Delito para tapar un crimen

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Opinión
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El daño patrimonial que el Clan Taddei le ha propinado al sistema electoral de los mexicanos aún está pendiente de ser debidamente cuantificado. Pero eso es sólo un delito

Para poder entendernos necesitamos conocer primero la diferencia entre delito y crimen.

Es algo que leí hace mucho y, hasta donde sé –pese a los tiempos que corren de posverdad, “alternative facts” y otros datos–, no debe haber cambiado:

El delito es cualquier contravención a la ley, a los códigos y reglamentos determinados por el Estado.

El ‘jogo bonito’ de la izquierda brasileña

El crimen es un agravio contra los derechos fundamentales de los individuos: la vida y la libertad, esencialmente.

Así visto, todo crimen es un delito, pero no todos los delitos constituyen un crimen.

Y desde luego, aunque el delito pueda tener funestas consecuencias, el crimen es siempre algo más grave.

Tan sencillo como que no es lo mismo arrebatarle a alguien su patrimonio que arrebatarle la vida; como no es lo mismo ser un defraudador que un secuestrador. Son dos naturalezas muy distintas de delincuente y de seres humanos, si usted quiere, aunque ambos nos merezcan todo nuestro repudio. Lo cierto es que se necesita un grado adicional de maldad, de perversidad y de falta de empatía para planear y ejecutar un crimen, aunque ambos, delito y crimen, impliquen por igual carencia de escrúpulos... y de madre.

Odiaría tener algún día que defender a un delincuente bajo esta premisa, pero lo cierto es que se vale decir: “Bueno, pero al menos no es un criminal”.

El Taddei-Gate, el megaescándalo del INE, cursa ya su tercera semana de éxito sin que el oficialismo pueda sepultarlo y pese a sus esfuerzos por endosarlo al viejo régimen a través de la persona del extitular de este organismo, Lorenzo Córdova.

La teoría es tan extravagante y la maroma tan difícil de ejecutar, que sólo los voceros más experimentados del régimen la intentan, no sin arriesgar su integridad en el acto.

La tesis de Córdova sembrando a Taddei en el Instituto Electoral de Sonora en 2014, para que 12 años más tarde perjudicara a un régimen (el actual régimen de la 4T) que en aquel entonces ni siquiera existía, es desde luego plausible... siempre y cuando Córdova sea una especie de Dr. Evil (ya sabe usted, el archinémesis de Austin Powers) que viaja en el tiempo cometiendo sus fechorías para gozar, en lo inmediato, de lo que de otra forma sería una retribución a largo plazo... Es posible, pero poco probable.

“¿No nos pudo advertir de este cochinero?”: Diputados piden cárcel para Taddei, mientras INE revela que 5 empresas recibieron 2,461 mdp

Y pese a que tanto en lo individual como en lo institucional, el entonces presidente y único autor de todo el desgarriate nacional; la hoy Presidenta y guardiana del legado del anterior; legisladores, voceros, ideólogos, “periodistas” a modo y la mismísima dirigencia del partido oficial celebraron todos la llegada de Guadalupe Taddei a la presidencia del consejo del INE como un cambio refrescante de honestidad y transparencia, encomiando no pocas veces “su probidad” y dando fe de los excelentes antecedentes de la hoy exconsejera y prófuga enamorada, la letanía hoy es desvincularse de ella, deslindar al movimiento, desconocerla y negar su prosapia morenista. Desde luego, con resultados irrisorios.

Hoy parece que están decididos a auditar al INE de manera retroactiva, todas las administraciones anteriores, incluso desde que se llamaba INÉTL y servía para contabilizar los cráneos que se necesitaban para elegir a un nuevo tlatoani.

El chiste es encontrar algo, lo que sea, para venderle a la gente la idea de que la corrupción en el Instituto es algo sistémico, atávico e inhe-rente (ese chiste se oye mejor de lo que se lee).

