No solo es Francia. El centro político de Europa se desmorona

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El descontento económico y la pérdida de confianza en la democracia impulsan a partidos de extrema derecha e izquierda y debilitan al centro político europeo

Internacional
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En una Europa fragmentada, el descontento empuja a los votantes hacia los extremos

En las naciones más grandes e importantes de Europa, los partidos centristas atraviesan dificultades. El descontento provocado por el bajo crecimiento económico, la alta inflación, la considerable deuda pública y las escasas perspectivas para los jóvenes está avivando las protestas y dando fuerza a los partidos populistas de extrema derecha y extrema izquierda.

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Los disturbios masivos en Francia, que comenzaron como protestas por la falta de financiamiento de las escuelas, son un ejemplo impactante. Sin embargo, el fenómeno se ha gestado durante años, ante la percepción de que la democracia liberal ha incumplido sus promesas de ofrecer un futuro mejor, sobre todo a los jóvenes y a los trabajadores asalariados.

Cada vez más europeos consideran que los partidos tradicionales de centroizquierda y centroderecha no ofrecen alternativas reales y están dirigidos por una élite con estudios universitarios que ha perdido el contacto con los sectores pobres, los trabajadores y los jóvenes. Ante el aumento de los déficits, el gasto público y las tasas de interés, los gobiernos sienten que tienen un margen de maniobra limitado para responder.

Por otra parte, muchas personas están apoyando a partidos como Agrupación Nacional, de Marine Le Pen, que encabeza las encuestas para la presidencia de Francia desde la extrema derecha, y La Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon, ubicada en segundo lugar desde la extrema izquierda. En Alemania, los votantes se están inclinando por el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania y el partido de extrema izquierda Die Linke.

$!Marine Le Pen encabeza el avance de la derecha nacionalista francesa en medio del desgaste de los partidos centristas.

El próximo año se celebrarán elecciones importantes en cuatro de los países más poblados de Europa —España, Francia, Italia y Polonia—, en las que los partidos más extremistas plantean desafíos considerables. Incluso en Italia, donde estallaron protestas durante el fin de semana, la primera ministra de derecha, Giorgia Meloni, se enfrenta a un exgeneral, Roberto Vannacci, quien se postula desde una posición aún más a la derecha.

Partidos de extrema derecha también ocupan puestos en los gobiernos de la República Checa, Finlandia, Eslovaquia y Croacia, mientras que el gobierno de Eslovenia depende del apoyo externo de uno de ellos, señaló recientemente Alberto Alemanno, profesor de derecho europeo en HEC Paris. Además, la competencia desde posiciones aún más extremas ya está presionando a algunos de estos partidos para que endurezcan sus posturas.

$!Alternativa para Alemania gana respaldo mientras los partidos tradicionales enfrentan dificultades para mantener su base electoral.

La satisfacción con el funcionamiento de la democracia ha disminuido drásticamente, según encuestas periódicas del Centro de Investigaciones Pew. En Francia, Pew descubrió este año que el 69 por ciento de la población está insatisfecha con la democracia. En España, la cifra es del 68 por ciento; en Italia, del 62 por ciento, y en Polonia, la democracia más nueva tras años de ocupación soviética, del 47 por ciento. En Estados Unidos, el porcentaje es del 69 por ciento.

Se han propuesto muchas razones para explicar la pérdida de optimismo y de fe en la política centrista. Sin embargo, Daron Acemoglu, premio Nobel de Economía, lo expresa de manera sencilla: “Empezamos a dar por sentada la democracia”, dijo.

La democracia liberal no ha logrado mantener la confianza de los ciudadanos comunes, especialmente de la clase trabajadora. “Si el liberalismo ha de resurgir, debe ser con la clase trabajadora en el centro”, afirmó.

$!Las encuestas muestran una creciente insatisfacción ciudadana con el funcionamiento de la democracia en varios países.

