El Kennedy tonto

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Opinión
/ 11 febrero 2026

Y allí donde lo ve, todo loco, todo sonso, Kennedy es responsable en gran medida del brote de sarampión que actualmente tiene de cabeza a medio mundo

Kennedy es el apellido de la realeza política de los Estados Unidos, pero hasta en las dinastías de mayor alcurnia hay siempre un hijo que sale medio lerdo (debe ser por la endogamia y todo eso), al que por seguridad y por vergüenza (pero sobre todo por vergüenza) es mejor mantener encerrado en una mazmorra.

Es el caso de Robert Francis Kennedy Jr., hijo del senador asesinado “Bobby” Kennedy, y sobrino del también mártir 35.º Presidente de EU.

Pero en vez de mantenerlo confinado de por vida en sus aposentos, Donald Trump tuvo la feliz ocurrencia en su segundo mandato de nombrarlo secretario de Salud y Servicios Humanos.

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La decisión fue muy criticada desde entonces, y no sin una buena razón, pues Kennedy es un declarado activista antivacunas y el más delirante divulgador de toda suerte de teorías conspirativas. Sólo por mencionar algunas:

- Asegura que las vacunas causan autismo.

- Que el COVID fue creado en un laboratorio chino para atacar a la población caucásica.

- Es un convencido del mito de los “chemtrails” (las estelas de condensación de los jets que los chiflados aseguran que son los agentes químicos con que los gobiernos fumigan a su población para controlarla).

- Que el WiFi causa cáncer y que las redes 5G se utilizan para la vigilancia y control masivos (¡ya nos daríamos de santos con que la cobertura no fallara!).

- Que los antidepresivos son la causa de los tiroteos escolares (¡y uno creyendo que eran las armas!).

- Que el VIH no causa el sida.

- Que Bill Gates nos instaló un chip para gobernarnos a todos (en vez de ocuparse en que la enésima versión de Windows no se congele).

Ninguna de estas chorradas nos resulta ajena, pues todos tenemos a la amiga de los cuarzos que defiende una, dos, varias o todas estas conspiraciones a la vez. (Usted ya conoce la regla: “Si no tiene usted una amiga de los cuarzos, entonces mírese al espejo”).

Pero RFK Jr. no es una señora en leggings de yoga teniendo un romance con su proveedor de reiki. Es el encargado de la política de salud pública de nuestra vecina superpotencia mundial.

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No es médico, no es científico. RFK Jr. es abogado (título para el que debió pesar más su apellido que cualquier mérito académico). Y su actual cargo como secretario de Salud sólo se explica a través de la errática personalidad, incomprensible criterio y supina ignorancia del jefe del Ejecutivo.

Y allí donde lo ve, todo loco, todo sonso, Kennedy es responsable en gran medida del brote de sarampión que actualmente tiene de cabeza a medio mundo.

Una de sus primeras acciones fue desmantelar el consejo de asesores de vacunación, despidiendo a sus 17 miembros y reemplazándolos con gente afín a su ideología y “visión científica”.

Bajo su administración se reestructuró el plan de vacunación infantil y muchos sueros del cuadro básico entraron en un esquema de “decisión compartida”, es decir, que la decisión final sobre su aplicación (o no) dependía de los “siempre bien informados” padres de familia, en vez de ser obligatoria, como se supone lo sea tratándose de un asunto de salud pública.

Es sólo la versión abreviada de las cosas: el caso es que pronto varios estados reportaron brotes de sarampión con algunas víctimas mortales y el consecuente gasto para frenar una crisis que bien pudo evitarse de no haber manoseado el sistema de vacunación.

La anécdota: en 2024 se dio a conocer que RFK Jr. padeció una infección por cisticercosis que derivó en una teniasis, es decir, el señor fue huésped de un parásito larvario que, según su propio testimonio, se comió un pedacito de su cerebro (de seguro la parte del discernimiento y la razón). Aunque nadie ha atribuido a esto la oligofrenia y conspiranoia de RFK Jr., es un chiste recurrente que el mismo Kennedy alimenta con su extraño proceder y declaraciones.

México reporta hoy el 70 por ciento de los casos de sarampión en América Latina, dudoso honor que tampoco es obra de la casualidad ni de la mala suerte, sino del irresponsable toqueteo, recorte y desarticulación de un sistema de vacunación que hasta 2018 se consideraba ejemplar y era uno de esos contados logros que sí podíamos presumir a nivel mundial (no como nuestro futbol).

Pero, por tratarse de una herencia del periodo neoliberal, el caudillo López Obrador decidió cuatri-transformar el programa nacional de vacunación con su famoso “rasho de austeridat”.

Le aplicó una serie de recortes para “ahorrar”. ¿Ahorrar para qué? ¿Qué lógica hay en ello? ¿Qué gasto puede ser más importante que el de salud como para escatimarle el presupuesto?

La parte graciosa es que, tras el desabasto ocasionado por este patético esfuerzo de convertirnos en Dinamarca, hubo que hacer compras de emergencia y se gastó un 24 por ciento más que en el último año de Enrique Peña Nieto, aunque se adquirieron menos dosis.

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La parte no tan cómica es que además de exponer a la niñez a la tuberculosis, difteria, hepatitis, neumococo y otras enfermedades que ya estaban controladas, el brote de sarampión resultante de aquellas políticas de austeridad ya se cobró con la vida de 30 mexicanos.

Claro, para un político de la talla de AMLO estas muertes apenas son un número insignificante en una gráfica. Lo importante es que se acabó con la corrupción. ¡Bien hecho!

Ayer en la Mañanera del Pueblo, el Morning Show de la doctora Angustias, se nos dijo que la respuesta gubernamental ante la ola de sarampión ha sido un éxito, que debemos estar tranquilos, después de todo la mayoría de los mexicanos estamos vacunados (efectivamente, ¡gracias a los gobiernos neoliberales!) y que actualmente se realiza un barrido territorial aplicando dosis para controlar el brote (brote que ellos mismos, la Cuarta Transformación y AMLO en particular, ocasionaron).

Los países anfitriones del Mundial de Futbol de este año, Canadá (5 mil casos), EU (3 mil casos) y México (9 mil casos) comparten la dudosa gloria de ser corresponsables de traer de regreso una de las plagas que la humanidad había prácticamente ya erradicado y constituyen una amenaza planetaria, todo por bajar la guardia, economizar en lo que no se debe ahorrar, por tener autoridades que creen saber más que los expertos y abrazar creencias idiotas.

Al menos el más tonto de los Kennedy tiene la excusa de que un gusano le comió el juicio y parte del razonamiento, ¿pero AMLO?

Columna: Nación Petatiux

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