Coahuila: Seguridad vial, ¿a quién le importa de verdad?
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Como suele ocurrir con los compromisos internacionales que asume el Estado mexicano, el de la seguridad vial es uno respecto del cual no tenemos ningún resultado que presumir
“A finales del 2020... la ONU proclama el 2021-2030 Segundo Decenio de Acción para la Seguridad Vial. Para este nuevo periodo, el Gobierno de México, a través del ‘Programa Sectorial de Comunicaciones y Transportes 2020-2024’, especifica como estrategia prioritaria mejorar la seguridad vial en la Red Carretera Federal para el bienestar de todas y todos los usuarios”.
El párrafo anterior se ubica, desde el 3 de marzo de 2021, en la página del Gobierno de México. Forma parte de la entrada que el Ejecutivo Federal dedica a difundir el compromiso de nuestro país con el referido “Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030”, una iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al cual nos suscribimos en su momento.
El objetivo global de la citada iniciativa se resume fácilmente: “reducir las muertes y traumatismos debidos al tránsito por lo menos en un 50 por ciento”. Es decir, se trata de diseñar y poner en práctica medidas concretas que salven vidas y eviten lesiones y secuelas a miles de personas.
Ha transcurrido ya la mitad del decenio y lo deseable sería que, por lo menos, hubiéramos avanzado a la mitad de la meta, pero lejos de tal posibilidad, pareciera que estamos dando pasos hacia atrás. O al menos eso ocurre en nuestra entidad.
Porque, como se consigna en el reporte que publicamos en esta edición, las cifras de accidentes y de fallecimientos en las carreteras federales que atraviesan la entidad se han incrementado de forma preocupante: 55 por ciento si se comparan las cifras de 2025 y 2024.
Los datos provienen del Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, y retratan una realidad indeseable, pero que a nadie debe sorprender: los “compromisos” que asumimos se olvidan en cuanto concluye la ceremonia en la cual se anuncian.
Porque frente a las estadísticas que hoy nos hablan de un retroceso en materia de seguridad vial, lo que resulta obligado preguntar es: ¿qué se ha hecho desde que asumimos el compromiso de cumplir con los objetivos del Decenio de Acción de la ONU?
¿Cuáles son las estrategias que se diseñaron para avanzar en el abatimiento de los accidentes viales que arrojan víctimas fatales?
Preguntar esto es crucial porque las cifras actuales tienen que analizarse a la luz de las acciones que debieron realizarse. Y el resultado de tal análisis no puede ser otro que dar respuesta a la segunda interrogante obligada: ¿por qué no funcionaron como se esperaba tales medidas?
Estamos asumiendo, desde luego, que la suscripción del compromiso implicó dedicarle recursos al diseño y la puesta en práctica de estrategias concretas. Aunque la falta de resultados invita a considerar que lo único que se hizo fue emitir un comunicado de prensa y después olvidarse del tema.
Cabría esperar que, ante la evidencia del fracaso, haya una rectificación clara y perceptible en torno a esta política.