¿Irán puede confiar en Trump? Las dudas dificultan las negociaciones de paz
Los dirigentes iraníes temen sufrir otro revés a manos del presidente Trump, quien desechó el acuerdo nuclear alcanzado durante el mandato de Obama tras largas negociaciones
Por: Michael Crowley
El presidente Donald Trump y los dirigentes iraníes tienen diferencias considerables en muchos temas, desde la tecnología nuclear hasta el estrecho de Ormuz. Pero su principal obstáculo para llegar a un acuerdo de paz duradero podría ser una cuestión de confianza.
Los funcionarios iraníes, siempre recelosos de Estados Unidos, consideran a Trump particularmente insidioso. Recuerdan el modo en que, durante su primer mandato como presidente, Trump simplemente abandonó un acuerdo nuclear que Irán había cerrado con el gobierno de Barack Obama y otras potencias mundiales tras casi dos años de negociaciones. Trump no argumentó que Irán estuviera violando ese acuerdo; simplemente no le gustaba.
Cuando el gobierno de Joe Biden intentó convencer a Irán de que firmara un acuerdo similar unos años más tarde, los dirigentes iraníes exigieron una garantía para que un futuro gobierno de Trump no pudiera eliminarlo de nuevo sin más, según exfuncionarios estadounidenses. No tuvieron forma de darla.
Y en dos ocasiones a lo largo del año pasado, Trump entabló conversaciones diplomáticas con Irán y luego lanzó ataques aéreos cuando las negociaciones aún estaban en su fase inicial. A finales de febrero, enviados de Trump se reunieron con funcionarios iraníes en Ginebra solo un día antes de que el líder supremo de Irán muriera en un ataque aéreo que comenzó semanas de bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel. Cuando se celebró esa reunión, Trump ya había decidido ir a la guerra, según funcionarios estadounidenses.
Después de que una primera ronda de conversaciones a principios de este mes acabara en un ambiente de resentimiento, funcionarios iraníes dijeron que una de las principales razones era que Estados Unidos no había logrado ganarse su confianza. El martes, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, retrasó su viaje a Pakistán para una posible segunda ronda de conversaciones, ya que los funcionarios iraníes volvieron a plantear esta cuestión.
El lunes, los medios de comunicación estatales iraníes informaron que el presidente del país, Masoud Pezeshkian, había advertido el domingo en una llamada telefónica con el primer ministro de Pakistán que “Estados Unidos pretende repetir patrones anteriores y traicionar a la diplomacia”, según la Agencia de Noticias de la República Islámica.
Irán, con temor de ser engañado de nuevo, insiste en dar pasos graduales y conservar su influencia, como el control, al menos parcial, de sus reservas de uranio durante el mayor tiempo posible. Pero los expertos dijeron que Irán está en desventaja porque cualquier acuerdo plausible le exigiría dar pasos que, al final, serían irreversibles, como renunciar finalmente a su suministro de uranio.
La desconfianza es una calle de doble sentido muy transitada: Estados Unidos afirma que Irán ha mentido sistemáticamente durante años al asegurar que su programa nuclear tenía solo fines pacíficos, y señala las pruebas descubiertas de la pasada investigación nuclear militar de Teherán. Irán también ha incumplido sus compromisos internacionales al construir instalaciones nucleares subterráneas secretas.
Trump ha calificado a los dirigentes iraníes de “locos”, “dementes” y “lunáticos”.
“Irán lleva décadas engañando al mundo sobre su programa nuclear, ocultando instalaciones, encubriendo materiales y actividades y suministrando al Organismo Internacional de Energía Atómica información falsa o incompleta”, dijo Michael Doran, exfuncionario de alto rango de seguridad nacional del gobierno de George W. Bush. “Ese historial no deja ninguna base para confiar en las garantías de Irán sobre sus intenciones”.
Durante las conversaciones sobre armamento nuclear con la Unión Soviética, el presidente Ronald Reagan popularizó la frase “confía, pero verifica”. No está claro si Irán y el gobierno de Trump pueden siquiera cumplir esa norma.
“El nivel de confianza entre Estados Unidos e Irán siempre ha sido muy bajo, pero ahora es inexistente”, dijo Karim Sadjadpour, investigador principal de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.