Prosperidad compartida

La rápida expansión de las protestas francesas por todo el país, a las que se sumaron trabajadores y pensionados molestos por la inflación y las altas tasas de interés, en particular por el encarecimiento de la energía y del crédito, apunta a un fracaso más profundo del gobierno de centroderecha del presidente Emmanuel Macron y de la democracia liberal en general.

Se espera que la violencia, que en muchas ciudades derivó en disturbios, favorezca a Le Pen y dé fuerza a sus críticas antiliberales sobre la inmigración y la anarquía.

Acemoglu, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha intentado ofrecer un análisis y algunas recomendaciones en su libro reciente, “¿Qué pasó con la democracia liberal?”. En él, describe “dos grandes líneas de fracaso” del último medio siglo que han provocado un distanciamiento generalizado y un sentimiento de rechazo al sistema establecido.

La primera es lo que él llama el fracaso en garantizar una prosperidad compartida, especialmente para una clase trabajadora asalariada golpeada por la automatización, la globalización y una desigualdad que ha aumentado drásticamente, y que ahora siente una profunda preocupación por la inteligencia artificial.

$!Daron Acemoglu vincula la pérdida de confianza política con la desigualdad y la falta de prosperidad compartida.

Los líderes han olvidado que una parte fundamental de su pacto con los votantes es “dar mantenimiento al drenaje”, dijo Acemoglu: garantizar el buen funcionamiento de la infraestructura de la vida cotidiana, desde las carreteras hasta la educación y los servicios de salud.

La segunda, explicó en una entrevista, es “el surgimiento de una política cultural de arriba hacia abajo”, mediante la cual una élite con estudios universitarios domina incluso los partidos socialistas y los tradicionales partidos de la clase trabajadora en todo el mundo occidental. En su opinión, esa élite trata con condescendencia o descarta las preocupaciones de quienes tradicionalmente apoyaban a esas agrupaciones.

Como resultado, los votantes de la clase trabajadora se están inclinando por partidos populistas de extrema izquierda y, sobre todo, de extrema derecha, como ocurre en Francia y Alemania. Esto amenaza los valores tradicionales, reduce el respaldo a los partidos centristas que históricamente han contado con bases amplias y pone en peligro el funcionamiento de la democracia parlamentaria.

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En las elecciones británicas de 2024, los dos partidos que habían dominado la política durante mucho tiempo, el Laborista y el Conservador, obtuvieron en conjunto su menor porcentaje de votos en más de un siglo. El partido de extrema derecha Reform UK repuntó en las encuestas el año pasado, aunque desde entonces ha perdido parte de su apoyo.

Los partidos centristas necesitan recuperar la confianza de los votantes y demostrarles que no solo los escuchan, sino que también empatizan con ellos, señaló Steven E. Sokol, presidente del American Council on Germany. “Una constante en todos estos países son las personas que se sienten abandonadas, que sienten que no son parte de la prosperidad y la seguridad que ven a su alrededor”, dijo.

El centro bajo presión

Alemania ofrece otro ejemplo del agotamiento y la fragmentación del centro político.

$!La fragmentación política alemana complica la formación de coaliciones y debilita a los partidos históricos.

Los Volksparteien, o “partidos populares” de centroderecha y centroizquierda —la Unión Demócrata Cristiana (y su partido hermano, la Unión Social Cristiana) y el Partido Socialdemócrata—, se han alternado en el gobierno de la Alemania democrática desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, están perdiendo su base de apoyo, dijo Sokol, a medida que los trabajadores y los jóvenes se inclinan por partidos más extremistas, como Alternativa para Alemania (AfD) y Die Linke.

Ante la dificultad actual para formar coaliciones coherentes, los dos Volksparteien están atrapados en una alianza conflictiva, cada vez más impopular y percibida como incapaz de impulsar el crecimiento económico y garantizar la seguridad.

Durante el gobierno de la excanciller Angela Merkel, la Unión Demócrata Cristiana se movió hacia el centro, pero fue cautelosa y “no arriesgó nada, ni siquiera frente a desafíos obvios”, dijo Norbert Röttgen, un destacado legislador del partido.

