Block de Notas 112: Literatura y el derecho
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No pocas veces, el estudio sistemático y dilatado del derecho y las leyes, las cuales nos rigen y rodean, ha sido fundamental para entender la problemática de las sociedades
“Hay instituciones que enseñan derecho y otras que transforman generaciones”. Así de matón, con una economía de palabras dignas de elogio, inició su pieza de oratoria en la Ciudad de México, en la Sala y Auditorio “Vicente Lombardo Toledano” de la CTM nacional, el doctor Alfonso Yáñez Arreola, quien fue a presentar su libro: “De la Tradición a la Innovación: Crónica de un Cambio en la Facultad de Jurisprudencia”. Es decir, justo los seis años los cuales va a cumplir al frente de este plantel, el cual fue fundado en 1943 como “Escuela de Derecho”. No poca cosa.
Fue el pasado 12 de agosto al mediodía, en la sede central de la Confederación de Trabajadores de México (CTM, con poco más de seis millones de seres humanos, trabajadores todos bajo su protección y amparo), cuando se presentó a nivel nacional dicho libro: una crónica de un trabajo innovador y lleno de retos en materia educativa, de formación y, claro, bajo el palio de la ley, el derecho.
La relación entre literatos y abogados es larga y duradera; un matrimonio afortunado entre la literatura y el derecho, o el derecho y la literatura, por lo cual nadie se debe sentir agraviado. Dicho vínculo feliz es de larga historia.
No pocas veces, el estudio sistemático y dilatado del derecho y las leyes, las cuales nos rigen y rodean, ha sido fundamental para entender la problemática de las sociedades para los escritores, los cuales se dedicaron a las letras o, bien, terminaron su carrera jurídica a la par de arrastrar pluma y lápiz sobre papel blanco.
León Tolstói (Lev Tolstói), el genial escritor ruso, estudió tres años Derecho en la Universidad de Kazán. Tal vez se perdió un mal abogado, pero se ganó un genio de las letras universales. Usted lo sabe, Gabriel García Márquez, Nobel de Literatura él y muy amado en todo el mundo, cursó tres años de la carrera de Derecho. La abandonó, como Tolstói, para dedicarse al periodismo y a las letras, igual que el genio Gustave Flaubert. El francés Julio Verne y, claro, cómo no recordar a Carlos Fuentes.
El consorcio entre abogados y literatos no es gratuito y sí emblemático. Y harto simbólico. Lo anterior sirve de base y pie para afirmar lo siguiente: amén de su tema jurídico y de ofrecer la crónica (tiempo) de sus seis años al frente de la Facultad de Jurisprudencia, Alfonso Yáñez Arreola lo hace con soltura, buena letra y estilo literario. No poca cosa, cuando sabemos que los abogados tienen oído de artilleros, son áridos como ellos solos y no ofrecen mayor entusiasmo ni en sus documentos ni en sus ponencias ni charlas. No es el caso hoy, y uno lo agradece.
El 12 de agosto a las 12:00 horas en la sala mayor de la CTM en la Ciudad de México. ¿Sabe usted quién presentó el libro de Yáñez Arreola? Puros ases: el doctor Máximo Carvajal Contreras, presidente de la Asociación Nacional de Facultades, Escuelas, Departamentos de Derecho e Institutos de Investigación Jurídica (ANFADE); el doctor Carlos Hugo Morales, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la más grande de América Latina; y el maestro Rafael Medina Portugal, rector de la Universidad Laboral de México 4.0 (UNILAM).
ESQUINA-BAJAN
Usted lo sabe, Gustave Flaubert abandonó la carrera de Derecho cuando sus nervios colapsaron y, debido al resquebrajamiento de su salud, dejó los estudios formales y estiró la pluma y el lápiz en sus cuadernos. Pero, sin la carrera de Derecho trunca, jamás hubiese conocido a dos seres humanos fundamentales en su vida: Víctor Hugo y su musa inspiradora de la vida toda, Louise Colet. Otro Nobel, peruano y español él, Mario Vargas Llosa, estudió Derecho y Letras en la Universidad Mayor de San Marcos en Perú. Y lo anterior fue decisivo en su portentosa novela: “Conversación en la Catedral”.
“De la Tradición a la Innovación: Crónica de un Cambio en la Facultad de Jurisprudencia” es un libro de poco más de 210 páginas. Se deja leer con premura y logro. La obra recibió encendidos elogios de los maestros antes mencionados. Pero sin duda, quien realizó un magnífico comentario, recopilación de ideas y glosa del texto fue el coahuilense –para fortuna nuestra– y máximo líder de la CTM, Tereso Medina. Quien, amén de lo anterior, dispuso un auditorio y presentación en las multiplataformas hoy de moda.
Claro, usted lo sabe, Franz Kafka, el genial Kafka, estudió y terminó su doctorado en Derecho y ejerció como tal hasta su muerte. Pero su vida, un tanto secreta, digamos, fue lo que lo llevó a la inmortalidad: sus cuentos y novelas. Avanzamos: el libro de Yáñez Arreola recoge palabras, estampas, glosas de sus alumnos y personal académico. Uno de ellos, quien no obstante su juventud, ya es un abogado brillante, Héctor Alexis León (mejor conocido por todo mundo como “Dixon”), en su breve pero sustancioso texto habla de cómo la Facultad, bajo la égida del doctor Alfonso, encontró y logró “rumbo y solidez”. Bien.
Un punto importante: Alfonso Yáñez Arreola no fue a conquistar la Ciudad de México bajo su nombre, no; fue y habló de su Facultad como un ente vivo de la Universidad Autónoma de Coahuila. La UAdeC: un monstruo dormido, el cual necesita guía y dirección. Dinamismo, inteligencia e ideas. Sí, pasar de la tradición a la innovación.
LETRAS MINÚSCULAS
Cosa curiosa (¿envidia, recelo, negligencia? ¿O todo junto?): El rector de la alicaída UAdeC, el infante Octavio Pimentel, no fue. Y ni lo ha felicitado. Fin.