Contrafactual 11/09/2001 (III)
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¿Qué habría ocurrido con la relación entre México y Estados Unidos si, ante aquella tragedia, México hubiera reaccionado de manera distinta?
Reitero lo que ya dijimos: nunca, antes ni después, la relación entre México y Estados Unidos había alcanzado un mejor momento que el que se vivió entre enero y la primera semana de septiembre de 2001. Jamás los temas y acuerdos de la agenda bilateral habían tenido tanta oportunidad de materializarse en beneficio de ambos países y del futuro de sus pueblos. Todo cambió el 11 de septiembre de aquel año.
Estados Unidos tenía en México a su vecino y, probablemente, a su mejor amigo del momento. Cuando la tragedia los golpeó, nuestro país se hizo presente con las condolencias debidas. Era lo mínimo que podíamos hacer. En los días siguientes, sin embargo, el ambiente se enrareció. Mientras el mundo entero se desvivía por solidarizarse con la nación victimada, fuera amigo o no, en México se desató un debate público sobre cómo debíamos abordar la tragedia humana que había azotado a nuestro vecino; el mismo con el que, apenas una semana antes, nos prometíamos amistad, cooperación y el arranque de una nueva era para nuestros pueblos.
Mientras EU enterraba a sus muertos, en México discutíamos si debíamos ir o no al funeral, o qué debíamos decir y hacer en él.
Los actores fueron diversos: los integrantes del gabinete del presidente Vicente Fox, una oposición dispersa, pero mayoritaria en el Congreso de la Unión y, por supuesto, los medios de comunicación.
Ojo: recordemos que se trataba, sí, de un gobierno que arrancaba con toda la fuerza democrática de un proceso histórico que había puesto fin a siete décadas de administraciones del PRI, pero también de un gobierno que no tenía mayoría legislativa en el Congreso ni control sobre la mayoría de las gubernaturas y legislaturas de los estados. Es fácil criticar a la distancia, pero si observamos la ecuación completa, el asunto no era nada sencillo.
Otro recordatorio indispensable: en septiembre de 2001, la guerra de Irak no estaba en el radar ni formaba parte de la ecuación; para eso faltaba todavía un año y medio. España e Inglaterra sufrieron atentados tras la invasión de Estados Unidos a Irak, no antes, y no estuvieron relacionados con la solidaridad mostrada ante la tragedia. En aquel momento, lo que teníamos frente a nosotros era el ataque cometido por terroristas en contra de nuestro vecino y amigo.
Alcanzo a recordar, esencialmente, tres posturas. La primera favorecía una solidaridad clara con Estados Unidos, sin adjetivos. La segunda llamaba a la prudencia, particularmente por las posibles consecuencias en materia de seguridad nacional. Finalmente, estaba la postura heredera de una larga tradición de la política exterior mexicana y del nacionalismo construido durante décadas alrededor de la relación con Estados Unidos: la política exterior del PRI.
En la primera ubico a Jorge G. Castañeda, Juan Hernández y, creo, al propio presidente Fox, así como a algunos sectores del PAN, aunque no todos, y del PRI, pero sin hacerlo público.
En el sector de los príncipes de la prudencia, la lista la encabeza Santiago Creel, secretario de Gobernación. Tendría sentido pensar que alrededor de esa posición se ubicaran también los sectores más tradicionales del Ejército y de la Marina. Por supuesto, en este grupo estaban los que, al tiempo que criticaban, también querían quedar bien con el presidente. Su argumento era sencillo: estar con Estados Unidos sin condiciones nos hacía vulnerables ante el terrorismo.
Finalmente, estaban los nacionalistas, aquellos que suelen desgarrarse las vestiduras cada vez que aparece algún asunto relacionado con México y Estados Unidos. Los había dentro y fuera del Poder Ejecutivo, pululaban en el Congreso y no faltaban en los medios de comunicación. Al interior del gobierno, la causa la encabezaba el consejero de Seguridad Nacional, Adolfo Aguilar Zinser. Sin estar coordinados, había múltiples voces que desde el Congreso y los medios exigían no intervenir, prácticamente ni opinar. Hacían drama ante el más mínimo mensaje de solidaridad al pueblo de Estados Unidos. Eran encabezados por el PRI y el PRD, que eran mayoría en la Cámara de Diputados.
El verdadero contrafactual no consiste en preguntarnos qué habría ocurrido si los atentados del 11 de septiembre nunca hubieran sucedido. La pregunta más interesante es otra: ¿qué habría ocurrido con la relación entre México y Estados Unidos si, ante aquella tragedia, México hubiera reaccionado de manera distinta? ¿Qué habría sucedido si aquel extraordinario capital político construido durante los primeros ocho meses de 2001 se hubiera utilizado para demostrar, en el momento más difícil para Estados Unidos, que México era realmente el socio, el vecino y el amigo que había dicho ser apenas unos días antes? ¿Qué habría pasado si, en vez de Tony Blair, hubiera sido Vicente Fox quien recibiera el reconocimiento en la galería del Congreso de Estados Unidos, durante el mensaje de Bush, tras los atentados terroristas?
Debemos considerar las posibles buenas y las posibles malas. Acuerdo migratorio, relanzamiento del Tratado de Libre Comercio, etcétera, pero también un ataque terrorista en México por apoyar a Estados Unidos. Le sucedió a España e Inglaterra. ¿El miedo era suficiente razón para no apoyar? ¿Era eso más importante que los mexicanos en Estados Unidos? Al tiempo vino la guerra en Irak y México presidía el Consejo de Seguridad de la ONU. Allá se mandó a Aguilar Zinser tras el desencuentro del 11 de septiembre, y terminó dinamitando la relación un año y medio después con la negativa de México y la ONU a la invasión de Estados Unidos a Irak.
Facebook: Chuy Ramírez