Día de Muertos: Tradición mexicana
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En una época en que las costumbres tienden a diluirse, esta celebración expresa la capacidad del pueblo mexicano para conservar su identidad y transmitirla a quienes vienen detrás
Miguel León-Portilla documentó, en “La Filosofía Náhuatl Estudiada en sus Fuentes”, la manera en que los pueblos nahuas entendían la muerte como un tránsito en el que la memoria permitía mantener vivo el vínculo con quienes se habían marchado. En esa concepción, el in xóchitl, in cuícatl (“flor y canto”), representaba una forma de preservar lo verdaderamente valioso de la existencia.
Cronistas del virreinato, como fray Diego Durán, observaron con asombro que los pueblos indígenas seguían honrando a sus muertos conforme a sus antiguas costumbres, al tiempo que adaptaban sus ceremonias a las celebraciones católicas de noviembre.
El jesuita José de Acosta, por su parte, analizó la manera en que fueron incorporándose dichas festividades a las conmemoraciones de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. De ese encuentro nació una tradición que permaneció hasta convertirse en uno de los patrimonios culturales más reconocibles de México.
Dicha cosmovisión permite comprender que el Día de Muertos no es una celebración de manufactura reciente, sino que se trata de la continuidad de una práctica milenaria que forma parte de la historia y la identidad de todo un pueblo.
El Día de Muertos es tradición y resistencia. En una época en que las costumbres tienden a diluirse, esta celebración expresa la capacidad del pueblo mexicano para conservar su identidad y transmitirla a quienes vienen detrás. En esa manera tan particular de relacionarnos con la muerte hay una afirmación de nuestra cultura: la vida merece celebrarse incluso cuando alguien falta, y la memoria colectiva es una de las raíces que nos mantienen unidos.
Y precisamente en medio de estas fechas recordamos también la reciente partida del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, un hombre íntegro, un demócrata de convicciones firmes y una figura fundamental para la izquierda mexicana. Su mayor legado está en su congruencia y su compromiso con un México más democrático y justo.
La tradición nos sostiene, la memoria nos guía y el presente nos exige estar a la altura de nuestra historia. En estas fechas, el pueblo de México recuerda a quienes se adelantaron en el camino y, al hacerlo, reafirma su amor por la vida. Nos corresponde honrar esa herencia construyendo un país con bienestar, justicia y esperanza. El futuro también se prepara con la memoria de quienes nos enseñaron a luchar por él.
Coordinador de los diputados de Morena