A 250 años de David Hume
COMPARTIR
La lectura de Hume nos invita a ser analíticos sobre cada ámbito del pensamiento, así como a evitar universalizar nociones sociales como la justicia
“Sé un filósofo; mas nunca, con toda tu filosofía, dejes de ser un hombre”. Así inició David Hume su autobiografía, escrita en abril de 1776, a cuatro meses de su fallecimiento en agosto, pues ya presagiaba la proximidad de su deceso. Esta frase resume el carácter y el estilo filosófico de Hume: un bon vivant que disfrutaba de la buena comida y la bebida en ilustre compañía. El 25 de agosto se conmemoró su 250 aniversario luctuoso.
El pensador escocés fue un escéptico que criticó agudamente a la filosofía racionalista e idealista, a las que consideraba abstractas y alejadas del sentido común. Hume, en cambio, optó por un pensamiento afín a la experiencia humana, tanto en el lenguaje como en los conceptos y su aplicación. Su lectura es amena y demoledora, pues invita a reflexionar –e incluso deconstruir– conceptos como la causalidad, la moralidad y Dios.
En la Investigación sobre el conocimiento humano (1748) expone que hay dos tipos de filósofos: aquellos abstrusos que especulan interminablemente sobre la naturaleza humana y, por otro lado, los que desde el sentido común estudian los principios que mueven a las personas en su día a día. Su propósito fue aclarar las operaciones cognitivas a partir del sentido común, evitando cualquier abstracción metafísica.
Para Hume, todo el contenido mental se integra por percepciones, algunas más intensas, como las sensoriales –los olores, el dolor o las imágenes de la vista– o las emociones –el amor, la felicidad o la ira–, y otras más sutiles, como aquellas que nacen del recuerdo, la imaginación y las ideas o conceptos. Nada que el ser humano pueda experimentar o pensar está fuera de este marco.
Respecto a las operaciones mentales, explica que pueden ser de dos tipos: las relaciones de ideas y las relaciones de hechos. Las primeras son universales y demostrables lógicamente. Las segundas son propias de las matemáticas. Un ejemplo: “El cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos”.
Las relaciones de hechos son propias de la experiencia y son contingentes. Estas se aprenden por los sentidos y la observación empírica; no obstante, que un hecho haya sido conforme a nuestra vivencia no implica que así sea en todo tiempo y lugar. Este tipo de conocimiento no está sujeto al escrutinio lógico, pues uno puede imaginarse una luna azul o una luna roja sin que ninguna excluya la posibilidad de existencia de la otra. Sobre este punto, Hume es tan radical que incluso afirma que, aunque uno ha visto toda su vida el amanecer, es imposible asegurar que mañana saldrá el sol.
En esto radica su crítica al principio de causalidad: a partir de la experiencia y la concatenación de los hechos conocidos, es imposible determinar que así será siempre; únicamente podemos afirmar que es probable que así sea en el futuro.
De la distinción entre las relaciones de hecho y las relaciones de ideas surgirán las críticas más radicales de Hume: a Dios y al derecho natural (la noción de que existe la justicia universal previo a la ley escrita). Sus posturas al respecto le imposibilitaron ser catedrático, pues para cierto sector de la sociedad era un escéptico y ateo peligroso para la moral. Su obra fue censurada, ya que estaba incluida en el “Index Librorum Prohibitorum” (el Índice de Libros Prohibidos) de la Iglesia católica.
Sobre Dios, Hume afirmaba que es un concepto que resultaba de las reflexiones humanas sobre sus propias capacidades cognitivas, pero aumentadas infinitamente en positivo, es decir, la idea de un ser “infinitamente inteligente, sabio y bueno”.
Sobre el derecho natural argumentó que se trata de una confusión de ámbitos: por un lado, el ámbito del “ser” (los hechos) y por el otro, el “deber ser” (la justicia). Esta separación es un corolario de la división entre las relaciones de hecho y las relaciones de ideas, y Hume nos advierte –en lo que posteriormente se denominó como la falacia naturalista– sobre hacer inferencias de un ámbito sobre el otro y viceversa. Incluso, algunas de las peores atrocidades en la historia se han cometido apelando a una idea de justicia universal.
A 250 años de su fallecimiento, la lectura de Hume nos invita a ser analíticos sobre cada ámbito del pensamiento –el del ser y el deber ser–, así como a evitar universalizar nociones sociales como la justicia. En cambio, nos aconseja legislar y construir instituciones que observen las pasiones humanas y las costumbres locales y actuales.
X: @areopago480
Correo electrónico: areopago480@gmail.com