Alibombo Bombo Vera
Los números no mienten, aunque los párrocos sí. Según el Pew Research Center (enero 2026), el catolicismo en América Latina cayó del 69% en 2014 al 54% en 2024. En México, la cifra pasó del 81% al 72%.
Alibombo bombo vera, alibombo bombo va. Repitan conmigo, fieles del aerosol y la soldadura, mientras pegan otra calcomanía reflectante en el cofre del taxi, soldan otra silueta metálica en la esquina donde ayer mataron a alguien. Pinten con esténcil la misma imagen morena sobre el muro donde antes había un mural de Siqueiros. Alibombo bombo vera. El cántico perfecto para no pensar.
Nadie sabe exactamente cuándo comenzó esta fiebre de reproducción industrial de la Guadalupana en cada poste, puente peatonal, camellón y cada bache sin reparar. Ahí está. Metal cortado con plasma, aerosol fluorescente, mosaico veneciano, vinil autoadherible. La Virgen multiplicada como franquicia sin regalías.
Movimiento sin manifiesto, sin líder visible, sin programa, el pseudomovimiento perfecto, diseñado para llenar el espacio público con la ilusión de un resurgimiento católico en un país donde la fe se desangra por las estadísticas.
Los números no mienten, aunque los párrocos sí. Según el Pew Research Center (enero 2026), el catolicismo en América Latina cayó del 69% en 2014 al 54% en 2024. En México, la cifra pasó del 81% al 72%. Mientras tanto, los sin religión, ateos, agnósticos, los de nada en particular crecieron hasta representar el 15% de la población mexicana. El resurgimiento, pues, es de utilería. Escenografía de lámina y pintura Comex.
Carlos Monsiváis cronista, iconoclasta, cuidador de gatos olvidados lo dijo con la elegancia del bisturí. El guadalupanismo no fue aparición, fue imposición, laherramienta perfecta para someter intelectualmente a una nación incipiente, para darle al indio conquistado un espejo oscuro donde verse reflejado en sumisión voluntaria.
En su Nuevo catecismo para indios remisos (1982), Monsiváis diseccionó esa pedagogía del arrodillamiento disfrazada de milagro.
Pero si Monsiváis fue el escalpelo, el Abad Guillermo Schulenburg fue el terremoto. Durante treinta años (1963-1996) dirigió la Basílica de Guadalupe sí, la mismísima casa de la patrona y en 1996 declaró ante la revista Ixthus lo impronunciable.
Juan Diego es un símbolo, no una realidad. Su canonización, dijo, sería el reconocimiento de un culto, no el reconocimiento de la existencia física y real de una persona. El hombre encargado de custodiar el mito confesó, en voz alta, la ficción.
No fue el primero. En 1883, el historiador Joaquín García Icazbalceta, biógrafo del obispo Zumárraga aquel a quien supuestamente Juan Diego le mostró las rosas, concluyó en un informe confidencial: Juan Diego no existió. Los escritos de Zumárraga jamás lo mencionan. El registro de la investigación eclesiástica de 1556 lo omite. No aparece en documento alguno anterior al siglo XVII. La aparición del Tepeyac tiene la misma solidez documental de un corrido de narcotraficante. Buena narrativa, cero evidencia.
Alibombo bombo vera, repitan mientras ignoran esto. El catolicismo romano ni siquiera es la religión más nutrida del planeta, y su tendencia es descendente. Según datos del Pew Research Center (2025), la distribución religiosa mundial se configura así.
Cristianismo total: 2,268 millones (28.8%), de los cuales el catolicismo romano representa apenas 1,272 millones (15.5% de la población mundial).
Islam: 2,022 millones (25.6%) y creciendo al ritmo más acelerado del planeta, con 347 millones de nuevos adherentes entre 2010 y 2020. Hinduismo: 1,177 millones (14.9%). Sin afiliación religiosa: 1,908 millones (24.2%). Budismo: 624 millones (6.6%).
El catolicismo romano, ese por el cual nos piden llenar las calles de metal y aerosol, representa a uno de cada seis humanos. Ni mayoría, ni tendencia. Un club en contracción demográfica disfrazado de universalidad.
En Monterrey, esa ciudad donde el pragmatismo regiomontano supuestamente vence a la superstición, el gobernador Samuel García Sepúlveda y su esposa Mariana Rodríguez Cantú supervisaron la construcción del Puente de la Virgen sobre el Río Santa Catarina. Un puente peatonal con una imagen mariana incrustada, inaugurado con la pompa de quien corta listón en centro comercial. Tres mil personas diarias cruzarán, según las autoridades, bajo la mirada de la Guadalupana soldada en acero.
Nadie preguntó si los ateos, los protestantes, los musulmanes, los judíos, los wiccanos o los simples indiferentes de Nuevo León también pagarían con sus impuestos esa instalación religiosa en espacio público. Nadie preguntó porque preguntar es de herejes, y los herejes en este país terminan excomulgados.
