Nemesio ‘Mencho’ Oseguera: de agricultor a jefe de guerra

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México
/ 22 febrero 2026

El capo construyó uno de los aparatos criminales más agresivos de México y llevó al CJNG de grupo regional a una red con presencia en decenas de países

Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, construyó durante más de una década uno de los aparatos criminales más agresivos y expansivos de México.

Su trayectoria, marcada por el bajo perfil, la violencia estratégica y una estructura empresarial del narcotráfico, lo llevó a encabezar al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), organización que pasó de ser un grupo regional a una red con presencia en decenas de países.

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Su historia es la de un operador que durante años evadió a las autoridades federales hasta convertir la persecución en una guerra abierta.

Originario de Michoacán, Oseguera emigró joven a Estados Unidos, donde tuvo sus primeros contactos con el tráfico de drogas, y tras su deportación regresó al occidente de México y se integró a estructuras del narcotráfico vinculadas al Cártel del Milenio.

Con la fragmentación de esa organización, y tras la muerte de Ignacio “Nacho” Coronel , operador del Cártel de Sinaloa, Oseguera vio la oportunidad de consolidar su propio grupo armado.

Así nació el CJNG, que desde sus primeros años apostó por una estrategia distinta: expansión violenta, propaganda armada y control territorial rápido.

El ascenso fue vertiginoso, ya que entre 2011 y 2014, el CJNG pasó de ser una escisión regional a disputar rutas clave del Pacífico, del Bajío y del centro del País.

Su sello fue la militarización con convoyes con blindaje artesanal, células altamente móviles y uso intensivo de armamento de alto calibre.

Bajo el mando de Oseguera, la organización desarrolló también una estructura financiera y logística que le permitió diversificar negocios ilícitos, desde el tráfico de metanfetaminas y fentanilo hasta la extorsión y el control de puertos.

Uno de los momentos que definió su perfil ocurrió el 1 de mayo de 2015, durante el operativo federal en Villa Purificación, Jalisco, pues ese día, fuerzas federales intentaron capturarlo, pero la respuesta del CJNG fue inédita.

La organización desplegó narcobloqueos en varios municipios y, en una acción que marcó un antes y un después, derribó un helicóptero Cougar de la Fuerza Aérea Mexicana con armamento de alto poder.

El ataque dejó militares muertos y evidenció la capacidad de fuego del grupo, además de que Oseguera logró escapar, episodio que consolidó su reputación dentro y fuera del País.

A partir de entonces, el CJNG se posicionó como la organización criminal de crecimiento más rápido en México.

Informes de agencias estadounidenses lo ubicaron con presencia en más de 40 países y con una red de distribución particularmente fuerte de metanfetamina y fentanilo hacia Estados Unidos.

En varios momentos, analistas de seguridad consideraron que el CJNG había alcanzado un nivel operativo comparable, e incluso superior en expansión, al del Cártel de Sinaloa, dijeron fuentes de seguridad a REFORMA.

A diferencia de otros capos mediáticos, “El Mencho” mantuvo durante años un perfil extremadamente hermético, ya que no concedía entrevistas, evitaba apariciones públicas y delegaba vocerías a videos propagandísticos de su organización.

Esa discreción complicó su localización y mientras varios líderes históricos del narcotráfico mexicano fueron detenidos o abatidos, Oseguera logró mantenerse prófugo durante más de una década pese a ser uno de los hombres más buscados por México y Estados Unidos, que ofrecía una recompensa multimillonaria por información que llevara a su captura.

Su estrategia combinó movilidad constante, círculos de seguridad cerrados y refugio en zonas serranas de Jalisco, Michoacán y Colima.

Diversos operativos federales estuvieron cerca de ubicarlo, pero el líder del CJNG logró evadirlos, e incluso tras golpes relevantes contra la organización como detenciones de familiares y operadores financieros, el grupo mantuvo capacidad de fuego y expansión territorial.

Con el paso de los años, el CJNG dejó de ser sólo un cártel de drogas para convertirse en una estructura criminal multifuncional con control de economías locales en varias regiones del país.

Su presencia se extendió al robo de combustible, minería ilegal, cobro de piso y control de puertos estratégicos.

La organización también desarrolló una fuerte capacidad de reclutamiento, incluyendo células de élite y grupos de reacción inmediata que replicaban tácticas militares.

Sin embargo, el cerco institucional se fue cerrando, y los operativos de inteligencia, cooperación binacional y presión financiera golpearon progresivamente la estructura del CJNG.

Para entonces, Oseguera ya no era sólo un capo en fuga, era el símbolo de una organización que había decidido confrontar abiertamente al Estado.

Fuentes de seguridad sostienen que, en su última etapa, el líder criminal optó por resistir antes que rendirse, fiel a la lógica que había impuesto a su organización desde sus inicios: responder con fuego a cualquier intento de captura, y esa decisión marcó el desenlace de una trayectoria que durante años desafió a las autoridades.

La historia de “El Mencho” cierra el ciclo de uno de los jefes criminales más escurridizos de la era reciente.

Su legado, sin embargo, no se mide sólo por su caída, sino por la estructura que dejó detrás, un cártel con presencia internacional, alta capacidad de violencia y profundas raíces en economías ilícitas y territorios estratégicos de México, se alerta en informes militares.

El futuro inmediato del CJNG dependerá de su capacidad de recomposición interna, advirtieron, y, de entrada, de una pugna violenta.

“El Mencho”, quien resistió los mayores operativos del Estado convirtió la confrontación armada en su sello distintivo hasta el final.

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