De la autoayuda al autoengaño, de la ficción a la fricción... El libro maldito
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Son acusaciones muy serias las del libro de Scherer y no las está diciendo el hijo de un vecino, sino alguien que también conoció al monstruo desde sus entrañas
Recuerdo que cuando niño, la industria editorial publicitaba sus lanzamientos por televisión abierta: “Una máquina tan bella que seduce y mata... ¡‘Christine’, la nueva obra del Maestro del Terror, Stephen King!”. O: “‘Ciudades Desiertas’, de José Agustín, un best seller de EdiVisión...”.
Así, como si fueran cigarrillos o refrescos, los libros se anunciaban como artículos para consumo masivo, lo cual hasta suena extravagante para el México que conocemos, de futbol y Casa de los Famosos. Sin embargo, pasó. Yo estuve allí. En realidad, hasta hace no tanto, los libros se vendían en una sección de los supermercados. Hoy tenemos suerte si no se ha terminado el yogurt griego.
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Desde luego, la industria editorial mexicana no fue ajena a las reiteradas crisis, pero sobre todo a la “economía de la atención”, es decir, la actual guerra que libran las plataformas digitales por nuestros clics, nuestros likes, nuestros comentarios y nuestros segundos de una cada vez más fragmentada y minúscula atención o tiempo de pantalla.
De por sí nunca nos distinguimos por tener los mejores índices de lectura per cápita en el mundo, el libro –que en México se sostenía gracias a Carlos Cuauhtémoc Sánchez, Yordi Rosado, la autoayuda y los escándalos de los famosos– resintió aún más el advenimiento de la era digital.
Consciente y preocupada por lo anterior, nuestra clase política le inyecta algo de oxígeno a las editoriales, aportando de vez en vez algunos volúmenes originales de autoría propia. Y es que, como reza el viejo dicho popular: “Político que no ha escrito uno o varios volúmenes con su visión de estadista, es probablemente porque no ha encontrado todavía un buen escritor fantasma que le cobre barato”.
Así es, nuestros políticos no sólo tienen siempre algo tan importante para decirle al mundo que amerita talar medio Amazonas para imprimir su monserga; incluso por regla general han escrito más libros de los que han leído en toda su retorcida, panda y tracalera existencia (como mi lord EPN); sino que además, por un extraño misterio, todas las soluciones e iniciativas técnicas que plantean en sus libros para sacar al País de su perenne subdesarrollo brillan por su ausencia una vez que acceden al cargo al que le coqueteaban desde la edición de sus infumables mamotretos.
Exempli gratia: Nunca me cansaré de citar el retador título “¡Oye, Trump! Propuestas y Acciones en Defensa de los Migrantes en Estados Unidos”, por Andrés Manuel López Obrador. 2017, Editorial Planeta. (¡Pídelo a tu voceador!).
¿Y qué pasó con los migrantes en el sexenio del autor? Básicamente AMLO les estuvo dificultando el de por sí penoso paso a EU con la Guardia Nacional (no era raro ver imágenes de los agentes dándoles sus buenas patadas del bienestar); presumía sus remesas como logros de su administración; pidió personalmente el voto latino para la segunda elección de “su amigo Trump”... ¡Ah! Y se le murieron achicharrados 41 migrantes que estaban “albergados” en una prisión del Instituto Nacional de Migración (cuyo titular, Francisco Garduño, lejos de enfrentar consecuencias legales, hoy estrena hueso en la SEP).
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Lo menciono sólo para recordar que el género por excelencia de las destacadas plumas del pancracio político mexicano es la ciencia ficción... nomás que sin ciencia. Pura ficción.
Nuestra Presidenta con P de Patria se estrenó recientemente también como autora de ciencia “fricción” con “Claudia: Confesiones de una Corcholata Traviesa”... ¡Ah, no! ¡Perdón...! Ese era el título que sugirió el editor. La monserga sobre papel de la seño Shein en realidad se llama: “Diario de una Transición Histórica” (la neta estaba mil veces mejor el otro nombre).
Pero apenas doña Claudia gozaba de los reflectores como renombrada autora y ¡zaz, marrano! Que se aparece el viejito con un “live” desde el rancho La Chingada para presentarnos su enésimo ladrillo “GRANDEZA” (así, con puras mayúsculas, nada acomplejado el don).
Y así estaban muy contentos, dominando la escena de las letras (nomás de la “GRANDEZA” de AMLO, Vlad-dan Augusto Tepes compró 17 mil ejemplares para regalar... Pero con su dinero, suyo de él, no vaya usted a creer otra cosa), cuando irrumpió en el mercado el lanzamiento editorial que conmocionó el ámbito político y periodístico nacionales: “Ni Venganza Ni Perdón”, de Editorial Planeta, una colaboración de Jorge Fernández Menéndez y Julio Scherer Ibarra, consejero jurídico de la Presidencia de la República de Andrés Manuel López Obrador.
Ya todo el mundo le echó un vistazo porque, para desgracia de la editorial, el texto comenzó a circular en horas por las redes sociales en formato PDF. Y ya cualquier cantidad de medios y analistas hicieron su mejor comentario sobre las truculencias que confiesa y denuncia el exasesor del expresidente López Obrador.
Si bien muchos coinciden en que no está revelando nada que no supiéramos, gracias a diversos reportajes e investigaciones periodísticas previas, la importancia no reside en lo que se dice, sino en quién lo dice: que no es la oposición, ni es Loret, ni los intereses neoliberales, sino uno de los colaboradores más cercanos de AMLO, quien se desempeñó en uno de los puestos más delicados y de mayor confianza, equiparable apenas con la Secretaría de Gobernación.
No obstante, los voceros del régimen ahora quieren reducir el madrazo editorial a la ínfima categoría de pasquín inmundo, al que no hay que prestarle atención. Aunque dichas descalificaciones sólo fueron la preparación del terreno para que ayer la doctora de Palacio se excusara de la obligatoriedad de conocer y pronunciarse sobre el contenido del librajo de marras, argumentando que: “No lo he leído y no lo voy a leer, porque la crítica y la autocrítica siempre son importantes, pero nosotros somos parte de un movimiento de transformación. Y repito, aunque la crítica y la autocrítica se valgan, siempre hay que ser consecuentes, siempre, porque uno no está aquí por el poder, ni nos impuso nadie, más que el pueblo, y llegamos a transformar, y hay que ser consecuentes con lo que uno lucha en la vida”... WTF!?
¡No! En serio: ¿Qué carajo dijo?
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Son acusaciones muy serias las del libro y no las está diciendo el hijo de un vecino, sino alguien que también conoció al monstruo desde sus entrañas. Pero para la doctora no amerita considerar siquiera iniciar una investigación mínima.
Pero como señaló Carmen Aristegui, es inaceptable, un despropósito, que la Presidenta se niegue a leer un texto que probablemente explica muchos de los peores escándalos y crímenes de Estado de los últimos siete años... o no, pero no puede desestimarlo a priori.
¿Es desdén el de la Presidenta o es miedo?
Quizás sólo prefiere esperar a que salga la película; después de todo, ya el DOJ de los Estados Unidos debe estar preparando el casting.