Contrafactual 11/09/2001 (II)

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Opinión
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¿Qué habría ocurrido si México hubiera actuado el 11 de septiembre como cualquier amigo, como lo hizo el Reino Unido?

El mundo cambió la mañana del 11 de septiembre de 2001, tan sólo cinco días después de la exitosa e histórica visita de Estado de Vicente Fox a Estados Unidos. Terroristas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales: dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas en Nueva York; otro, contra el Pentágono, y un cuarto cayó en Pennsylvania. Casi tres mil personas murieron. Fox se comunicó rápidamente con George W. Bush para expresarle las condolencias y la solidaridad de México. Hasta ahí iba todo bien: nos hicimos presentes con la llamada obligada, en el tiempo de rigor.

Al día siguiente, 12 de septiembre, el gobierno y la sociedad mexicana empezaron a discutir en torno a la mejor forma de hacerse presentes, o no. Juan Hernández, encargado de la atención a los mexicanos en el exterior, fue el primero en llegar a Nueva York; mientras la oposición, los medios y algunos integrantes del gabinete se resistían a un cheque en blanco, Juan tomó el primer vuelo disponible. Había que atender las consecuencias humanas del ataque, particularmente entre los connacionales.

https://vanguardia.com.mx/opinion/contrafactual-11-09-2001-i-BF23519697

El 21 de septiembre, el secretario de Relaciones Exteriores, Jorge Castañeda, se encontraba en Washington participando en las reuniones hemisféricas convocadas después de los atentados. Pero, mientras Estados Unidos cerraba filas, en México comenzó otra discusión. ¿Qué significaba exactamente ser solidario con Estados Unidos? ¿Condenar el terrorismo? Por supuesto. ¿Cooperar en inteligencia y seguridad? Quizá. ¿Respaldar automáticamente cualquier acción militar estadounidense? Ahí comenzaron las diferencias. El discurso soberanista no respetó ni el luto debido.

Castañeda adoptó una posición particularmente cercana a Washington. Fox llegó a utilizar, el 25 de septiembre, la palabra “incondicional” para describir el apoyo mexicano, aunque inmediatamente tuvo que precisar que cualquier cooperación estaría sujeta a la Constitución, al marco jurídico internacional, a los derechos humanos y a la tradición pacifista de México. La palabra provocó una tormenta política. El PRI exigía respeto a la soberanía y al papel constitucional del Senado. El PRD condenaba el terrorismo, pero rechazaba cualquier cheque en blanco para una intervención militar.

Fue hasta el 4 de octubre de 2001 cuando Fox acudió personalmente a Nueva York; ese mismo día se reunió con Bush en Washington. Una visita que se dio mientras la oposición se desgarraba las vestiduras soberanistas. Habían transcurrido 23 días desde los atentados.

Mientras el mandatario mexicano se hizo presente hasta octubre, el presidente de Francia visitó Washington el 18 de septiembre. Dos días después llegó el primer ministro del Reino Unido, Tony Blair, quien el jueves 20 acompañó a Bush durante el mensaje que este pronunció ante el Congreso de Estados Unidos. Bush le agradeció frente a todos: “Gracias, amigo, por estar con nosotros”.

Para cuando Fox llegó a Washington, en octubre, los acuerdos con México habían dejado de ser la prioridad; la seguridad nacional estadounidense lo ocupaba todo. La frontera dejó de observarse primordialmente como una zona de integración económica y comenzó a verse como una posible vulnerabilidad en materia de seguridad. El acuerdo migratorio, que Fox había colocado como una de las grandes apuestas de su Presidencia, prácticamente desapareció de la agenda.

https://vanguardia.com.mx/opinion/y-rocha-moya-KE23365528

Aquí comienza el contrafactual. ¿Qué habría ocurrido si México hubiera actuado el 11 de septiembre como cualquier amigo, como lo hizo el Reino Unido? Tony Blair comprendió inmediatamente que aquel momento definiría la relación británica con Estados Unidos durante años. No esperó a conocer todos los detalles de la respuesta norteamericana. Se colocó política y personalmente al lado de Bush.

México tenía elementos e intereses que ningún otro país poseía: una frontera de más de tres mil kilómetros, millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos, una integración económica creciente bajo el TLCAN y dos presidentes que tenían una relación personal construida desde que ambos eran gobernadores. Bush era mucho más cercano a México que a Europa.

¿Qué habría ocurrido si Fox hubiera viajado inmediatamente a Washington o a Nueva York? ¿Qué habría ocurrido si México hubiese anunciado, desde las primeras horas, una cooperación extraordinaria en materia de inteligencia, seguridad fronteriza, protección de infraestructura y combate al financiamiento del terrorismo?

La próxima semana le seguimos.

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Columna: Regresando a las Fuentes

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