Cuatro años después: crónica desde la plaza Manuel Acuña

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Opinión
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En mayo de 2022 realicé una incursión a uno de los lugares icónicos de nuestra ciudad; la Plaza Acuña, conocida también por el ingenio popular como la Plaza de los Huevones. Llego al emblemático sitio un poco antes del mediodía de un sábado gris, en el que las nubes impiden que los rayos del sol desplieguen su plenitud.

Las bancas son ocupadas, en su mayoría por adultos mayores, quienes charlan sin que el tiempo parezca importarles; una característica de los hombres libres. Pero la plaza es también espacio de tránsito de una multitud de transeúntes; en general más jóvenes que los que permanecen en las bancas. Debido a mi deformación profesional como economista, me interesa comparar los precios de algunos productos y servicios que aquí se ofertan, con los de hace cuatro años.

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En 2022, los lonches de barbacoa costaban 35 pesos, ahora se venden en 60 pesos; un incremento del 71 por ciento. Esto se debe en parte, a que la comida tiene una demanda inelástica; es decir, aunque su precio suba el consumo sigue igual. Observo un letrero en el que se anuncia un paquete de seis tacos y una coca de 355 mililitros por 60 pesos. Este manjar popular, incluye guisos de chicharrón, nopalitos, oreja, picadilllo y azadura -así está escrito-. La calidad del producto es un misterio.

Los burritos se pueden adquirir por 40 pesos y los tacos de barbacoa, en 17 pesos cada uno. Junto a los puestos de comida hay un anuncio que llama mi atención; se trata de la venta de cinco boxers por 100 pesos. Hago un alto en mi recorrido para solicitar los servicios de un lustrador de calzado, cuya tarifa es de 35 pesos. Platico con él, y me dice que entre semana, además de trabajar, se dedica a tramitar su pensión y que los fines de semana, se va a su rancho en La Rosa, por la carretera a Torreón. Añade optimista, que como este año ha llovido en abundancia, confía que la cosecha de elotes sea buena.

Compro un café y me siento a ver pasar a la gente frente a un emblemático local; la ostionería “Bucareli”, que según mis cuentas está por cumplir los 70 años. A un costado sobre la calle de Padre Flores, funcionó durante un tiempo el “Hotel De Ávila”. Aprovecho el descanso para realizar una encuesta, con el fin de estimar la cantidad de personas que acuden a este lugar portando ya sea, sombreros vaqueros —el campo- o cachuchas de beisbol —la ciudad. Después de un rato, tengo un dato preliminar: la proporción es de 10 a uno a favor del atuendo de los beisbolistas. Hay una coincidencia: la población rural del estado representa el 10 por ciento de los habitantes.

Termino mi café y la siguiente indagación gira en torno a las mujeres que ofertan sus servicios como sexoservidoras en la plaza. Luego de hacer las preguntas pertinentes, la información obtenida es la siguiente: el servicio se ofrece al precio de 250 pesos —hace cuatro años la tarifa era de 150 pesos-, lo que se traduce en un incremento del 67%. El cuarto del hotel cuesta de 100 a 150 pesos.

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Observo una diferencia respecto a la visita previa; si bien, la mayoría de las mujeres dedicadas al oficio más antiguo del mundo se ubican en uno de los andadores de la plaza, hay otras que se han desplazado hacia la convergencia de las calles de Abbott y Padre Flores. Ignoro si se trata de algo aislado y esporádico, o si la zona en la que se despliega la actividad relacionada con el fornicio ha crecido. Me entero, además, que dejó de operar el lugar, situado en uno de los costados del Mercado Juárez, en su planta baja, donde, hace tiempo se vendían cabritos vivos; actualmente se venden congelados. Esta ha sido una breve crónica de mi regreso a esta plaza, ubicada en el centro histórico de Saltillo y también en su corazón.

REDONDEO

Ante un teatro repleto, la pianista Mariana Chabukiani deleitó al público con su interpretación del concierto No. 2 de Rachmaninoff. Asimismo, la Orquesta Metropolitana de Saltillo, bajo la batuta de Natalia Riazanova, desplegó su gran calidad.

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