La CIA forma un grupo operativo secreto sobre Cuba
El equipo le permitirá a la agencia de espionaje dedicar rápidamente más recursos financieros, humanos y técnicos a la isla, con el objetivo de crear fisuras entre la élite política cubana
WASHINGTON- La CIA ha establecido en secreto un grupo operativo para Cuba, poniendo en marcha planes para una campaña más concertada destinada a presionar al gobierno cubano para que realice los cambios económicos, políticos y de liderazgo exigidos por el presidente Donald Trump, según personas informadas sobre la medida.
La creación del grupo operativo le permitirá a la agencia dirigir rápidamente más recursos económicos, humanos y técnicos hacia Cuba, dijeron.
El grupo operativo ha comenzado a incorporar oficiales de caso que reclutan y dirigen a espías, analistas de inteligencia, oficiales que llevan a cabo ciberoperaciones y oficiales especialistas en operaciones de influencia encubierta, dijeron las personas.
En 1960, la CIA estableció un grupo operativo previo sobre Cuba; sus integrantes supervisaron la fallida invasión de Cuba que la agencia respaldó al año siguiente, conocida como el episodio de bahía de Cochinos.
Las personas informadas sobre el nuevo grupo operativo dijeron que su mandato es más limitado: crear fisuras entre la élite política cubana, con la esperanza de presionar a los dirigentes cubanos para que reemplacen a los partidarios de línea dura, considerados antiestadounidenses, por líderes más prácticos y más dispuestos a aceptar las exigencias de Trump.
La CIA declinó hacer comentarios.
A diferencia de la década de 1960, cuando el grupo operativo anterior supervisó el entrenamiento y equipamiento de una fuerza aliada de cubanos que lanzó la invasión de la bahía de Cochinos, el grupo de trabajo actual no dispone de aliados cubanos organizados. Tampoco se le permite habilitar operativos letales, aunque los grupos operativos en la CIA son flexibles por naturaleza y las facultades bajo las que operan pueden ser modificadas en cualquier momento por el presidente.
La creación del grupo demuestra hasta qué punto la agencia se está preparando para lo que podría ser una campaña encubierta prolongada contra el que durante mucho tiempo ha sido uno de sus objetivos más difíciles.
La medida de la CIA coincide con los esfuerzos intensificados de las agencias de inteligencia estadounidenses para obtener una mejor comprensión de la situación sobre el terreno al interior de Cuba.
Cada gobierno establece sus prioridades de recopilación de inteligencia en un documento conocido como Marco Nacional de Prioridades de Inteligencia, o NIPF por su sigla en inglés.
El gobierno de Trump revisó hace poco su versión del documento para designar a Cuba como una “Prioridad 1” del NIPF. (Entre los otros países de Prioridad 1 están China, Irán y Rusia).
En respuesta, las agencias de inteligencia estadounidenses, incluidas la Agencia de Seguridad Nacional y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial, entre otras, han comenzado a dedicar a Cuba más recursos de recopilación de inteligencia, incluidos satélites, dijeron personas informadas sobre esas actividades.
La recopilación de esa inteligencia ayudará a las fuerzas armadas estadounidenses a actualizar sus opciones para una posible acción militar contra Cuba, si Trump opta por seguir ese camino. Antes del incremento en acciones de inteligencia, los oficiales militares y de inteligencia estadounidenses se quejaban de que contaban con información desactualizada; la nueva inteligencia les dará una mejor idea de las intenciones, las capacidades militares y las defensas de los cubanos.
Los oficiales del grupo operativo sobre Cuba en la CIA, a su vez, analizarán la inteligencia recién obtenida en busca de información privilegiada sobre las actividades de los líderes de Cuba y otros miembros de la élite política, en particular, mediante el rastreo de los secretos flujos de dinero y acuerdos comerciales dentro y fuera de la isla. La agencia podría llegar a divulgar públicamente esa información en un intento de influir en los líderes y la opinión pública cubanos, replicando una estrategia que la CIA ha utilizado contra otros adversarios, entre ellos Rusia.
A lo largo de los años, la CIA ha desempeñado un papel multifacético en Cuba, como un servicio de espionaje que opera de manera encubierta contra el gobierno cubano, y como un intermediario ocasional entre Washington y La Habana.
En 2015, hacia el final del segundo mandato del presidente Barack Obama, Estados Unidos y Cuba restablecieron formalmente las relaciones diplomáticas. El director de la CIA en ese momento, John O. Brennan, viajó a La Habana para reunirse con Alejandro Castro, hijo del presidente Raúl Castro, y otros funcionarios cubanos para debatir el incremento de la cooperación de inteligencia entre ambos países.
Brennan consideraba que las agencias de espionaje de Cuba eran las más capaces de América Latina, y esperaba colaborar con ellas contra los cárteles de la droga y las redes terroristas. Pero esas conversaciones pronto se estancaron, y ambas partes se culparon mutuamente por no cumplir los compromisos propuestos para fomentar la confianza.
Este mes de mayo, con las tensiones en plena ebullición, Trump envió a su director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana para reunirse con Raúl G. Rodríguez Castro, conocido como “Raulito” o “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro.
El mensaje de Ratcliffe a los cubanos fue que la CIA los veía como adversarios dignos y posibles socios futuros. Pero también les dijo a los cubanos que se les estaba acabando el tiempo para hacer los cambios fundamentales que buscaba Trump, insinuando que, si Cuba no aprovechaba el momento, podría ser la próxima Venezuela.
La rapidez con la que Trump logró derrocar a uno de los aliados más cercanos de Cuba —Nicolás Maduro, líder de Venezuela— y tomó el control de los recursos petroleros de Venezuela, había llevado a algunos de los asesores de línea dura de Trump a creer que el gobierno cubano actual podría caer para cuando se lleven a cabo las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos en noviembre, dijeron personas familiarizadas con el debate al interior del gobierno.
Pero, a pesar de un paralizante embargo petrolero impuesto por Estados Unidos, los cubanos han demostrado ser resilientes, y la prolongada guerra de Trump con Irán absorbió la atención y los limitados recursos del gobierno. Si bien los partidarios de línea dura que asesoran a Trump todavía creen que, con el tiempo, el gobierno dedicará la atención y los recursos necesarios para derribar al gobierno cubano, ahora reconocen en privado que es probable que esto ocurra solo una vez que la guerra en Irán haya concluido finalmente.
Durante gran parte de la Guerra Fría, la CIA mantuvo una estación relativamente pequeña en la embajada de Estados Unidos en La Habana, en parte porque la agencia sabía que los cubanos eran increíblemente eficaces en la vigilancia de los oficiales estadounidenses allí. Eso hizo que les resultara sumamente difícil, si no imposible, reclutar y reunirse con informantes en la isla.
El nivel de interés del gobierno de Estados Unidos en Cuba disminuyó en la década de los 2000 cuando se ordenó a la CIA concentrar sus recursos financieros, humanos y técnicos en las guerras de Irak y Afganistán y en otros presuntos refugios de terroristas.
Luego, durante el primer mandato de Trump, después de que varios oficiales de la CIA en La Habana reportaron estar aquejados por una misteriosa enfermedad, que más tarde se conoció como síndrome de La Habana, la agencia cerró por completo su estación en la isla.
La estación de la CIA en La Habana se restableció en 2024, hacia el final del gobierno de Joe Biden, pero a los oficiales allí todavía les resultaba difícil operar debido a que estaban bajo vigilancia casi constante y sus movimientos estaban restringidos. c. 2026 The New York Times Company.
Por Adam Entous, The New York Times.