Derechos de las audiencias o ‘no te pago para que me pegues’

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Opinión
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Pocos aliados tan valiosos tiene hoy el régimen como el viejo, confiable, inamovible y siempre leal al poder consorcio de Televisa

La Doctora Presidenta (especialista en audiencias) reconoció ayer que el criterio para otorgar contratos a medios de comunicación es la afinidad con el régimen.

Dicho más claro: de la línea editorial dependerá que haya o no publicidad oficial para un medio impreso, estación de radio o de televisión.

https://vanguardia.com.mx/opinion/daniel-ortega-nuevo-nivel-desbloqueado-OG22609214

O sea que todo tan normal, como se viene haciendo desde tiempos antediluvianos. La vieja y archiconocida política pública de: “No te pago para que me pegues”, que inmortalizó el primer prócer canino de la Nación, don José López Portillo.

Medio siglo después, un cambio de milenio de por medio y una transformación en curso, la política del viejo régimen priista continúa vigente: el criterio con que se pauta la publicidad en medios impresos y electrónicos (y que se paga con nuestros impuestos) no es el interés de la ciudadanía, sino la suavidad editorial con que el medio trata al oficialismo.

En teoría, los medios de mayor influencia y circulación (independientemente de su línea editorial) deberían ser los primeros en considerarse para una campaña gubernamental.

Pero –México al fin– la publicidad no es sino un medio de extorsión para la prensa, periodistas y empresas de comunicación en general: “Trátame bien y planas te van a faltar para meter tanta propaganda... Trátame mal y ni una triste esquela vas a ver”.

Desde luego, no es un mal endémico nacional y es tan ancestral como la prensa y el poder mismos. Pero, según su normalización o su rareza, nos indica el estado de salud de una democracia y la libertad de expresión de que goza una sociedad.

En nuestro país, esta práctica se consolidó probablemente desde el porfiriato (o antes) y sigue viva como lo más normal, lo más natural en pleno segundo piso de la Transformación, tanto así que su titular lo admite sin el menor atisbo de vergüenza.

Medios incómodos como Reforma, El Universal y apenas recientemente TV Azteca no son hoy favorecidos con el munífico contrato de la publicidad oficial.

En cambio, qué me dice de El Heraldo, cuya sospechosa casa encuestadora es la que coloca siempre a nuestra mandataria con un puntual 120 por ciento de aprobación... Qué decir de La Jornada, cuya razón de existir es el dar cabida a las plumas, cartonistas y editores más obscenamente lisonjeros con la titular del Ejecutivo... Y no hablemos ya de Televisa que, pese a haber sido el gran antagonista histórico del movimiento que hoy ocupa el poder, fue desde el día uno de la gestión de papá AMLO y hasta la fecha, una de las empresas más favorecidas del régimen, con contratos multimillonarios de publicidad y otros conceptos varios.

https://vanguardia.com.mx/noticias/mexico/sheinbaum-mantiene-un-respaldo-mayoritario-encuesta-reporta-70-de-aprobacion-ciudadana-HC22640986

Desde luego, el papel de aliado del régimen que hoy juega la antigua televisora hegemónica no se menciona; es olímpicamente obviado tanto en el discurso oficial como en el bombardeo diario de la maquinaria de respuesta cibernética de la 4T.

En el discurso oficial, el viejo consorcio de los Azcárraga casi que ni existe, ni para bien ni para mal. A la hora de enlistar a los enemigos ideológicos, a los opositores, a los medios chayoteros, a la prensa vendida, Televisa ni fu, pero tampoco fa.

Es una situación un tanto comprometida, embarazosa. Se le otorgan a Televisa recursos millonarios y con ello un reconocimiento implícito a sus alcances, a su audiencia, penetración e incluso a su credibilidad... Pero tampoco se le hacen cumplidos en voz alta porque provocaría una enorme disonancia con el discurso progresista con el que este movimiento llegó al poder.

¡Cómo va a ser que la casa de Zabludovsky, del oficialismo del viejo régimen, de los soldados del PRI y del “día soleado” sea ahora un aliado (y no uno cualquiera) de la Transformación! Admitámoslo, al militante más ferviente de la 4T se le tronaría una arteria cerebral.

De allí que en redes Televisa siga jugando un papel villanesco más bien extraño, como si siguiera siendo un propagandista del viejo priato, siendo que su activo más valioso es hoy el silencio que guarda frente a los mayores escándalos por corrupción y presunta colusión con las redes de narcotráfico.

Y sí, tiene programas de debate más bien anodinos, con mesas de análisis que fueron reconfiguradas descaradamente a petición del presente régimen (después de todo, es quien hoy les paga) con voceros del oficialismo como analistas estelares... Amén de que jamás se tocan los puntos neurálgicos. Son ejercicios apenas lo suficientemente incómodos como para seguir presentándose como un medio inquisitivo... aunque nada más lejos de la realidad.

Este año, uno de los más relevantes destapes periodísticos fue el caso de Televisa Leaks, en el que se expuso a un área específica de este consorcio, desde el cual se ordenaba la elaboración y difusión de campañas de descrédito y difamación, para ser viralizadas luego de forma anónima en redes sociales, robándose la identidad, tipografía, colores y estilo gráfico de cadenas de prestigio –como CNN, entre otras– para imprimirle un aura de autenticidad a sus bulos.

Aunque el reportaje presentado por Carmen Aristegui habría dado pie a demandas internacionales (puesto que Televisa cotiza en la Bolsa de Valores), en la prensa nacional apenas se hizo eco de esto y en la mañanera el caso ni siquiera existió.

https://vanguardia.com.mx/opinion/quieren-censura-al-no-poder-controlar-la-narrativa-PF22632409

Y no deja de ser irónico que éste, que es de hecho un claro y evidente ejemplo de manipulación, montaje, fabricación de mentiras y difamación sistemática, nunca se mencione por la Presidenta o en el espacio de su asesora, Luisa María “Cositas” Alcalde.

¿Por qué? Porque pocos aliados tan valiosos tiene hoy el régimen como el viejo, confiable, inamovible y siempre leal al poder consorcio de Televisa.

Con la doble ventaja de jugar como villano opositor, aunque un villano que no incomoda, que no pega de a deveras, un adversario coreográfico como de lucha libre. Un medio “opositor” cuyos cuestionamientos no calan; inocuo e inofensivo y que, sin embargo, alimenta esa narrativa de pluralidad y tolerancia hacia el periodismo que el régimen intenta vendernos de cara a la imposición de su ley mordaza.

Televisa entendió rápida y perfectamente cuál es su papel dentro de la Transformación: más que un aliado abierto que avergüence a la militancia, mejor un enemigo de utilería generosamente pagado, no para aplaudir, sino para guardar silencio y orquestar campañas negras que, curiosamente, no figuran en el actual discurso sobre los derechos de las audiencias.

Columna: Nación Petatiux

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