“La República Islámica cree que Estados Unidos podría atacar en cualquier momento, incluso durante las negociaciones, como ya ha hecho Trump en dos ocasiones”, añadió. “Washington nunca creerá que la República Islámica ha renunciado a sus ambiciones de armas nucleares, aunque acepte un compromiso”.
Irán tiene un motivo más para su escepticismo: la asociación militar de Trump con Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel. Netanyahu desea reanudar la campaña conjunta de bombardeos estadounidense-israelí en cuanto expire el acuerdo del alto al fuego del 7 de abril. Trump prorrogó la tregua el martes, horas antes de que venciera.
La propaganda iraní ha descrito a Trump como una “marioneta” de Netanyahu, y los funcionarios iraníes seguramente temen que el primer ministro israelí, quien presentó argumentos contundentes a favor de la guerra en la Casa Blanca, persuada a Trump para que abandone la vía diplomática.
A pesar de todo, tanto Trump como Irán parecen dispuestos a probar la diplomacia. No serían los primeros enemigos que superan el engaño y la traición y llegan a un acuerdo satisfactorio. Durante su primer mandato, el propio Trump llegó a un acuerdo con los talibanes afganos —islamistas radicales que habían combatido a Estados Unidos por 20 años— para retirar los soldados estadounidenses del país.
Aunque las dos partes puedan superar sus expectativas de traición, la desconfianza complica unas negociaciones que, según Trump, podrían concluir con rapidez. Para algunos diplomáticos veteranos y expertos en Irán, se trata de una ilusión.
Diseñar un acuerdo exigirá calibrar su aplicación paso a paso para minimizar las oportunidades de que una de las partes obtenga una ventaja y lo abandone.
“Eso también es complicado porque la mayoría de las concesiones que se exigen a Irán son concretas e irreversibles, como entregar o rebajar su uranio altamente enriquecido”, dijo Robert Malley, uno de los principales negociadores con Irán durante los gobiernos de Obama y Biden.
“En cambio, la mayoría de las concesiones que se esperan de Estados Unidos son teóricas y reversibles, como eliminar las sanciones o facilitar el acceso a los activos congelados”, añadió.
En consecuencia, dijo Malley, Irán insistirá “en un enfoque lento, gradual y paso a paso” para aplicar cualquier acuerdo, como forma de poner a prueba el cumplimiento de Trump.
Pero es posible que Trump, poco conocido por su paciencia, se resista a este planteamiento.
Para Irán, el proceso estará bajo la sombra de la derogación de Trump del acuerdo nuclear de Obama, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto, en virtud del cual Irán acordó 15 años de límites a su programa nuclear a cambio de un alivio de las sanciones.
El acuerdo tardó unos 20 meses en negociarse, y Rusia, China, el Reino Unido, Alemania, Francia y la Unión Europea se unieron a Estados Unidos e Irán en innumerables rondas de conversaciones. Todos estuvieron de acuerdo en que Irán cumplía el acuerdo, hasta que Trump llegó a la Casa Blanca.
Trump calificó el acuerdo de “desastre”, se retiró de él en 2018 y castigó a Irán con nuevas sanciones. En respuesta, Teherán rebasó los límites que había acordado imponer a su programa nuclear, y enriqueció suficiente uranio hasta alcanzar niveles casi de grado militar, lo que le permitiría fabricar una bomba en cuestión de semanas. (Los expertos afirman que Irán aún podría tardar muchos meses en construir una bomba nuclear una vez que haya refinado suficiente uranio para la tarea).
Trump citó ese progreso nuclear como motivo para atacar sus instalaciones nucleares en junio del año pasado. Los ataques, conocidos como operación Martillo de Medianoche, se produjeron mientras Estados Unidos e Irán negociaban a través de mediadores omaníes.
Cuando Malley dirigió las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán durante el gobierno de Biden, con el fin de reactivar el acuerdo nuclear de Obama, los funcionarios iraníes insistieron en que se les garantizara que Estados Unidos no podría volver a retirarse unilateralmente del acuerdo. Malley insistió con la misma firmeza en que tal garantía no era posible.
“Dada la profundidad de la desconfianza, así como lo delicado de las cuestiones que se están negociando, es muy improbable que un acuerdo de esta magnitud pueda negociarse en unas pocas semanas”, dijo Sadjadpour. “Por lo general, ha llevado muchos meses, si no años”.
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