$!Los conservadores alemanes debaten cómo responder al avance de Alternativa para Alemania y recuperar a sus votantes.

Entre esos desafíos estaban el aumento de la migración, la contracción del mercado de exportación en China, el recrudecimiento de las tensiones con Rusia y el lento crecimiento económico. El giro hacia el centro y la apuesta de Merkel por la inmigración a gran escala, señaló Röttgen, alejaron a muchos votantes tradicionalmente conservadores del partido.

Eso abrió un espacio a la derecha que fue ocupado por AFD, que ahora atrae a votantes tradicionales de la Unión Demócrata Cristiana entre la clase trabajadora, indicó Röttgen. “Pero para resolver nuestros problemas de verdad se necesitan mayorías, y esta es nuestra paradoja”, dijo.

En cuanto a los socialdemócratas, tomaron el camino que Acemoglu describió como característico de muchos partidos de izquierda: las élites intelectuales y los académicos de izquierda “conquistaron el partido y lo desconectaron de sus votantes tradicionales”, dijo Röttgen.

Un promedio de las encuestas de opinión actuales en Alemania muestra las dificultades para construir una coalición centrista viable.

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AFD es el partido más popular, con alrededor del 28 por ciento de apoyo, seguido por la Unión Demócrata Cristiana y la Unión Social Cristiana, con el 19.8 por ciento. Los Verdes tienen el 15 por ciento y los socialdemócratas, apenas el 13.1 por ciento, ligeramente por delante de Die Linke, con el 11.3 por ciento.

Ambos partidos tradicionales están divididos internamente sobre cómo proceder: los demócratas cristianos debaten si deben acercarse más a AfD, en lugar de limitarse a adoptar algunas de sus políticas, mientras que los socialdemócratas discuten si deben girar más a la izquierda para defenderse tanto de los Verdes como de Die Linke.

Una Europa fragmentada

Ante las cuatro importantes elecciones previstas y el atractivo de la extrema derecha en cada uno de esos países, “vamos a tener una gran transformación”, con gobiernos fragmentados, dijo Ivan Krastev, presidente del Centro de Estrategias Liberales de Bulgaria y miembro del Instituto de Ciencias Humanas de Viena.

Las coaliciones de derecha probablemente incluirán partidos pequeños de extrema derecha que “mantendrán como rehenes a los partidos principales de extrema derecha y podrían impedirles moverse hacia el centro”.

$!El avance de partidos más extremistas podría complicar los acuerdos y el funcionamiento de la Unión Europea.

Si esos partidos obtienen buenos resultados, “entonces muy rápidamente tratas de normalizarlos, porque de lo contrario la Unión Europea no puede funcionar, y esto no hace que la gente se sienta más segura”, dijo.

Las elecciones presidenciales que se celebrarán en Francia la próxima primavera serán clave. Una victoria de Le Pen podría tener grandes implicaciones para Bruselas, el euro, la OTAN y el apoyo europeo a Ucrania.

Acemoglu aboga por “un populismo de amplia base” que canalice el descontento de los votantes en nombre de la inclusión.

$!Las próximas elecciones en Francia podrían marcar un punto de inflexión para el centro político y el futuro de la política europea.

“El eje central debe ser la creación de empleos, el aumento de los salarios y las oportunidades de desarrollo profesional para las personas sin título universitario y con distintas habilidades”, dijo. “Debe haber una agenda de prosperidad compartida, por lo que la inteligencia artificial y la forma en que se utiliza son fundamentales”. c. 2026 The New York Times Company.

Por Steven Erlanger.

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El periódico publicado en la ciudad de Nueva York es editado por Arthur Gregg Sulzberger y se distribuye en los Estados Unidos y otros países. Desde su primer Premio Pulitzer, en 1851, hasta la fecha, lo ha ganado 132 veces.

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