Un barco con ayuda humanitaria zarpa hacia Cuba en medio del bloqueo de petróleo

Un barco con ayuda humanitaria zarpa hacia Cuba en medio del bloqueo de petróleo

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La flotilla ha movilizado a cientos de voluntarios de más de 30 países. Algunos exiliados cubanos lo ven con recelo

México
/ 21 marzo 2026
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CIUDAD DE MÉXICO- Un barco con ayuda salió el viernes de Progreso, un puerto mexicano en la península de Yucatán, cargado de suministros médicos, alimentos y paneles solares de camino a una Cuba necesitada de combustible y paralizada por una profunda crisis energética.

El envío es parte de un enorme esfuerzo internacional para entregar ayuda humanitaria por aire, tierra y mar a un país afectado por un bloqueo petrolero de facto que el gobierno de Donald Trump impuso desde enero, una medida que ha puesto a la isla al borde de un colapso económico.

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Antes de que el barco pesquero de 75 pies, bautizado como Granma 2.0, zarpara de México, decenas de voluntarios se reunieron en el muelle para llevar al barco cajas con medicinas, agua, arroz, frijoles, leche en polvo, comida enlatada, bicicletas y 73 paneles solares.

“La solidaridad no se bloquea”, dijo Thiago Ávila, brasileño de 39 años, uno de los 32 participantes que viajaron a México para embarcar en la nave. “Cuba necesita nuestra solidaridad”.

Entre los otros participantes se encuentran miembros del Parlamento Europeo, el líder sindical estadounidense Christian Smalls y una delegación de los Socialistas Democráticos de América, el grupo de izquierda que incluye al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.

Se espera que el barco llegue a La Habana tan pronto como el lunes, y que otras dos flotillas con destino a Cuba salgan de Isla Mujeres, también en México, el viernes más tarde. Uno de los líderes de la iniciativa, que ha recibido el beneplácito del gobierno cubano, organizó el año pasado una flotilla similar rumbo a Gaza, un esfuerzo frustrado por las fuerzas israelíes, que mantienen un bloqueo en la zona.

La salida de la flotilla sucede en un momento de desesperación para Cuba. El lunes, la red eléctrica nacional de la isla colapsó, lo que derivó en un apagón en todo el país, el tercer fallo de este tipo en cuatro meses. Los apagones se están convirtiendo en parte de la vida cotidiana. Los precios de la gasolina se han disparado. El transporte público es ahora un lujo. Se han pospuesto decenas de miles de operaciones quirúrgicas.

Los organizadores de la coalición,bautizada como Convoy Nuestra América, en referencia a un ensayo del pensador cubano José Martí en el que criticaba el expansionismo estadounidense, creen que los esfuerzos comunitarios pueden eludir los intentos de aislamiento de Washington.

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“¿Qué país, qué sociedad en cualquier parte del mundo podría sobrevivir uno, dos, y mucho menos tres meses sin acceso a combustible?”, dijo David Adler, uno de los principales organizadores y un coordinador de Progressive International, un movimiento que busca unir a diferentes sectores de la izquierda global. (Adler fue uno de los organizadores de la flotilla de Gaza). “No podemos dejar que esto pase sin control y sin respuesta”.

$!Personas cargan paquetes con ayuda humanitaria para un barco que zarpó hacia Cuba.

Esta semana, Trump intensificó su retórica contra Cuba. El presidente dijo a los periodistas que iba a “tomar Cuba” de alguna forma, y añadió: “Creo que puedo hacer lo que quiera con ella”.

La flotilla ha movilizado a cientos de voluntarios de más de 30 países. Algunos navegan con paneles solares y generadores. Otros han desembarcado en La Habana con maletas repletas de medicamentos o están llegando en vuelos chárter cargados de alimentos. En total, la misión espera entregar más de 20 toneladas de suministros.

El año pasado, Adler ayudó a coordinar la Flotilla Global Sumud para romper el bloqueo israelí a Gaza. Pero la flota fue interceptada por las fuerzas israelíes antes de que pudiera llegar a su destino. Cientos de participantes, entre ellos la activista sueca Greta Thunberg, fueron detenidos y trasladados a un complejo penitenciario donde, según afirmaron, fueron maltratados.

$!La delegación mexicana del convoy Nuestra América comenzó el envío de ayuda humanitaria hacia Cuba con la salida del buque desde Puerto Progreso, en Yucatán.

