Claudia Sheinbaum: el balance del primer tercio
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La presidenta Sheinbaum ha renovado el compromiso con los valores que enarbola su movimiento. Ahora debe acompañar el discurso con acciones puntuales
“Tenemos la responsabilidad histórica de garantizar el camino de la honradez y un Gobierno que esté al servicio de nuestro pueblo. Precisamente porque somos leales a esos principios, podemos entregar buenas cuentas... no olvidemos nunca que la autoridad política y moral se escribe todos los días. Eso no se adquiere ni con todo el dinero del planeta, por ello, insistimos en que sólo con honestidad se dan verdaderamente resultados, vamos mejor y tenemos rumbo, porque ese rumbo lo marca el pueblo, que es nuestro camino y es nuestro destino”.
Las frases anteriores forman parte del mensaje que la presidenta Claudia Sheinbaum pronunció ayer, ante miembros de su gabinete, mandatarios estatales, líderes parlamentarios, representantes del Poder Judicial y un selecto grupo de invitados, en Palacio Nacional, con motivo de la presentación de su Segundo Informe de Gobierno.
Las afirmaciones de la mandataria recogen bien el signo de los tiempos, marcado por la confluencia de múltiples tensiones, internas y externas, que han sometido a su gobierno, pero sobre todo a su partido, a un fuerte desgaste ante la opinión pública.
Hacer énfasis en la necesidad de ejercer el poder con honestidad es, en estos momentos, mucho más que una frase de ocasión. El partido en el poder está convocado a revertir, con hechos puntuales, los múltiples señalamientos que ubican a figuras prominentes del “movimiento” en circunstancias muy lejanas al discurso que enarbolan.
Los señalamientos no son triviales y tampoco son nuevos. Por ello, disipar las dudas que estos han venido sembrando en el ambiente requiere de mucho más que discursos. Necesita, sobre todo, de acciones desde las instituciones públicas para dejar claro que el Estado de Derecho sigue siendo hoy una característica real del servicio público.
Y es que no se trata de la suerte de un partido o de un movimiento, sino de la institucionalidad del país.
La honestidad, han dicho de forma permanente las figuras relevantes del morenismo, representa uno de los elementos que dan fuerza moral a su movimiento y los diferencia de los gobiernos del pasado, a los cuales responsabilizan de todos los males que aquejan al país.
El discurso, para desgracia colectiva, ha sufrido un desgaste muy fuerte en los últimos ocho años y por ello la renovación del compromiso con un conjunto de valores colectivos, realizada desde la máxima tribuna del país, debe traducirse en acciones que demuestren, en los hechos, la existencia del mismo.
El alejamiento de los valores democráticos no es nuevo en la vida pública de México, pero el movimiento que hoy encabeza la presidenta Sheinbaum ofreció justamente lo contrario: instaurar un gobierno que combatiera los peores defectos de nuestra vida pública.
Habrá que creerle a la Presidenta cuando expone su convicción personal en este sentido. Pero ahora debe pasar a respaldar dicha convicción con acciones incontrovertibles.