La prohibición del velo en las escuelas italianas podría ser un anticipo de la futura lucha por la asimilación en EU

La prohibición del velo en las escuelas italianas podría ser un anticipo de la futura lucha por la asimilación en EU

+ Seguir en Seguir en Google

Italia y otros países europeos impulsan nuevas exigencias para los inmigrantes, mientras políticos y especialistas discrepan sobre hasta dónde puede llegar un Estado para preservar la cohesión social

Internacional
/
COMPARTIR

La inmigración se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción política en Europa. Ante las dificultades de integración que algunos gobiernos atribuyen a las barreras lingüísticas, la segregación escolar y el aislamiento de determinadas comunidades, varios países han comenzado a revisar sus políticas para establecer condiciones más estrictas de convivencia e incorporación a la sociedad.

Italia se ha sumado a esta tendencia con un conjunto de medidas presentado bajo la denominación de «Decreto Escolar». La iniciativa contempla restricciones al uso de prendas que oculten el rostro dentro de las aulas, establece un límite del 30 % para los estudiantes nacidos en el extranjero por salón y prevé sanciones económicas de hasta 1.120 dólares para los padres que incumplan determinadas obligaciones relacionadas con las clases de italiano.

https://vanguardia.com.mx/noticias/internacional/iran-incendia-un-superpetrolero-despues-de-que-eu-levantara-el-bloqueo-naval-AO24081089

La entrada en vigor está prevista para el próximo verano. El Gobierno sostiene que las disposiciones buscan mejorar las condiciones educativas y evitar la formación de grupos escolares aislados. Sin embargo, el alcance de estas medidas ha reavivado una discusión más amplia: ¿debe la integración ser un proceso al que el inmigrante se incorpora voluntariamente o puede el Estado imponer requisitos concretos para garantizar la convivencia?

LA INTEGRACIÓN COMO OBLIGACIÓN CÍVICA

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, defendió la iniciativa en la red social X. Según explicó, las nuevas disposiciones pretenden impedir la segregación y garantizar que todos los alumnos dispongan de oportunidades educativas comparables. Su argumento se basa en que una escuela integradora no tiene por qué renunciar a las normas comunes, sino que debe ofrecer apoyo adicional a quienes afrontan mayores dificultades.

Desde esta perspectiva, aprender la lengua del país, participar en la educación de los hijos y respetar las reglas de los espacios públicos forman parte de las responsabilidades asociadas a la vida en comunidad.

Simone Rodan-Benzaquen, enviada especial para Europa de la Fundación para la Defensa de las Democracias, considera razonables varios de estos principios. También defiende que mantener el rostro visible durante las clases puede favorecer la comunicación entre alumnos y profesores.

No obstante, la especialista plantea una distinción importante: establecer obligaciones no garantiza, por sí mismo, que se produzca una integración efectiva. Para determinar si las políticas funcionan, sostiene, es necesario examinar las causas que dificultan la participación de determinadas comunidades en las instituciones y en la sociedad.

$!El politólogo sueco Daniel Schatz considera que el debate ya no puede entenderse exclusivamente mediante la tradicional división entre izquierda y derecha.

UN GIRO QUE TRASCIENDE A ITALIA

Las medidas italianas forman parte de una transformación más extensa de las políticas migratorias europeas. Dinamarca ha impulsado iniciativas para combatir la concentración residencial y la segregación; Francia mantiene restricciones sobre determinados símbolos religiosos en las escuelas públicas; Alemania exige a ciertos inmigrantes participar en programas lingüísticos y de orientación cívica, y los Países Bajos cuentan con procedimientos de integración que, en determinados casos, comienzan antes de la llegada al país.

Aunque estas políticas responden a contextos nacionales diferentes, comparten una preocupación: evitar que las diferencias lingüísticas, culturales y socioeconómicas se traduzcan en una separación duradera entre grupos de población.

El politólogo sueco Daniel Schatz considera que el debate ya no puede entenderse exclusivamente mediante la tradicional división entre izquierda y derecha.

A su juicio, el desacuerdo fundamental se encuentra entre quienes creen que el Estado debe establecer condiciones firmes para formar parte de una comunidad nacional y quienes advierten que esas exigencias pueden convertirse en instrumentos de exclusión o discriminación.