Hablando de excomuniones: Miguel Hidalgo y Costilla, padre de la patria, fue excomulgado. José María Morelos y Pavón, siervo de la nación, fue excomulgado. Toda la generación independentista, esos sacerdotes rebeldes cuyas estatuas adornan cada plaza cívica recibió la condena eclesiástica por atreverse a liberar al pueblo del yugo colonial, ese mismo sostenido por la cruz y la espada.
La Iglesia católica mexicana, con la desfachatez del siglo XXI, ahora dice no murieron excomulgados porque se confesaron antes del fusilamiento. La lógica es exquisita. Te condeno, te persigo, te degradan, te fusilan, pero como murmuraste un acto de contrición con el capellán del pelotón, todo queda saldado. Así funciona la contabilidad celestial.
Ningún puente lleva el nombre de Hidalgo el excomulgado. Ninguna escultura de aerosol celebra a Morelos el hereje. El metal y la pintura son solo para la Virgen. Los libertadores siguen en el purgatorio cívico.
Benito Juárez, natural zapoteco, el abogado liberal, el presidente descalzo—entendió en 1859 lo evidente. La Iglesia tuviera poder político, México no sería nación sino parroquia. Las Leyes de Reforma separaron Iglesia y Estado. Expropiaron bienes eclesiásticos. Eliminaron fueros. Subordinaron la cruz al código civil. Fue, en palabras de la historiografía, la segunda independencia.
Esa separación duró 133 años. Hasta Carlos Salinas de Gortari Harvard, PRI, fraude electoral, hermano preso, exilio dorado, quien en 1992 restauró relaciones diplomáticas con sede y reformó la Constitución para devolver personalidad jurídica a la Iglesia católica. Lo hizo Salinas.
El mismo presidente bajo cuyo mandato el país se desangró en crisis económica, el mismo cuyo hermano Raúl acumuló cuentas en Suiza. La modernización salinista incluyó, entre sus regalos, devolverle al Vaticano su asiento en la mesa mexicana.
Si los puentes son altares y las esquinas son capillas, entonces preguntemos con toda la seriedad del caso ¿cuándo se instala la efigie de Baphomet?
Para escándalo de los ignorantes y deleite de los lectores aparece en la genealogía bíblica, en la Torah, en textos apócrifos. Es arcángel en tradiciones gnósticas. Tiene más documentación histórica verificable como figura teológica de lo cual Juan Diego jamás gozó como figura histórica. Si el criterio es la fe, Baphomet tiene sus fieles. Los Caballeros Templarios lo invocaban antes de la Inquisición los quemara. Si el criterio es el espacio público para todos, entonces todos significa todos. ¿O acaso la libertad religiosa es solo para los del aerosol guadalupano?
Ghost, la banda sueca del anti-papa, del Grammy por “Cirice” (2016), del álbum Skeletá número uno en Billboard 2025 lo canta mejor en Year Zero. Belial, Behemoth, Beelzebub, Asmodeus, Satanas, Lucifer. Hell Satan, Archangelo / Hell Satan, welcome Year Zero.
Tobias Forge, su líder, entiende algo fundamental. La liturgia es estética, el ritual es teatro, la fe es performance. Ghost invierte el catecismo usa el lenguaje devoto reservado para Dios y lo aplica a Satán en lo académicamente llamado satanificación de la doctrina cristiana. Es espejo. Es parodia. Es la misma operación del guadalupanismo pero sin hipocresía: al menos Ghost admite estar haciendo espectáculo.
México, alibombo bombo vera. La canción sin autor, el jingle del sometimiento, la melodía para no despertar.
Llenar las calles de vírgenes metálicas no es resurgimiento espiritual. Es mercadotecnia del control social. La misma operación colonial del siglo XVI con materiales del siglo XXI. Antes fue el óleo sobre la tilma, ahora es el esténcil sobre el concreto. El mecanismo no ha cambiado. Darle al pueblo una imagen para adorar mientras le vacían los bolsillos, le niegan educación, le cancelan el pensamiento crítico.
El Abad Schulenburg lo sabía. Monsiváis lo escribió. García Icazbalceta lo documentó en 1883. Juárez lo legisló. Y Salinas lo deshizo con un telefonazo al Vaticano.
Alibombo bombo vera, alibombo bombo va. Sigan repitiendo. Sigan soldando. Sigan pintando. Mientras tanto, Hidalgo sigue excomulgado en los libros viejos, el Islam crece más rápido en el mundo entero, la Iglesia pierde feligreses como agua entre las manos, y en Monterrey una virgen de acero vigila un río seco donde antes había agua y ahora solo hay fe de utilería.
El Estado es laico. Dice la Constitución. Dice el papel. El aerosol dice otra cosa. Alibombo bombo vera.