Columna para pleito y orquesta

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Opinión
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Es absurdo pensar en la orquesta como un territorio sagrado que, si se pone al servicio de los géneros profanos, constituye una desacralización

Cuando pioneros del jazz como Charlie Parker decidieron (o estuvieron en posibilidades de) grabar con un acompañamiento orquestal, no todos lo celebraron.

Aunque el movimiento se había intelectualizado, era una expresión netamente de las calles, por lo que el gran público consideraba que jazz y orquesta eran mundos irreconciliables.

https://vanguardia.com.mx/opinion/toy-story-5-AD21665577

Los mismos colegas de Parker lo acusaron de venderse a la “burguesía blanca”. Los críticos señalaban que el jazz era un género menor frente a la tradición sinfónica. Los mismos músicos de conservatorio (acostumbrados a la rigidez de la partitura) se sentían ultrajados de verse obligados a adaptarse a las síncopas, microdesfases e improvisaciones propias del jazz.

Y el público en general sentía que la orquesta hacía sonar al jazz como algo rígido.

Cuando estalló la fiebre por el rock and roll, fue Buddy Holly su siguiente gran salto evolutivo. Hacia finales de octubre de 1958, un poco cansado del ensamble habitual (guitarra, bajo y batería), Holly pidió a su productor un acompañamiento de cuerdas para “It Doesn’t Matter Anymore”. La canción se lanzó dos meses después y un mes más tarde Holly perdería la vida en aquel funesto incidente aéreo junto a Richie Valens y The Big Bopper.

Aun así, las voces críticas no dejaban de considerar un despropósito la utilización de una orquesta en beneficio de un género repetitivo y poco complejo como la balada rock. Pero el antecedente estaba sentado.

Holly (al igual que Roy Orbison y otros pilares del rock hasta entonces) utilizó la orquesta sólo como un fondo de acompañamiento. No fue sino hasta las sesiones para “Yesterday” (1965) y “Eleanor Rigby” (1966) de un tal Paul McCartney, bajista de unos tales Beatles, que el productor George Martin le dio un papel protagónico al ensamble de cuerdas, tanto así que prescindió por completo del resto del cuarteto:

–John, parece que te habla tu esposa... George, salte a fumar. Ringo, tú tráenos unos cafés del Oxxo por favor.

Luego vinieron los Moody Blues con “Days of Future Passed” (1967), un álbum concebido completamente para ser una simbiosis entre rock y orquesta. Y dos años más tarde, Deep Purple ofreció el primer “Concerto for Group and Orchestra”. Y creo que a partir de entonces nadie volvió a cuestionar la utilización de una orquesta al servicio de la música rock (al menos hasta El TRI Sinfónico de 1998, pero ese hasta yo lo objeté).

Las colaboraciones entre académicos y músicos populares no siempre son afortunadas: el sinfónico de Los Ángeles Azules, por ejemplo, me provoca urticaria (aunque luego los escuché sin orquesta y la urticaria seguía).

Debemos entender además que dichas colaboraciones no son siempre una genuina exploración artística, sino meros experimentos de marketing y no pocas veces el puro ego del “artista”.

Aun así, todo lo anterior es perfectamente legítimo. El resultado puede ir de lo sublime a lo mediocre (menos no, porque una orquesta arropa al que sea; capaz que hasta Chavela Vargas hubiera sonado bien en sinfónico). No obstante, dejó de ser una novedad desde los años noventa, con “Dream On” y “November Rain” como cumbres del hard rock sinfónico de la era MTV.

Salir a estas alturas con que la fusión del rap, el trap, el hip hop, el reggaetón o el corrido tumbado con orquesta es algo rompedor, la verdad, hasta flojerita me provoca.

Pero ojo: lo considero perfectamente legítimo. Es absurdo pensar en la orquesta como un territorio sagrado que, si se pone al servicio de los géneros profanos, constituye una desacralización. Si tal es su caso, bájele varias semicorcheas a su partitura.

No hay nada sagrado. El resultado puede ser espantoso, repulsivo, aberrante... O quizás resulte una joya. No lo sé. Pero oponerse a una colaboración por cuestiones de carácter moral siempre será una posición retrógrada y la historia nos enseña que envejecerá mal.

En mi terruño se quisieron volver changos luego de que la Orquesta Filarmónica del Desierto (de Coahuila) hiciera una colaboración con un raperillo que se hace llamar “Millonario” y que, según entiendo, le “canta” con alegría a la misoginia y al sexismo con lujo de apología de la violencia en los bellos sonetos que ostenta como letras. E incluso se comentó que dos miembros de la orquesta se habrían negado a participar en esta colaboración y ello les habría valido el despido.

https://vanguardia.com.mx/opinion/amor-por-la-armonia-la-filarmonica-EH21739049

Las señoras saltillenses se desmayaron, los funcionarios balbucearon, las redes se incendiaron... ¡Aquello fue el acagose!

El gran problema es la naturaleza mixta de la Filarmónica, que recibe un presupuesto de la Secretaría de Cultura del Estado (dinero público); pero también recibe financiamiento privado de empresas y particulares.

Aceptar la chambita de “Millonario” no es ningún sacrilegio, menos si ello representaba una aportación significativa a las finanzas de la orquesta. ¿Por qué habríamos de oponernos al proyecto si gracias a éste la Filarmónica puede operar un año más u ofrecernos una nueva temporada (por decir algo)? ¿Acaso cree usted que su boleto lo paga todo?

Que la parte institucional no debe condonar ciertas expresiones o avalar a ciertos perfiles, es cierto. Pero habría que conocer los estatutos bajo los cuales se rige la orquesta, su misión, visión, valores, objetivos, para saber en qué medida esto realmente atenta contra dichos principios. Para opinar no con argumentos de señora beata, sino con los estatutos en mano.

Porque el Patronato podría decir: “Muy respetables todas las objeciones, pero no nos podemos dar el lujo de desdeñar un trabajo pagado y, además, el prestigio de la Filarmónica nunca se puso en riesgo”.

Lo ignoro. Para saber si se violó algún estatuto, tenemos que conocer dichos estatutos, y más vale que no tengan una redacción ambigua con términos como “la moral y las buenas costumbres”.

Sobre los músicos presuntamente despedidos. Creo que tienen derecho a la objeción de conciencia. Espero que no hayan sido separados sólo por esto. Pero otra vez, debemos conocer realmente sus obligaciones contractuales y las razones que se aducen para su expulsión.

La titular de Cultura salió días después a decir que no sabía nada, pero que ya se iba a poner a investigar (haga de cuenta una mañanera), mientras en redes, desde el desconocimiento también, los cibernautas se debatían entre linchar al director, Natanael Espinoza, o erigir un monumento en su honor.

Todo es mucho más sencillo: el caso debe resolverse con una buena dosis de pragmatismo, de institucionalidad y transparencia.

https://vanguardia.com.mx/opinion/millonario-y-la-filarmonica-del-desierto-HD21778395

Pragmatismo, porque una orquesta es un bien cultural, sí, pero también una empresa que no puede darse el lujo de rechazar ingresos por ambiguas razones moralinas.

Institucionalidad, porque debemos conocer si realmente hubo algún menoscabo al patrimonio cultural de los coahuilenses (yo lo dudo, pero demuéstreme lo contrario si me equivoco, no con opiniones, sino con estatutos).

Y transparencia, porque es lo mínimo que se espera de cualquier proyecto que implique dinero público. Nada de ello debe ser tan difícil. Difícil tocar la flauta de la “Badinerie” en la Suite Orquestal No. 2 en si menor de Bach.

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