Personas desaparecidas: ¿a alguien le importan?
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En México llevamos un cuarto de siglo contabilizando víctimas de desaparición. El resultado de ello es la existencia de miles de casos que, todo indica, a nadie le importan
Una de las peores caras de la realidad cotidiana de México es la relativa a la tragedia continuada que viven miles de familias debido a que uno o varios de sus integrantes se encuentran en la categoría de persona desaparecida. Se trata de un aspecto de nuestra vida colectiva que no puede, ni debe, normalizarse nunca y al cual no debemos darle la espalda.
Todos, incluidos desde luego quienes no hemos sufrido la desgracia de padecer la desaparición de un integrante de nuestra familia, debemos empujar en la dirección de exigir de las autoridades un compromiso con la búsqueda de aquellos cuyo paradero se desconoce.
Porque la exigencia de verdad y justicia en torno a estos casos nos importa a todos y no solamente a quienes tienen la calidad legal de víctimas. El agravio cometido es una ofensa colectiva y por ello no podemos eliminar de nuestras preocupaciones esta realidad.
El señalamiento anterior es tanto más cierto cuando, como se consigna en el reporte que publicamos en esta edición, siete de cada 10 personas que han sido reportadas como desaparecidas en Coahuila, en el último cuarto de siglo, permanecen en dicha condición.
De acuerdo con datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), desde el año 2000 se han reportado al menos 5 mil 281 personas desaparecidas o no localizadas en nuestra entidad. De ese total, 3 mil 671 permanecen bajo el mismo estatus con el que fueron incorporadas a dicho registro.
¿Cuál es la razón por la cual la inmensa mayoría de quienes han sido reportados en esta condición no han sido localizados? ¿Por qué ha ocurrido esto en una entidad que, desde hace dos sexenios al menos, presume de haber creado un andamiaje institucional y académico para la protección y garantía de los derechos humanos?
Las cifras son contundentes, demoledoras y dejan poco espacio a la interpretación: lo que se ha hecho en favor de quienes sufren, todos los días, la ausencia de un ser querido, es muy poco. Casi podría decirse que los resultados son de carácter marginal.
Lo peor de esta realidad es la lectura más amplia del fenómeno: entre más tiempo pasa, resulta menos probable que se obtengan resultados concretos, pues las evidencias se van diluyendo y acaso también van desapareciendo personas que resultan clave para la localización de las víctimas.
Organizaciones como Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec) llevan casi dos décadas acompañando a las familias afectadas por este flagelo en su exigencia de verdad y justicia, y sólo su terca insistencia en no olvidar ha mantenido vivo en el ambiente el reclamo.
Valdrá la pena que muchas más voces se sumen a esta demanda, pues sólo de esa manera veremos algún resultado concreto en el futuro cercano.