Aunque el gobierno de Trump renovó una orden de emergencia que autoriza a las autoridades estadounidenses interceptar, detener y confiscar embarcaciones que viajen a Cuba, la restricción solo se aplica a los barcos registrados en Estados Unidos. Otros países, entre ellos Brasil y México, han enviado con éxito grandes envíos humanitarios en las últimas semanas. Incluso Estados Unidos anunció 6 millones de dólares en ayuda el mes pasado.

Pero sigue sin estar claro si la Guardia Costera de Estados Unidos interceptaría y abordaría el Granma 2.0, que enarbola bandera mexicana y se espera que navegue por aguas mexicanas y cubanas. Sin embargo, a medida que ha crecido la repercusión de la misión, también lo han hecho las preguntas sobre su naturaleza política.

“Yo entiendo que los grupos internacionales quieran ayudar a Cuba”, dijo Norges Rodríguez, un ingeniero y periodista cubano que vive en Miami. Pero muchas personas se han sumado al movimiento, añadió, “con mucho desconocimiento realmente de la realidad del país” o “sin escuchar realmente lo que tiene que decir el pueblo cubano sobre lo que está sufriendo”.

Adler, por ejemplo, afirmó que los suministros donados no se entregarán al Estado cubano. En su lugar, algunas delegaciones tienen previsto entregar la ayuda directamente a hospitales y clínicas, algo que los activistas europeos comenzaron a hacer esta semana.

Pero uno de los socios locales de la flotilla que facilita la logística y la distribución es el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Aunque los organizadores describen la institución como una organización independiente sin fines de lucro, informes desclasificados de la CIA la identifican como una cobertura de los servicios de inteligencia cubanos y una herramienta de propaganda estatal.

Para algunos cubanos exiliados, estas colaboraciones son un trago amargo. El gobierno de Cuba, afirman, es en parte responsable de muchas de las penurias que la gente común ha soportado durante décadas: desde una red eléctrica en ruinas y la escasez de alimentos hasta la represión de la disidencia.

“Estas organizaciones están yendo a sostener ese poder en vez de sumarse a la exigencia de los cubanos dentro y fuera de que acabe ese sistema”, dijo sobre la flotilla Salomé García, una activista cubana afincada en Miami que realiza un seguimiento de los presos políticos en la isla.

Las sospechas se avivaron aún más por la presencia de Mariela Castro, hija de Raúl Castro —el expresidente de Cuba, a quien todavía se considera la figura más poderosa de la isla— en el consejo asesor de Progressive International.

Adler no respondió a preguntas específicas sobre las críticas y mantuvo que el enfoque de la misión es humanitario.

“El propósito de nuestro convoy es sencillo”, dijo. “Recoger ayuda, llevarla a la isla y demostrar que la solidaridad internacional es lo suficientemente poderosa como para romper el bloqueo de Trump”.

El barco que zarpó el viernes, un camaronero anteriormente llamado Maguro, fue rebautizado simbólicamente en honor al Granma, el famoso yate utilizado en 1956 por Ernesto “Che” Guevara, Fidel y Raúl Castro, entre otros revolucionarios, para llegar a Cuba.

La partida del barco estaba prevista para el jueves, pero se retrasó porque los activistas tuvieron que pasar la noche tratando de conseguir las autorizaciones necesarias en México para zarpar y porque las autoridades portuarias inspeccionaron la embarcación, que inicialmente carecía de chalecos salvavidas y otras medidas de seguridad.

Los participantes que zarparon desde Progreso el viernes expresaron su confianza en que las organizaciones, los sindicatos y los funcionarios del gobierno distribuirían los bienes correctamente.

Aun así, algunos exiliados sienten una ironía lacerante. Mientras las delegaciones extranjeras eran recibidas en La Habana para reunirse allí el sábado, a muchos cubanos que viven en el extranjero se les niega el derecho a regresar a su patria.

“¿Por qué no permitir que los cubanos que nacieron allí entremos con ayuda humanitaria?”, dijo Rodríguez. “Yo tengo mi casa en Cuba, la casa en la que yo nací, y yo hace seis años que no voy a mi barrio. A mí me encantaría llegar con otros amigos con ayuda para entregarla directamente. Eso yo pienso que es también legítimo”. c. 2026 The New York Times Company.

Por Emiliano Rodríguez Mega y Paul Antoine Matos, The New York Times Company.

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