Américo y Durazo, ¿lo que sigue son las acusaciones?
COMPARTIR
Aunque su destino es aún incierto, las similitudes con el caso Rocha Moya y la creciente tensión con EU hacen prever que los gobernadores sufrirán la misma suerte que e sinaloense
Todo mundo lo decía desde hace semanas: era sólo cuestión de tiempo para que el Gobierno de Estados Unidos sumara a otros gobernadores mexicanos –surgidos de Morena– a la lista de “narcofuncionarios” a los que investiga por nexos con el crimen organizado. Ayer se confirmó la especie, exactamente por la misma vía que en el primer caso: una “filtración” al diario californiano Los Angeles Times.
La similitud entre el caso del hoy gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y el escándalo desatado ayer por los señalamientos en contra de Américo Villarreal, mandatario de Tamaulipas, y Alfonso Durazo, gobernador de Sonora, resulta imposible de ignorar.
Y es que en el caso del sinaloense, la bola que terminó por obligarle a solicitar licencia comenzó a cobrar velocidad de la misma forma: el 26 de abril, Los Angeles Times publicó un reportaje en el cual reveló que el gobierno de Estados Unidos había revocado la visa a Rocha Moya y que lo investigaba por presuntos nexos con el narcotráfico.
Al día siguiente, cuando medios nacionales retomaron la versión del rotativo estadounidense, el escándalo estalló en México y Rocha Moya se apresuró a “aclarar” que todo era un infundio, que no le habían revocado la visa para ingresar a Estados Unidos y que “no pasaría nada”.
Pero tan sólo dos días después, el 29 de abril, el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló el que es, al día de hoy, el más grande escándalo de corrupción en la historia moderna del país: Rocha Moya y otros nueve políticos sinaloenses, entre ellos personas que formaron parte de su gabinete, así como un senador y el alcalde de Culiacán, estaban indiciados por delitos relacionados con el narcotráfico en una corte del vecino país.
La reacción inmediata del partido en el poder fue afirmar que no había pruebas, que se trataba de un intento por intervenir ilegalmente en los asuntos nacionales y, a partir de ello, cerrar filas en torno a su correligionario. Pero tal “resistencia” sólo duró un par de días, pues Rocha Moya se vio obligado a solicitar licencia a su cargo.
Hoy, tras la “filtración” publicada por Los Angeles Times, Américo Villarreal y Alfonso Durazo han negado “categóricamente” los señalamientos y asegurado, casi palabra por palabra, lo que en su momento dijo su colega sinaloense.
Nadie puede afirmar, en este momento, que los dos señalados hoy seguirán la misma suerte que Rocha Moya, pero las similitudes entre los casos y la tensión creciente en las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos invitan a considerar seriamente tal posibilidad.
En todo caso, sin duda es sólo cuestión de tiempo para que la historia en torno a los nuevos señalados, si bien todavía no de manera formal, tenga un desenlace que amenaza con convertir las relaciones entre México y Estados Unidos en un polvorín.
Nadie saldrá bien librado de ello.