Con experiencia y fortaleza, Riquelme encamina a Torreón
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¿Qué pasa con el SIMAS, el organismo público descentralizado del gobierno municipal que maneja el agua y arrastra un déficit de 2 mil 081 millones de pesos? Claro que no debe quedar en el olvido ni sin castigo
Un ambiente de renovación está experimentando la administración pública de Torreón, cuyos resultados los va midiendo la ciudadanía desde que Miguel Riquelme tomó posesión, el 2 de julio de este año, de la Presidencia Municipal, en virtud de la ausencia definitiva del anterior alcalde.
De acuerdo con datos surgidos durante este segundo mes de la nueva administración sobre los resultados del anterior periodo municipal, cuyos alcances de progreso fueron escasamente notorios, se obtuvieron indicadores que la califican como una administración fallida. A ello se suman actitudes de confrontación con el nivel de gobierno superior y resultados de dudosa solvencia en áreas de la estructura administrativa hasta ahora revisadas, donde se ha detectado una presunta sustracción de recursos, aprovechada para la obtención de ganancias de algunos funcionarios con montos económicos que suponemos fueron utilizados en beneficio de ellos y en detrimento de los programas sociales.
Desde luego, el nuevo gobierno, una vez comprobada la comisión de delitos y para no caer en complicidad u omisión, no debe sustraerse a esa acción para actuar legalmente, de manera que se proceda como indica la ley, es decir, si ésta dicta quitarles su libertad, debe cumplirse y resarcir lo sustraído. Como dicen los americanos: “La ley es dura, pero es la ley”.
Torreón ejerce un presupuesto de egresos de 4 mil 970 millones de pesos con la gran ventaja de no tener deuda pública, lo que evita la existencia de déficit fiscal. Aquí cabe revisar si los montos que se asignaron a cada área para el cumplimiento de su tarea se consumaron. Por otro lado, según personas que saben de esta materia, dicen que es sano poder asumir una deuda que equivalga entre el 30 y el 35 por ciento de sus ingresos, destinada a obra pública.
Ahora bien, ¿qué pasa con el SIMAS, el organismo público descentralizado del gobierno municipal que maneja el agua y arrastra un déficit de 2 mil 081 millones de pesos? Claro que no debe quedar en el olvido ni sin castigar a los que hicieron daño, por ignorancia o conveniencia, en su manejo, pues afectaron a la población al dejarla sin el suministro de ese líquido durante largos periodos. Otro renglón que debe ser revisado es, sin duda, el relativo a la pavimentación de infinidad de calles de la ciudad, que además de dañar a los vehículos ha creado una mala imagen de la ciudad.
La administración centralizada de Torreón cuenta con aproximadamente 3 mil 700 plazas de empleados. ¿Todo ese personal es necesario para la administración de una ciudad de 721 mil habitantes (según el censo de 2020), con una tasa de crecimiento promedio anual de 1.5 por ciento? ¿No se ha considerado algún recorte? Al parecer, cuenta con personal que, según palabras del alcalde, se iba a recortar a 60 personas. Lo importante es ahorrar en montos económicos por área, sea el número de burócratas que sea. Un ejemplo práctico sería: si en la Tesorería se requiere ahorrar un millón de pesos, ese monto debe cubrirse con los sueldos del número de empleados que lo abarque.
La percepción ciudadana en este mes ha visto con buenos ojos el trabajo del alcalde Riquelme, quien se ha abocado a examinar las diferentes áreas que conforman la estructura administrativa y a dictar las mejoras que considera necesarias. Asimismo, ha sabido conducirse con la diplomacia propia de ese nivel frente a los sectores de la población, donde a veces es difícil decir que no.
Son muy saludables las reuniones semanales que sostiene con la prensa, después de un buen tiempo sin esa vinculación con los medios. Algo sumamente importante es que el equipo que ha designado para acompañarlo responda con eficacia y honradez, con el fin de que no se conviertan en simples burócratas como muchos que estuvieron en el pasado reciente.
Se lo digo EN SERIO.