Para Trump y Rubio, la guerra es el arte de destruir y negociar
El enfoque bélico del gobierno de Trump, promovido por el secretario de Estado, favorece la sumisión del régimen de las naciones rivales, no el cambio
WASHINGTON- Poco después de que el presidente Donald Trump se uniera a Israel en el lanzamiento de una nueva guerra contra Irán, circuló por internet un video de IA en el que aparecía el secretario de Estado Marco Rubio.
Ataviado con un turbante y una túnica negros, preside un desfile militar iraní, pronuncia un discurso en una mezquita y contempla el horizonte de Teherán. El pie de foto: “Marco Rubio se da cuenta de que es el nuevo líder supremo de Irán”.
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Aunque pretende ser una sátira, el video cristaliza un momento crucial para Rubio.
A lo largo de su larga carrera política, Rubio ha defendido el derrocamiento de gobiernos hostiles a Estados Unidos. En su día se le consideró tan ideológicamente desfasado con Trump que muchos funcionarios y políticos dudaban de que durara un año en el gobierno. Pero hoy, Rubio está al frente de las agresivas campañas de Trump para remodelar los gobiernos de Irán, Venezuela, Cuba y otros países.
El presidente de Estados Unidos, que prometió poner fin a las guerras estadounidenses, ahora adopta las políticas respaldadas por Rubio y los compatriotas ideológicos del secretario, lo cual ha consternado a los partidarios que pensaban que Trump había inaugurado una nueva era de moderación militar.
Pero Rubio no intenta convertir a Trump al neoconservadurismo de la era de George W. Bush, que pretendía remodelar los sistemas políticos de otras naciones, a veces mediante la fuerza militar, según afirman funcionarios y analistas estadounidenses. En cambio, parece perseguir un nuevo enfoque basado en el poder sin principios. Se trata de una fusión del neoconservadurismo con el transaccionalismo de Trump, y equivale a utilizar el poder militar y económico de Estados Unidos para convertir a países autoritarios en Estados satélite.
Es sumisión del régimen en lugar de cambio de régimen, una doctrina de destruir y negociar.
Los neoconservadores tradicionales consideraban que promover la democracia y construir naciones en el mundo era un bien moral, aunque se hiciera a punta de pistola. Y veían estas acciones como un medio de transformar radicalmente a los adversarios y extender la influencia estadounidense mediante la difusión de ideas. El enfoque del gobierno de Trump, hasta ahora, deja la política interna en manos de las naciones rivales, siempre y cuando muestren obediencia.
“Para Rubio y otros miembros de este grupo más joven, la política exterior no tiene tanto que ver con el cambio de régimen como con el poder”, dijo Emma Ashford, académica del Centro Stimson, un grupo de investigación de Washington. “Se trata de mantener la primacía militar estadounidense, de hacer que otros Estados nos teman y nos respeten”.
Rubio expuso esa idea en la Conferencia de Seguridad de Múnich el mes pasado, en un discurso en el que lamentó la desaparición de los “grandes imperios occidentales” y prometió que Estados Unidos continuaría su legado.
“Para que quede claro: el secretario Rubio es un ‘defensor’ de la aplicación de la política exterior de ‘Estados Unidos primero’ del presidente Trump”, dijo Tommy Pigott, portavoz adjunto del Departamento de Estado. “Como dijo el presidente Trump, él hace la paz donde puede, pero nunca dudará en enfrentarse a las amenazas a Estados Unidos donde debamos hacerlo. Esa es una política que el secretario Rubio apoya plenamente, y los resultados históricos del presidente Trump hablan por sí solos”.
‘DESATAR A CHIANG’
La advertencia de Rubio a Irán fue violenta, aunque un poco críptica: “Vamos a desatar a Chiang sobre esa gente en las próximas horas y días”.
