¿Victoria legendaria?... Trump celebra pérdida del 55% del territorio, pero 25 millones de personas de origen mexicano viven ahí
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Analizamos el polémico discurso de Donald Trump sobre el Tratado de Guadalupe Hidalgo y la realidad demográfica que contradice su “victoria legendaria”
En un giro narrativo que parece sacado de un manual de revisionismo nacionalista, el presidente Donald Trump ha vuelto a encender la mecha de la discordia histórica. Al calificar como una “victoria legendaria” la anexión forzada del 55% del territorio mexicano en 1848, Donald Trump no solo apela a la nostalgia del Destino Manifiesto, sino que intenta blindar sus políticas de seguridad fronteriza bajo un manto de gloria militar. Sin embargo, detrás del podio y los eslóganes, los datos cuentan una historia de resistencia demográfica que ningún muro ha podido contener.
El uso político del Tratado de Guadalupe Hidalgo no es nuevo, pero la vehemencia con la que se exalta la pérdida de más de dos millones de kilómetros cuadrados resulta anacrónica. Mientras el republicano justifica su postura contra la migración irregular basándose en un triunfo del siglo XIX, ignora que la geografía política rara vez coincide con la geografía humana. Para Trump, la frontera es una línea de fuego; para millones, es una cicatriz sobre una región que nunca dejó de ser, en esencia, mexicana.
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Esta retórica busca galvanizar a su base electoral mediante un nacionalismo que ignora la interdependencia moderna. Al exaltar una guerra que mutiló a una nación vecina, se olvida que los procesos históricos son cíclicos. La ironía reside en que, casi dos siglos después de la firma de aquel tratado, el territorio “conquistado” experimenta una reconquista cultural y demográfica que desafía cualquier narrativa de derrota absoluta para México.
LA RECONQUISTA DEMOGRÁFICA EN CIFRAS
El discurso de la “victoria legendaria” de Trump choca frontalmente con la realidad del Censo de los Estados Unidos. En el territorio que México cedió en 1848, no solo viven mexicanos; viven las comunidades que sostienen la economía de la región.
Se estima que en los estados de California, Texas, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah y partes de Colorado y Wyoming, habitan más de 25 millones de personas de origen mexicano.
Para ponerlo en perspectiva, solo en California y Texas reside el 58% de todos los inmigrantes mexicanos que viven en EU. Esta concentración no es una coincidencia, sino la permanencia de una raíz que nunca fue arrancada. En ciudades como El Paso, Laredo o San Antonio, la población de origen mexicano supera el 60%, convirtiendo estas urbes en espejos culturales del México moderno, donde el español y el biculturalismo son la norma, no la excepción.
Más allá de la nostalgia, el peso es económico. Los mexicanos en estos estados fronterizos aportan miles de millones de dólares en impuestos federales y locales. Si este territorio —que Trump llama “ganado”— fuera una nación independiente impulsada solo por su población de origen mexicano, su PIB estaría entre los más grandes del mundo, superando a varios países desarrollados de Europa.
RESISTENCIA CULTURAL: MÁS ALLÁ DE LOS MAPAS POLÍTICOS
El error de cálculo en el discurso de Trump radica en confundir la soberanía territorial con el control social. Aunque las banderas cambiaron en 1848, la esencia de la tierra permaneció. Hoy, la gastronomía, la música y las tradiciones mexicanas son parte del patrimonio cultural de ciudades como Los Ángeles, Phoenix o San Antonio. Esta presencia es la prueba viviente de que las fronteras son construcciones fluidas, incapaces de detener la inercia de un pueblo.
La narrativa de la “victoria” se desmorona cuando se observa que la integración mexicana en EU ha creado una nueva clase política y social. Los descendientes de quienes “se quedaron del otro lado” sin moverse de su casa, junto con las nuevas oleadas de inmigrantes, están recuperando espacios de decisión.
La seguridad nacional que pregona Trump se enfrenta a una realidad donde el “enemigo” que intenta excluir es, en realidad, el vecino, el contribuyente y el ciudadano que sostiene el sistema.
Finalmente, este uso del aniversario del tratado como herramienta de campaña es un recordatorio de que la historia sigue viva. No es un capítulo cerrado, sino un proceso en constante evolución. Mientras Trump busca aplausos exaltando una herida histórica, la comunidad mexicana en Estados Unidos responde con trabajo, cultura y una presencia demográfica que deja claro que, en términos reales, el territorio nunca se perdió del todo.
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DATOS CURIOSOS
· California: Es el estado con más mexicanos en el mundo fuera de México (más de 12 millones).
· Texas: Los latinos (mayoría mexicana) ya superan en número a los blancos no hispanos.
· Nuevo México: Casi el 50% de su población total es hispana, con raíces que datan de antes de la frontera.
· Fuerza laboral: 1 de cada 4 trabajadores en la construcción y servicios en estos estados es de origen mexicano.
· Poder de voto: El electorado mexicano en el suroeste es el que decide las elecciones presidenciales en EU.