Artistas endemoniadamente necias: maternar y crear es posible, aunque muy muy muy difícil
COMPARTIR
“La maternidad será deseada o no será”. Esa es una frase que cualquier feminista que se precie de serlo ha escuchado. No creo, por cierto, que podamos negar que afirmar esto es sensato. Por el bien de la madre y el hijo, la mujer tiene que haber aceptado ese papel.
Claro, el consentimiento existe por encima de todo, y más allá del consentimiento, está el hecho de que una vez que estás ahí, te das cuenta de que maternar es tremendamente difícil. Es difícil cuando es deseado y debe ser un infierno cuando no.
A nadie que yo conozca lo han obligado a ser artista. Ser artista es uno de esos caminos profesionales que la familia prefiere que un hijo no escoja, a no ser como pasatiempo. Para ser artista también se necesita quererlo, porque la decisión se tiene que defender neciamente todo el tiempo. Ser artista, especialmente “teatrero”, también es tremendamente difícil porque requiere mucho entrenamiento y más veces de las que no, se tiene poco apoyo.
Entonces percibimos que existe un tipo de mujer endemoniadamente necia. Esa que combina ambos factores. Para ser mujer, madre y creadora escénica, todo al mismo tiempo, se necesita ser doblemente insistente porque los obstáculos vienen de ambos lados.
La sociedad en general cuestionará el por qué esa madre no pone más atención a su hijo: ¡Que irresponsabilidad dejar al niño para ensayar, para estudiar, para ir a ver alguna cosa que se disfrute en vez de cambiar pañales! Pero créanlo, la primera que se azota con la idea de “abandonar” al hijo que tanto ama es ella misma; la idea de “ser mala madre” siempre está rondando por su cabeza. Y sin embargo, la vocación teatral es tan fuerte como la de madre, así que uno se las ingenia para “escaparse de vez en cuando”.
El círculo artístico, por otro lado, cuestionará su compromiso con lo que antes hacía con tanta diligencia. Porque hay cursos que no se pueden tomar, porque hay ensayos de los que hay que salirse temprano, porque hay proyectos que hay que postergar. Sí, se sigue siendo artista y hay un compromiso con lo que se hace, pero la mayoría de las veces no hay una vida dependiendo de un proyecto como sí hay un ser pequeñito que depende de nosotras.
Se decide ser madre, pero con frecuencia no se piensa lo que va a costar seguir siendo artista, o lo que va a doler si por un tiempo se deja de serlo. Tampoco se habla lo suficiente de la falta de oportunidades; porque no todas las compañías te van a aceptar (y no es su obligación aceptarlo) tus horarios que dependen de los de tus hijos, tus ausencias de emergencia, tus olvidos porque la carga mental ya no te deja dar más, el que lleves al niño cuando nadie puede cuidarlo.
Hoy en día veo un auge de mamás de las artes escénicas abriendo compañías propias, seguramente antes no lo había notado porque no era mi situación, pero ahora me queda claro que cuando lo hacen es porque no queda de otra: si los espacios no existen, hay que crearlos. Porque no se puede crear desde la culpa de creer que se está atrasando un proyecto o abandonando un hijo.
Los espacios del teatro y arte en general en los que la presencia de un bebé o un niño pequeño es aceptable son mínimos. No solo se deja de ser creadora, se deja de ser espectadora, porque el miedo a un bebé llorón es demasiado. Y por supuesto que un bebé o un niño pequeño va a llorar si lo que ve no le habla en su idioma, pero eso no quiere decir que las primeras infancias sean incapaces de apreciar un acto poético.
Los espacios para maternar y ser artista son tan pocos que con frecuencia ni te enteras de que una artista es madre, porque es como si fuera una dimensión distinta que es necesario ocultar. Me duele haber sido alguna vez parte del sistema que perpetúa esto. Hoy, tengo respeto infinito hacia esas mujeres necias que insisten en seguir creando desde y con su condición de madres; un respeto profundo hacia esas mujeres fuertes que se las arreglan para salir rendidas de un ensayo y seguir siendo ese refugio seguro. Felicidades a las mamás, sobretodo a las que insisten en no dejar de crear desde su trinchera.
*Artículo escrito en un celular, usando una sola mano, mientras un pequeño artista en potencia duerme la siesta.