La misteriosa referencia se produjo poco después del inicio de la guerra, cuando Rubio hablaba de acelerar la campaña estadounidense e israelí de bombardeos. “Realmente van a empezar a percibir un cambio en el alcance y en la intensidad de estos ataques, a medida que las dos fuerzas aéreas, francamente, más poderosas del mundo desmantelen este régimen terrorista”, dijo en el Capitolio.
“Chiang” apunta a un vínculo poco conocido entre Rubio y la familia Bush, cuyo presidente más joven, George W., fue el arquitecto de las dos “guerras eternas” estadounidenses de este siglo, Irak y Afganistán.
En 2005, Jeb Bush, hermano menor de George W. y entonces gobernador de Florida, entregó a Rubio una espada de oro en la legislatura de Florida, cuando Rubio estaba a punto de convertirse en presidente de la Cámara de Representantes. Era el arma, según Bush, de “un gran guerrero conservador”, el “místico” Chiang.
Era una broma personal: “desaten a Chiang” era una frase que gritaba su padre, George H. W. Bush, expresidente y embajador en China, a sus adversarios en el tenis, y se refería a Chiang Kai-shek, el líder militar chino apoyado por Estados Unidos que luchó contra los comunistas de Mao, pero que finalmente perdió.
Rubio, cuyas posturas belicistas sobre política exterior han estado alineadas durante mucho tiempo con las del gobierno de George W. Bush, por fin está dando rienda suelta al Chiang que lleva dentro y blande su espada dorada por todo el mundo. Incluso ha hablado de la necesidad de librar una guerra preventiva contra Irán, alegando una amenaza inminente que no existe, el mismo lenguaje que utilizó el gobierno de Bush para justificar la invasión de Irak.
La influencia de los neoconservadores alcanzó su cenit bajo ese presidente y sus guerras posteriores al 11-S. Pero sus ideas aún tienen peso en Washington, y algunas de sus posturas ocupan ahora un lugar central en la política exterior de Trump, defendidas por Rubio.
Una de ellas es reforzar la asociación militar estadounidense con Israel y atacar a los adversarios de Israel, Irán en particular. Estados Unidos atacó por primera vez a Irán el pasado junio, durante la guerra de 12 días iniciada por Israel.
Rubio, que también es asesor de seguridad nacional de Trump, ayudó a planificar ese ataque y la mayoría, si no todas, las demás operaciones militares importantes del gobierno. Trump ha ordenado ataques en ocho países en el último año.
“Rubio era un aliado de primer orden”, afirmó Michael Oren, exembajador de Israel en Estados Unidos, quien trabajó con Rubio cuando este era senador por Florida. “No vaciló. Siempre estuvo ahí”.
Oren refutó cualquier idea de que Rubio estuviera arrastrando a Trump a un mundo de guerra. Los dos hombres son socios, dijo, y Trump toma medidas para dejar su huella en la historia.
“¿Dónde está el legado?”, dijo. “Está en la política exterior, y en una política exterior activista, no aislacionista. Creo que Trump se preocupa por esto, y ahí es donde está Rubio. Está en sintonía”.
En busca de sumisión
Cuando Rubio se convirtió en secretario de Estado de Trump en enero de 2025, rebajó sus opiniones marciales en público para alinearse con la promesa electoral del presidente de “no más guerras”.
También empezó a hablar en términos conciliadores sobre las superpotencias rivales Rusia y China, cuyos líderes autocráticos Trump admira, y a quienes Rubio denunció en su día con los términos del bien contra el mal propios del neoconservadurismo.
Pero el verano pasado, Rubio se convirtió en portavoz de la intervención militar contra países que el gobierno de Trump considera débiles. Apoyó los ataques de junio contra Irán y subrayó la necesidad de que Nicolás Maduro, el líder autocrático de Venezuela, respondiera por haber robado unas elecciones y, en palabras de Rubio, por liderar un grupo “narcoterrorista”.
