Aprender a las malas

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Opinión
/ 22 abril 2026

La lucha contra el crimen y la relación con EU requerían activar a la UIF en su sentido originario: combatir las finanzas del crimen

Quizá con el tiempo se conozca qué pasó por la mente de la presidenta Sheinbaum cuando decidió presentar la propuesta de reforma política para hacer de Morena el partido hegemónico. Escogió al coordinador adecuado para tal cometido: Pablo Gómez. Logró, además, quitarlo de la UIF, que se había corrompido desde el inicio del gobierno de López Obrador para volverla una instancia de control y persecución política. La lucha contra el crimen y la relación con EU requerían activar a la UIF en su sentido originario: combatir las finanzas del crimen.

Se trataba de una reforma imposible. Cambiar la integración de las Cámaras para la sobrerrepresentación de la minoría mayor suponía un cambio constitucional, esto es, aprobación con voto calificado. Implicaba que el PVEM y el PT decidieran suicidarse para abrir espacio a la fantasía autoritaria del partido histórico, representante único de la Nación. El rechazo a la reforma no fue por mala operación política, como se ha dicho; se trataba de un cambio intransitable.

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El error vino de López Obrador y su sucesora. Tiene que ver con la idea de que PT y PVEM comprometen la pureza del proyecto, como si Morena fuera un portento de ética. No se puede ignorar el financiamiento de campañas proveniente del contrabando de combustible, tampoco los numerosos alcaldes y gobernadores morenistas coludidos con el crimen organizado. Por otra parte, consideran que los socios no son requeridos para ganar elecciones, una vez que se cambien las reglas de integración de los órganos colegiados.

PT y PVEM han sido leales a la causa obradorista, presentes en la aprobación de las numerosas reformas legales y constitucionales, muchas de ellas polémicas, otras contrarias al interés del país. Sin embargo, la amenaza a su existencia marca, más que una ruptura, la pérdida de confianza. La reforma frustrada deja registro del desprecio presidencial hacia ellos. La presidenta Sheinbaum, Pablo Gómez ni Luisa María Alcalde anticiparon las consecuencias, especialmente al momento de seleccionar candidatos.

Ariadna Montiel y Citlalli Hernández en Morena tienen que ver con eso. Alcalde y López Beltrán complicaban los acuerdos para los comicios. El PVEM ha sido explícito en lo irreductible de su postura. En San Luis Potosí presentará a Ruth González, senadora y esposa del actual gobernador, como candidata. En Ciudad de México, Jesús Sesma, dirigente, ha amagado con ir solos a la contienda. La separación remite, sobre todo, a las elecciones locales; hay disposición para acordar una coalición en la elección de diputados, indispensable para lograr la mayoría absoluta y, eventualmente, la calificada, aunque es difícil.

No deja de ser una paradoja que el PVEM cada vez sea más independiente del gobierno y Movimiento Ciudadano cada vez más próximo. Tiene que ver con el reparto del poder local. Dante Delgado, dirigente de facto del partido, es de la idea de ser la oposición de la oposición. Bajo esa tesis, se pretende continuar por la senda del colaboracionismo emecista de Nuevo León y, así, que Morena facilite el triunfo de la candidata de MC, Mariana Rodríguez, esposa del gobernador Samuel García.

El PVEM, más que el PT, está en condiciones de disputarle a Morena candidaturas y territorios; sin embargo, el PT podría postular candidatos competitivos que no sean favorecidos por Morena. Es el caso del senador Saúl Monreal en Zacatecas y de Félix Salgado Macedonio en Guerrero, a quienes la normatividad en materia de nepotismo les impide ser postulados. El enfrentamiento del PT con el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, no tiene precedente, pero no queda claro que quiera enfrentar la furia presidencial por postular candidatos inviables en Morena.

La cúpula y los intelectuales orgánicos del obradorismo están aprendiendo a respetar por las malas. No entienden los términos de la relación en una coalición. Pensaron todo en términos de subordinación y sometimiento. No había necesidad de enseñarles los dientes y amenazar su futuro. Ahora hay que pagar los platos rotos y, si esto es crítico para 2027, López Obrador y Sheinbaum deberán prepararse para 2030, cuando Morena, más que nunca, requerirá de sus aliados. Morena en 2024 llegó a su momento cúspide; no lo entendieron y ahora viene la caída, manifiesta en 2025, a repetirse en Coahuila en los próximos comicios y en 2027, en elecciones en el marco de la división, la interferencia del crimen y la inestabilidad económica. Aunque para ese entonces posiblemente Donald Trump ya no represente mayor amenaza, difícil será la encomienda para Ariadna Montiel y Citlalli Hernández.

Licenciado en Derecho Facultad de Jurisprudencia UAC. Maestría y Estudios de Doctorado en Gobierno por la Universidad de Essex, Inglaterra.

Ha sido Catedrático en el ITAM; en el ITESM; en el CIDE; y en la Universidad Anáhuac.

En 1997 a 2000 titular de la Asesoría Política en la Presidencia del doctor Ernesto Zedillo.

Desde 2005 director general del Gabinete de Comunicación Estratégica

Columnista Juego de Espejos en Milenio Diario, Bloomberg-El Financiero y en SDP Noticias, Código Libre y en la Revista Peninsular. Coautor de varios textos en materia electoral y estudios históricos.

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