La controversia, por tanto, no se limita a decidir cuántas personas pueden ingresar en un país. También comprende qué obligaciones deben asumir quienes llegan, qué derechos deben garantizar las instituciones y cuáles son los límites de la intervención estatal en la vida cultural y religiosa.

$!El consenso político en torno a mayores restricciones no elimina las dudas sobre sus consecuencias.

EL MODELO DANÉS Y LAS CONTRADICCIONES DEL ESTADO DE BIENESTAR

Dinamarca ofrece un ejemplo significativo de cómo las políticas de inmigración pueden generar consensos que atraviesan las fronteras ideológicas tradicionales.

Sara Wallace Goodman, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de California en Irvine e investigadora vinculada al Observatorio de Ciudadanía Global del Instituto Universitario Europeo, señala que el amplio sistema de protección social danés constituye uno de los elementos que explican la orientación de sus políticas migratorias.

Según Goodman, la existencia de prestaciones públicas extensas ha alimentado el debate sobre las condiciones de acceso de los extranjeros a los beneficios sociales. En este contexto, sectores de centroizquierda han encontrado incentivos políticos para defender controles migratorios más estrictos.

La académica considera que adoptar posiciones firmes en esta materia también puede reducir la capacidad de los partidos de derecha para monopolizar el debate sobre inmigración.

Sin embargo, el consenso político en torno a mayores restricciones no elimina las dudas sobre sus consecuencias. Las medidas destinadas a modificar la composición de los barrios o las escuelas pueden contribuir a reducir determinadas formas de segregación, pero también plantean interrogantes sobre la igualdad de oportunidades, la libertad individual y el trato que reciben las minorías.

EL TEMOR A LAS SOCIEDADES PARALELAS

Una de las principales preocupaciones que alimentan estas políticas es la aparición de las llamadas «sociedades paralelas»: comunidades en las que sus integrantes mantienen vínculos predominantemente internos y participan de manera limitada en las instituciones, el idioma y los espacios compartidos del país en el que residen.

El concepto adquirió notoriedad en el Reino Unido durante la década de 2000, cuando Trevor Phillips, entonces responsable de la Comisión para la Igualdad Racial, advirtió sobre el riesgo de que una sociedad comprometida con el multiculturalismo terminara desarrollando formas de segregación.

Goodman retoma aquella advertencia para explicar la tensión que atraviesa las políticas actuales. Los gobiernos pueden intentar combatir la separación social mediante normas obligatorias, pero la intervención por decreto también puede generar restricciones que afecten la autonomía de las personas y profundicen los conflictos que pretende resolver.

El problema consiste en determinar cuándo las diferencias culturales representan una expresión legítima del pluralismo y cuándo contribuyen a levantar barreras que impiden la participación en una comunidad política compartida.

Las imágenes difundidas en redes sociales también han intensificado estas discusiones. Un vídeo grabado en un mercado asiático de Londres, en el que se observa a compradores aparentemente organizados en filas separadas por género, fue interpretado por algunos comentaristas como una señal de transformación cultural.

Nile Gardiner, directora del Centro Margaret Thatcher para la Libertad de la Fundación Heritage, calificó esas imágenes de preocupantes y las vinculó con lo que considera un aumento de la influencia islamista en el Reino Unido.

Gardiner sostiene que las transformaciones culturales observadas en algunas ciudades europeas podrían reproducirse en Estados Unidos si sus dirigentes no adoptan medidas para contrarrestarlas. También atribuye parte de las tensiones políticas y de la violencia en Europa a una creciente convergencia entre sectores islamistas y organizaciones de izquierda.

Estas interpretaciones, sin embargo, constituyen valoraciones políticas de Gardiner y no demuestran por sí solas que un vídeo concreto represente las prácticas de una comunidad entera. Para evaluar fenómenos como la segregación o la radicalización es necesario distinguir entre incidentes particulares, tendencias documentadas y generalizaciones sobre grupos religiosos o culturales.

¿BASTA CON REGULAR LAS MANIFESTACIONES CULTURALES?

Para Rodan-Benzaquen, las restricciones visibles no deben confundirse con una solución integral. En su análisis, los gobiernos no pueden exigir confianza en las instituciones públicas si estas no ofrecen a los niños oportunidades reales de progreso o si existen iniciativas organizadas destinadas a desalentar la participación social.

