Dichos y sobredichos

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Opinión
/ 7 julio 2022
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Si alguien me hubiese dicho que esta afición que tengo se llama paremiología, no hubiera yo entendido nada. Y es que me gusta reunir refranes; apuntar los proverbios que escucho; anotar los dichos que oigo en labios de las gentes. Y de eso, de los refranes, se ocupa la Paremiología.

Me he hecho de una buena colección paremiológica. Leyéndola y releyéndola encuentro consejo y diversión. Una máxima dice: “Los dichos de los viejitos son Evangelios chiquitos”. Pero a más de su ciencia esas sentencias populares llevan en sí gracejo, y aun a veces picante picardía.

He aquí algunos de los dichos que he recogido en Saltillo y en el campo de nuestra región:

“¡Ora sí, violín de rancho, ya te agarró un profesor!” Se usa cuando una empresa que estaba en malas manos es tomada por alguien muy capaz.

“Desayuna como rey, come como príncipe, y cena como mendigo”. Aconseja comer mucho en la mañana, al iniciar la jornada del trabajo; poco al mediodía, y casi nada en la noche, pues es riesgoso ir a la cama con la panza llena. “Yo -decía uno- desayuno como rey, como como príncipe, y ceno como méndigo”.

“Buena cuenta es toma y daca; todo lo demás es caca”. Vi ese refrán en un letrero tras el mostrador de una tienda de rancho, Apercibía contra los peligros de fiar, es decir, de vender a crédito. Más ingenioso ese letrero, y de mayor sabor popular, que el consabido “Hoy no se fía, mañana sí”.

“La cabra: en el monte es muy latosa; en la mesa es muy sabrosa, y en la bolsa es muy ruidosa”. Con esto se dice que criar cabras es quehacer fatigoso y de mucho trabajo, pero que da buena carne para comer, y buen dinero a la hora de vender el animal, su leche o sus cabritos.

“Es como la bacinica: nomás pa’ una cosa sirve”. Indica que hay personas que, como la taza de noche, la perica, la borcelana, la necesaria, la nica o el tibor -de todos esos modos se llama la bacinica- sólo sirven para algo, y para nada más.

“Peso que no da tres, pa’ qué es”. Invocaban ese dicho los usureros de Saltillo -muchos hemos tenido, y muy famosos- para justificar sus réditos exorbitantes.

“Más ara el dueño mirando que veinte yuntas jalando”. Es equivalente del refrán español que dice: “Al ojo del amo engorda el caballo”.

“Aire por atrás, nomás el que sale es bueno”. Advierte contra las corrientes de aire en las espaldas.

Alguna vez, si Dios me lo permite, pondré en orden todos los dichos y dicharachos que tengo registrados. Con ellos se formará un tomo de tomo y lomo, tan grande quizá como el volumen que don Gonzalo Correa sacó a luz con el refranero de España. Sin embargo la viña es mucha, y el tiempo que para cultivarla queda ya es muy poco. A lo mejor eso que digo quedará en buena intención. ¡Tantas cosas he dicho que han quedado en eso, en buenas intenciones nada más! De ellas, dice otro dicho, está empedrado el infierno. Lo más probable es que esta buena intención mía sea otra piedra más. Aunque para buenas intenciones sin resultados, nuestro señor Presidente.

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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