Para Trump, siempre es 2020

Para Trump, siempre es 2020

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El presidente de Estados Unidos insiste en reescribir gran parte de lo que ocurrió hace seis años, incluida la pandemia y las elecciones que perdió. Muchos votantes preferirían que se enfocara en 2026

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WASHINGTON- ¿En qué año estamos?

En los últimos días, el presidente Donald Trump ha estado viviendo en el 2020, pues ha afirmado que desafió a sus asesores para reabrir el país durante la pandemia de coronavirus, y dijo que uno de ellos, Anthony S. Fauci, era el que tenía todas las “ideas locas”.

Ha vuelto a su falsedad casi diaria de que ganó las elecciones de 2020 y que estas fueron amañadas, una creencia que sostiene una gran parte de su base política. Y, el viernes, dijo que sus partidarios que atacaron el Capitolio el 6 de enero de 2021 simplemente estaban en un “viaje inocente”. Cuatro personas murieron ese día.

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Trump no es tanto un estudiante de la historia como un reescritor de la misma. En su segundo mandato, está tan decidido a vengar su derrota electoral y buscar represalias contra sus enemigos políticos que tiene a los estadounidenses mirando hacia atrás, cuando muchos han señalado que preferirían que explicara por qué el país está en guerra con Irán, o los ayudara a costear los alimentos ahora, en el año 2026.

Ni la caída de sus números en las encuestas ni las preocupaciones entre los republicanos sobre las elecciones intermedias parecen modular su insistencia en repasar gran parte de lo que ocurrió hace seis años.

“No creo que su ego le permita aceptar el hecho de que alguien que él percibe tan débil como Joe Biden haya sido capaz de derrotarlo”, dijo Sarah Matthews, quien fue subsecretaria de prensa en el primer gobierno de Trump y renunció en medio de los ataques del 6 de enero.

“Fui testigo de primera mano de que tenía asesores que le decían que había perdido y que no había evidencia de fraude”, dijo Matthews. “Dejó de escuchar a esas personas y empezó a rodearse de facilitadores y teóricos de la conspiración”.

$!Partidarios de Trump participan en un mitin el miércoles 6 de enero de 2021 en Washington.

Seis años después, dijo que los estadounidenses todavía están viviendo con las consecuencias, “en el sentido de que no se está enfocando en las cosas en las que se enfoca la mayoría de los estadounidenses”.

En un comunicado, Abigail Jackson, una portavoz de la Casa Blanca, sugirió que la fijación de Trump con las elecciones de 2020 era parte de un esfuerzo para aprobar la ley SAVE America (Salvaguarda de la elegibilidad de los votantes estadounidenses, por su sigla en inglés), que requeriría que los votantes prueben su ciudadanía para registrarse, prohibiría las identificaciones sin foto en los lugares de votación y restringiría severamente el voto por correo. Los demócratas han argumentado que la legislación haría más difícil que los votantes elegibles lleguen a las urnas.

“El presidente sabe qué tan crucial es este tema para el pueblo estadounidense, y no dejará de luchar hasta que se apruebe, pero puede caminar y mascar chicle al mismo tiempo”, dijo. “El gobierno de Trump continúa reduciendo los precios de los medicamentos, restaurando empleos estadounidenses, recuperando el estándar de oro en la ciencia y más”.

La semana pasada, los republicanos del Senado se unieron a Trump de vuelta en 2020. Los republicanos recordaron un trauma nacional colectivo mucho más complicado de cómo lo presentaron: hicieron alarde de las entradas del diario de Fauci, recuperadas de un servidor del gobierno y compartidas con el público gracias al secretario de Salud de Trump, Robert F. Kennedy Jr. En ellas, Fauci escribió sobre toda la atención que recibió de celebridades como Julia Roberts y Barbra Streisand.

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Fauci invocó la Quinta Enmienda más de 100 veces el miércoles durante una audiencia ante el Comité de Seguridad Nacional del Senado. Para muchos, esto fue una admisión tácita de culpabilidad por parte del hombre de 85 años, quien se retiró del servicio público en 2022. (Trump alegó la Quinta Enmienda cientos de veces durante un juicio por fraude en 2022, según documentos disponibles públicamente).

En sus diarios, Fauci detalló el deterioro de su relación con Trump a medida que discrepaban sobre los tratamientos experimentales para el virus, las directrices sobre las mascarillas, la disponibilidad de las pruebas y los cierres de las escuelas. Hubo tensión incluso desde enero de 2020, cuando el presidente minimizaba la propagación del misterioso virus.

“Tuve que responder que nos estamos tomando esto muy en serio y que los estadounidenses no deben asustarse ni preocuparse”, escribió Fauci sobre una aparición televisiva que hizo en ese momento. “Veamos si esto me enfrenta al presidente”.