La especialista sostiene que las autoridades deben investigar también las redes, los actores y los recursos que puedan promover el rechazo de las instituciones democráticas. Desde su punto de vista, regular la vestimenta sin abordar esos factores deja intacta una parte sustancial del problema.

Su planteamiento introduce una cuestión esencial: las políticas de integración no solo deben definir qué comportamientos son obligatorios, sino también garantizar que las instituciones públicas sean accesibles, eficaces y capaces de generar confianza.

Una estrategia centrada exclusivamente en las prohibiciones puede ofrecer resultados visibles a corto plazo sin modificar las condiciones que favorecen el aislamiento. Por el contrario, una política que combine enseñanza del idioma, acceso a la educación, participación cívica y aplicación coherente de las normas tendría que evaluarse a partir de sus resultados concretos.

FRANCIA Y LA DEFENSA DE UNA IDENTIDAD COMÚN

Francia representa otra de las grandes referencias del debate europeo. Desde 2004, el país prohíbe en las escuelas públicas los signos o prendas mediante los cuales los alumnos manifiestan ostensiblemente una afiliación religiosa, una regulación que comprende determinados velos musulmanes, kipás judías y cruces cristianas visibles.

La justificación de esta política está relacionada con el principio francés de laicidad y con la idea de que el espacio educativo debe permitir que los estudiantes desarrollen su autonomía de conciencia en un entorno común.

Rodan-Benzaquen defiende la aspiración de este modelo: que una persona pueda considerarse plenamente francesa con independencia de sus orígenes. Al mismo tiempo, reconoce que mantener ese ideal resulta cada vez más difícil en un contexto de profundas transformaciones sociales.

La discusión gira en torno a qué elementos deben compartirse para que la convivencia sea posible. Entre ellos figuran una lengua común, el conocimiento de la historia nacional, el respeto a las libertades y la aceptación de responsabilidades cívicas.

Quienes respaldan este enfoque consideran que una sociedad necesita transmitir sus principios para garantizar su continuidad. Sus críticos, en cambio, advierten que definir una identidad nacional demasiado rígida puede convertir las diferencias culturales en motivos de sospecha y obligar a las minorías a renunciar a expresiones legítimas de su identidad.

ENTRE EL CONTROL Y LA INCLUSIÓN

Goodman considera que Europa afronta una contradicción de fondo: durante décadas, numerosos países aceptaron distintos niveles de inmigración, pero no siempre desarrollaron un consenso claro sobre las consecuencias sociales y culturales de esa transformación.

La cuestión obliga a las sociedades europeas a revisar su relación con el multiculturalismo, el liberalismo y el pluralismo, tradiciones que forman parte de su evolución histórica. El desafío consiste en establecer reglas compartidas sin convertir la pertenencia nacional en una exigencia de uniformidad absoluta.

Schatz, por su parte, advierte que un modelo sostenible no puede basarse únicamente en la severidad ni exclusivamente en la apertura. A su juicio, la capacidad del Estado para aplicar sus leyes y mantener unas normas cívicas básicas es importante para conservar la confianza pública que permite sostener políticas de integración a largo plazo.

La discusión europea permanece abierta. Las restricciones migratorias, las exigencias lingüísticas y las normas sobre símbolos religiosos responden a distintas concepciones de la convivencia, pero su eficacia no puede darse por sentada únicamente a partir de las intenciones declaradas por sus promotores.

La cuestión decisiva será determinar si estas medidas reducen efectivamente la segregación, amplían las oportunidades educativas y fortalecen la participación ciudadana, o si, por el contrario, producen nuevas formas de exclusión.

En última instancia, Europa se enfrenta a un dilema que va más allá de sus fronteras: cómo preservar una comunidad política con reglas comunes sin sacrificar las libertades individuales que constituyen una parte esencial de la democracia liberal.

TEMAS
Localizaciones

Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la carrera de Periodismo y Comunicación, con una especialidad en Fotografía y Producción Audiovisual, y en Geopolítica.

Ha trabajado para diversos medios y ONGS en Europa y México por más de 15 años. Su enfoque y especialidad son las noticias de Política Internacional y Nacional y conflictos, buscando la veracidad, objetividad y la investigación periodística.

Selección de los editores