Coahuila: Huachicol, ¿por qué sigue gozando de cabal salud?
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Pese al discurso oficial, el robo de combustibles a Pemex sigue siendo un fenómeno extendido en México. Y ello pasa porque persisten las cadenas de complicidad que lo hacen posible
El combate al robo de combustibles fue la primera gran batalla del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. El fenómeno se planteó como la evidencia de cómo “los gobiernos del pasado” habían prohijado mercados criminales de gran escala que provocaban un fuerte daño al país.
Debido a ello, el Gobierno de la República lanzó una campaña que buscó –al menos en teoría– frenar el robo a través de tomas clandestinas en los ductos de Pemex. Las acciones gubernamentales provocaron incluso una crisis de desabasto en diversas regiones debido a que, entre otras medidas, se decidió suspender la transportación de combustibles a través de los ductos de la petrolera.
El resultado de la estrategia, según el expresidente, fue un “éxito rotundo” que implicó reducir casi en su totalidad el problema. En sus últimas conferencias de prensa matutinas, López Obrador aseguró que se había reducido entre 95 y 98 por ciento el robo de combustible.
Los análisis de especialistas en el tema muestran una realidad muy distinta. El problema no solamente no se combatió con eficacia, sino que incluso se ha incrementado.
Las cifras más recientes, reportadas por la propia paraestatal, hablan de una sangría que no cesa: en el informe anual consolidado del 2025, que Pemex entregó a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés), se consigna el robo de 19 mil 600 barriles por día durante ese año.
La cifra anterior equivale a poco más de tres millones de litros, un volumen que representa el 35 por ciento de lo que, de acuerdo con López Obrador, se registraba al inicio de su mandato. Hay una reducción, pero claramente no es la que se afirmó al cierre del sexenio anterior.
Y si el fenómeno del huachicol persiste, tal hecho sólo puede ocurrir porque las estructuras delincuenciales que se benefician del robo siguen ahí, pese a la “guerra” que se les declaró desde la cima del poder público en México.
En ese sentido, nadie debe decirse sorprendido por el reporte que publicamos en esta edición, de acuerdo con el cual Coahuila sigue siendo una de las entidades donde el fenómeno sigue gozando de cabal salud. De hecho, de acuerdo con la más reciente edición del Censo Nacional de Seguridad Pública Federal y Estatal, elaborado por el Inegi, la nuestra fue la entidad en la cual se decomisó el mayor volumen de huachicol en 2025.
Según la publicación, entre enero y diciembre del año pasado, la Guardia Nacional y otras autoridades de seguridad reportaron el aseguramiento de 16 millones 335 mil 104 litros de hidrocarburos en Coahuila.
¿Por qué persiste el fenómeno a esta escala en nuestra entidad? Responder a tal cuestionamiento no es fácil, pero sin duda alguna el hecho obedece a la persistencia de cadenas de complicidad, en las que necesariamente participan autoridades gubernamentales, las cuales garantizan impunidad.
El problema de fondo, pues, no es que el delito se cometa, sino la existencia del entramado de complicidades que lo posibilita.