Ello condujo a letales ataques estadounidenses contra embarcaciones civiles cerca de Venezuela y a la detención de Maduro en enero. Rubio dejó al descubierto su postura belicista cuando el gobierno se unió a Israel para iniciar la guerra contra Irán el 28 de febrero. Y no ha ocultado el objetivo del gobierno de debilitar o derrocar al gobierno comunista de Cuba, una misión personal de décadas.
Pero siguiendo el ejemplo de Trump, Rubio también está dispuesto a hacer tratos con esos gobiernos autoritarios.
Mientras Rubio lleva a cabo una guerra económica contra Cuba al bloquear los envíos de petróleo a la isla, negocia discretamente la apertura de la economía cubana con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del hermano de Fidel Castro, Raúl.
También colabora estrechamente con Delcy Rodríguez de Venezuela, una izquierdista autoritaria aliada de Maduro que ahora gobierna el país, en lugar de presionar para que asuma el poder María Corina Machado, una líder conservadora de la oposición prodemocrática. Como senador, Rubio cofirmó en 2024 una carta de apoyo a la candidatura de Machado al Premio Nobel de la Paz.
Y ha hecho comentarios contradictorios sobre si el cambio de régimen es el objetivo de la guerra contra Irán. Aunque ha criticado a los “clérigos chiitas radicales” que gobiernan el país, y el primer ataque israelí mató al principal ayatolá de Irán, no ha afirmado explícitamente que derrocarlos sea un objetivo de la guerra. En cuanto a Trump, este ha alentado un levantamiento popular, pero también ha mostrado interés en llegar a un acuerdo con funcionarios del actual gobierno iraní.
John Bolton, asesor de seguridad nacional en el primer mandato de Trump, quien promueve el uso de la fuerza militar para asegurar la hegemonía estadounidense, dijo que el gobierno debía comprometerse con el cambio de régimen.
“En cuanto a la determinación de Trump, está claro que está actuando día a día, lo cual no es forma de maximizar la presión sobre el régimen ni de ayudar a la oposición”, dijo Bolton, quien también fue embajador ante las Naciones Unidas del presidente George W. Bush.
Algunos conservadores que se oponen a la guerra sospechan que Rubio ha conducido a Trump por el camino del derramamiento de sangre o que ha hecho poco para evitar que el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu condujera al presidente hacia allí. Pero Carlos Trujillo, un político cubanoestadounidense de Miami que fue embajador ante la Organización de Estados Americanos en el primer gobierno de Trump, dijo que eso era demasiado simplista.
Tanto Trump como Rubio están actuando contra naciones que amenazan la seguridad de los estadounidenses, dijo. “No se trata de un cambio de régimen por el cambio de régimen, ni de un cambio de régimen por la democracia”.
Trujillo dijo que esperaba que el gobierno adoptara un enfoque gradual para transformar Cuba y Venezuela.
“Será una transición de vuelta al libre mercado, dentro de lo razonable, y una transición de vuelta a una democracia representativa”, dijo. “Se acaba con la oligarquía. Abres los mercados, permites la inversión extranjera directa, respetas el Estado de derecho y transitas hacia unas elecciones reconocidas”.
Cuba y Venezuela representan situaciones de alto riesgo para el gobierno. Pero es la guerra de Irán lo que podría decidir la presidencia de Trump y el futuro político de Rubio, ya que se enfrentan a una pregunta que ha inquietado a muchos gobiernos estadounidenses desde la Segunda Guerra Mundial: ¿puede una nación remodelar a otra u obligarla a someterse mediante una implacable campaña de bombardeos?
“Sería fantástico que, mediante ataques aéreos precisos y a distancia, pudiéramos transformar radicalmente la política de otros países”, dijo Justin Logan, director de estudios de defensa y política exterior del Instituto Cato, que aboga por la moderación militar. “Pero no podemos. Hay una cierta obstinación estadounidense en este punto, y seguimos aprendiendo estas lecciones una y otra vez”. c. 2026 The New York Times Company.
Por Edward Wong y Michael Crowley, The New York Times.