Pero lo cierto es que si un organismo descentralizado gozaba de buena reputación y percepción entre los mexicanos, era su órgano electoral, ya que fue una creación ciudadana que costó mucho levantar, aun en contra de la voluntad del viejo priato, y prueba de ello es el movimiento de resistencia que se manifestó para oponerse al manoseo de lo que solía ser la institución más atesorada de nuestra hoy comatosa democracia: #ElIneNoSeToca.

Así que ya anticipo que el gobierno de la doctora fallará también miserablemente en su esfuerzo por repartir hacia el pasado los agravios del presente. Y no la culpo por intentarlo, pero creo que seguirá provocando la risa hasta de los analistas más afines al régimen.

¿Qué queda? Reconfigurarlo todo como un mero caso de desvío de recursos, un tema de desfalco al erario, un mero asunto de cochino dinero.

Y lo es, sin duda que lo es. El daño patrimonial que el Clan Taddei le ha propinado al sistema electoral de los mexicanos aún está pendiente de ser debidamente cuantificado. Pero eso es sólo un delito.

De lo que poco se habla es del crimen que se financió con ese dinero malhabido.

Si la jugada le sale bien a la doctora, la indignación ciudadana se volcará en el tema económico, en los contratos, en los moches y en las licitaciones a modo.

Constituye un grave delito, sin duda. Pero eso es sólo lo que Taddei se cobró (a lo chino) por tomar, desde su posición de poder, una serie de decisiones, las cuales podrían constituir un crimen.

Todos los fallos, en cualquier controversia electoral, resueltos en favor del partido oficial (mismo que le entregó a “la jueza” las llaves de la caja registradora del changarro electoral), quedan hoy, por decir lo menos, en entredicho... (como si no lo hubiesen estado desde el momento en que se emitieron).

Desde la absolución de Pío López y sus aportaciones al movimiento en sobres amarillos, hasta la validación de Rubén Rocha Moya como gobernador de Sinaloa, tras un proceso en el que se denuncian desde la intimidación hasta el secuestro de candidatos; las trabas que se le han puesto al naciente partido Somos, la permisividad para que Morena esté en plena campaña de destapes y precandidatos, fuera de todo tiempo y reglamento; y todas las veces que se ha exonerado al partido oficial o a sus candidatos de alguna transa, chapuza o ventaja desleal, son parte de un mismo entramado de captura del sistema electoral y judicial del que Taddei es uno de los pilares fundamentales.

Renuncia en Chihuahua otra funcionaria del INE cercana a Guadalupe Taddei

Y desde que el Gobierno de Estados Unidos ha decidido que los funcionarios y gobernantes que pactan con las redes del narcotráfico, así como quienes financian las campañas que permiten a estos políticos llegar a un cargo, e incluso los periodistas y medios que les facilitaran el camino al servicio público, serían todos cómplices en el entramado criminal.

Así que me supongo que si una persona, en su calidad de árbitro electoral –y con pleno conocimiento– emitió los fallos necesarios para que los narcopolíticos llegaran a los puestos clave para que los negocios del crimen organizado prosperasen (concretamente, la producción y tráfico de drogas a EU)... dicha persona entonces también debe ser corresponsable, por lo que no es ya un delito simple, sino un crimen con todas sus letras.

Quizás por eso –no estoy muy seguro– se cree que la señora Taddei no está ya “ubicable”, como se dice en el argot harfuchiano, y se rumora que ya se unió al coro de exmorenistas cantores en Arizona, EU. Esto último, tomémoslo por ahora con un grano de sal.

Pero recuerde: en este caso, el delito es importante sólo hasta cierto punto, pero no tanto y no más que el crimen que hizo posible. Aunque ya anticipo que tratarán de hacer que allí quede, en el mero desfalco, en la corrupción administrativa, en el chanchullo (que está sin duda en su naturaleza), pero que por ahora les servirá para tapar el crimen subyacente.

Columna: Nación Petatiux

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