después, volvió a sentirse insatisfecho, lo que llevó a su contador a especular con la posibilidad de que Reputation Changer estuviera “promoviendo intencionadamente artículos negativos para que pareciera que los necesitábamos”.
No fue posible ponerse en contacto con Integrity Defenders ni con Reputation Changer para solicitarles comentarios.
Epstein también descargó sus frustraciones contra Tyler Shears, descrito en los correos electrónicos como un experto en optimización de motores de búsqueda, quien pidió hasta 15.000 dólares por adelantado más 125 dólares la hora y gastos por los servicios de limpieza de internet cuando fue contratado en julio de 2013. Los correos electrónicos muestran que logró eliminar la foto de la ficha policial de Epstein de su entrada en Wikipedia, hacer caer los enlaces negativos en múltiples motores de búsqueda y conseguir artículos positivos.
Sin embargo, Epstein estaba insatisfecho: descontento porque Shears le había facturado casi 51.000 dólares en siete meses, y no estaba dispuesto a pagar por más artículos que aumentaran su credibilidad. Para conservar a su cliente, Shears le ofreció bajar sus honorarios hasta 1000 dólares al mes para cubrir gastos, si solo Epstein se reunía con él en persona. “Admiro sus logros y puntos de vista y me sentiría honrado si dedicara parte de su tiempo a reunirse y me permitiera aprender de usted”, escribió, calificando la perspectiva de tal encuentro como “una gran ventaja”.
Apenas cuatro meses después, Epstein estaba descontento de nuevo. “Los resultados siguen siendo muy malos”, le escribió a Shears.
“Aquí no hay excusas, no estoy satisfecho con el punto en el que se encuentra y sigo trabajando para lograrlo”, respondió Shears.
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