Consumo resiliente en México, inversión en cuidados intensivos
La radiografía más reciente de nuestra economía revela una desconexión preocupante entre el comportamiento de los hogares y la capacidad productiva de las empresas en México.
Al analizar los datos publicados por el INEGI al cierre del año pasado y el inicio de 2026, nos encontramos con un escenario de claroscuros: mientras las familias mantienen el dinamismo en sus compras, la inversión empresarial parece haber entrado en un invierno prolongado que amenaza el crecimiento a largo plazo.
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El Indicador Mensual del Consumo Privado (IMCP) mostró una notable resiliencia al cerrar diciembre de 2025 con un crecimiento anual del 5.6 %.
Este avance fue impulsado primordialmente por un apetito voraz por bienes de origen importado, los cuales registraron un salto anual del 25.0 %. A tasa mensual, el consumo también creció un 1.2 %, lo que sugiere que el mercado interno sigue manteniéndose a flote.
Sin embargo, este motor de consumo no está encontrando eco en la base estructural del país. El Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (IMFBCF) registró una caída anual del 1.6 % en diciembre de 2025.
Lo más alarmante es que, con este resultado, la inversión fija bruta ha ligado 16 meses consecutivos de caídas a tasa anual, reflejando una reticencia sistemática a la expansión de activos fijos.
Al interior, la maquinaria y equipo —el corazón de la productividad— se hundió un 7.9% anual, acumulando ya 13 meses en terreno negativo.
En medio de esta dicotomía, la Confianza del Consumidor (ICC) se situó en 44.4 puntos en febrero de 2026.
Si bien hubo un ligero repunte mensual de 0.3 puntos, el indicador arrastra una caída anual de 2.0 puntos respecto al mismo mes del año previo y se mantiene en zona de pesimismo (por debajo del umbral de los 50 puntos).
¿Cómo se explica que el consumo crezca mientras la inversión se desploma, la confianza del consumidor se debilite y el número de patrones registrados en el IMSS disminuye como se nos dio a conocer hace unas semanas? Una hipótesis plausible es el impacto de los aumentos acumulados al salario mínimo.
Aunque estas alzas han fortalecido el poder adquisitivo inmediato de una parte de la población —alimentando el IMCP—, también han elevado los costos operativos de las empresas en un entorno de incertidumbre.
La caída en la inversión y la reducción de registros patronales sugieren que las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, están absorbiendo estos costos sacrificando su capacidad de reinversión o, en el peor de los casos, optando por la informalidad o el cierre.
El consumo hoy sin inversión mañana es una receta para el estancamiento en la productividad y por ende en el crecimiento económico. Sin maquinaria nueva ni infraestructura privada, el crecimiento del consumo terminará por agotarse.
Es urgente generar condiciones que brinden certidumbre a la inversión para que el ímpetu del consumidor no sea solo un destello momentáneo, sino el reflejo de una economía estructuralmente fuerte.