Resulta que tenía razón en ser cauteloso: Trump ha metido a Fauci en el mismo saco con una larga lista de enemigos políticos que cree haber hecho durante el último año de su primer mandato.

Esa lista incluye a Joe Biden. El mes pasado, Trump se desvió del tema durante eventos que se suponía que tratarían sobre la capacidad nuclear y la manufactura estadounidenses y el medioambiente para insultar a su sucesor. También afirmó en las redes sociales que le había advertido a Biden sobre Fauci, a pesar del hecho de que Trump le otorgó al médico un reconocimiento presidencial por su trabajo para llevar una vacuna contra la covid al público.

$!Partidarios del presidente Donald Trump trepan por el muro oeste del Capitolio de Estados Unidos el miércoles 6 de enero de 2021 en Washington.

“Llamé a Biden para decirle que Fauci no era bueno, que o no tenía idea o era deshonesto. La llamada fue bien recibida, pero tristemente, no se actuó en consecuencia”, escribió Trump. “Él procedió a darle a Fauci un vasto poder destructivo”.

Dos personas directamente familiarizadas con las conversaciones de Biden con Trump, a quienes se les concedió el anonimato porque no querían entrar en un intercambio público de declaraciones con el presidente, dicen que esa llamada no ocurrió.

Un exfuncionario de alto rango del gobierno que formó parte del grupo de trabajo sobre el coronavirus de la Casa Blanca durante el primer mandato y a quien se le concedió el anonimato para evitar meterse en una disputa pública con antiguos colegas, recordó que Trump y sus asesores solían discrepar frecuentemente con Fauci en las reuniones en la Sala de Situación sobre el virus.

La respuesta recurrente de Fauci durante los momentos tensos era decir a los miembros de ese grupo que su trabajo era hacer recomendaciones basadas en la ciencia. El trabajo de los funcionarios de la Casa Blanca, decía, era sopesar esas recomendaciones frente al posible daño económico.

Las versiones de Trump han, como mínimo, despojado de matices a asuntos tan complejos como su manejo de un brote viral que mataría a más de un millón de personas. En la versión de los hechos de Trump, solo hay buenos y malos, héroes y villanos, con él o en su contra.

Thomas B. Pepinsky, politólogo y coautor de Pandemic Politics: The Deadly Toll of Partisanship in the Age of COVID, dijo que este enfoque binario fue evidente durante la pandemia y puede haberle costado a Trump las elecciones con las que no puede dejar de obsesionarse.

“El principal hallazgo fue que el gobierno de Trump interpretó la pandemia como una amenaza política”, dijo Pepinsky, quien enseña en Cornell, sobre su investigación. “Fue un error táctico. Podría haber sido reelegido si hubiera tratado la pandemia de manera diferente”.

Las afirmaciones constantes e incorrectas de Trump sobre los resultados de las elecciones de 2020 han tenido un costo para la democracia estadounidense. Una serie de encuestas ha revelado una creciente desconfianza en las instituciones gubernamentales y en la seguridad electoral, pero una división partidista sobre los motivos. Según una encuesta de Politico publicada en mayo, a la mayoría de los republicanos les preocupa que voten personas no elegibles, mientras que a la mayoría de los demócratas les preocupa la supresión de votantes.

Muchos estadounidenses siguen legítimamente enojados y molestos por lo que les ocurrió a ellos y a sus familias durante la pandemia. Y expertos como Pepinsky ven una oportunidad perdida para aprender de los errores cometidos en 2020.

Los estadounidenses enfrentan ahora un creciente brote de sarampión y temores sobre la contaminación del suministro de alimentos. Cuando se le consultó la semana pasada sobre un brote de ciclosporiasis, una enfermedad que causa diarrea y cuya propagación reciente se ha relacionado con lechuga iceberg contaminada, Trump restó importancia a las preocupaciones.

“No he pensado en ello”, dijo Trump, antes de bromear con el reportero que hizo la pregunta. “¿Has estado comiendo lechuga últimamente?”.

Las personas que saben cómo opera Trump creen que seguirá concentrado en los eventos de 2020, dada la principal lección que parece haber aprendido de ese periodo: los hechos no se han interpuesto en el camino de sus opiniones, y ha sido recompensado por ello.

“Si dice algo suficientes veces, tiene el megáfono más grande del mundo”, dijo Matthews. “Por supuesto, va a haber millones de estadounidenses que le van a creer y le tomarán la palabra, incluso si no tiene evidencia para respaldarlo”. c. 2026 The New York Times Company.

Por Katie Rogers, The New York Times.

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