Diosito, IA, capitalismo... El negocio del miedo

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Opinión
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¡Los máximos exponentes del neoliberalismo pidiendo ahora que el Estado intervenga y frene el desarrollo de una carrera tecnológica en la que son punteros! ¿Alguien me quiere decir cuándo adquirieron conciencia social?

“¡Hasta mañana... Si Dios quiere!”, es una expresión que escucho desde niño y no sé si tenga equivalencia en otras religiones y culturas.

¿Me estás diciendo que existe la posibilidad de que el Todobondadoso Diosito no quiera y a mitad de la noche me mande una notificación de baja definitiva en forma de muerte de cuna?

https://vanguardia.com.mx/opinion/las-pequenas-cosas-ML23398004

¿O quizás, en un arranque de creatividad, nos envíe un deslave que arrase con toda la comunidad sólo para dejarnos en claro que “no quería”? ¡Hombre! ¡Qué alivio!

Desde entonces, eso de “si Dios quiere” me suena a amenaza sutil.

Con esa misma tranquilidad que sólo Yahvé el Despiadado nos puede dar, nos desearon feliz fin de semana los servicios noticiosos. Casi que nos dijeron: “Chupe, endéudese al tope y entréguese al fornicio, ya que es muy probable que la inteligencia artificial aniquile a la humanidad para finales de esta década... o antes... posiblemente mañana... ¡Buenas noches, nos vemos el lunes... Si Dios quiere!”.

Y así, después de dar la voz de alarma y sembrar el pánico, las agencias y medios cerraron el ciclo informativo de la semana y tan orondos se fueron a descansar.

Entraron al relevo los youtubers y podcasteros, aprovechando la coyuntura para monetizar el miedo recién desbloqueado y darnos su versión de lo que este ominoso anuncio del fin del mundo significaba.

Los auténticos divulgadores científicos coincidieron en que debemos tomar en cuenta varios matices antes de entrar en pánico.

Sucede que un tal Jacob Coxon, un ingeniero de apenas 27 años y exempleado de dos de los principales desarrolladores en el ramo de la inteligencia artificial, OpenAI y Anthropic, renunció a esta última no sin antes soltar su calamitosa advertencia sobre el fin de los tiempos.

Coxon afirmó que los desarrolladores no están actuando responsablemente en su loca carrera por hacerse con una superinteligencia cibernética (una a la que no le tengamos que corregir cuáles hongos sí son venenosos); lo que podría comprometer seriamente nuestra supervivencia como especie porque, ya usté’ sabe: Skynet, el T-800, Sarah Connor, “¡hasta la vista!”... Cha-cha, chán, cha-chán.

Y por increíble y contraintuitivo que parezca, otro ingeniero de Anthropic, Evan Hubinger, quien se desempeña precisamente en el área de seguridad, en vez de refutar a su excolega le dio la razón, posteando en Twitter: “Jacob tiene razón, aquí honestamente creemos que la IA puede matar a todos los seres humanos...”.

Y calculó que, pese a que le están echando muchas ganas, las posibilidades de que el ciberapocalipsis ocurra son de un 10 por ciento dentro de la próxima década.

¿Ya o todavía no?

https://vanguardia.com.mx/opinion/la-hora-de-la-verdad-para-la-ia-BC23474603

¿No le parece un tanto curioso que un empleado de un corporativo salga tan fresco a decir: “En efecto, hay una buena posibilidad de que aquí estemos provocando el Armagedón, pero... ¡hey! ¡Alguien tiene que proveerle a la humanidad sus memes generados con IA!”?

Pero sumado al hecho de que no hay un estudio que respalde dicha estimación (ese presunto 10 por ciento probabilístico se lo habría sacado Hubinger de las... mangas), expertos señalan que Coxon faltó repetidamente a la verdad en las diversas entrevistas televisivas a las que curiosamente fue invitado sólo por hacer un extravagante anuncio alarmista.

Y luego está la sospechosa reacción y postura que diversos magnates del desarrollo de la inteligencia artificial adoptan ante estas advertencias.

Gente como Sam Altman (OpenAI), Demis Hassabis (Google DeepMind), Dario Amodei (Anthropic) y el Pato Lucas de este clan, Elon Musk, todos se pronuncian por regulaciones más robustas de parte del gobierno que metan un freno de emergencia para evaluar los riesgos antes de seguir desarrollando algo que se nos puede salir de control.

¿Lo puede creer? ¡Los máximos exponentes del neoliberalismo pidiendo ahora que el Estado intervenga y frene el desarrollo de una carrera tecnológica en la que son punteros! ¡Válgame el Guatafoc! ¿Alguien me quiere decir cuándo adquirieron conciencia social?

Si todavía no entiende dónde está el truco, aquí se lo explicamos con guayabas (ya sé que se dice “con manzanas”, pero a mí me gustan las guayabas):

Sucede que un marco regulatorio estricto obligaría a cualquier desarrollador a implementar costosas áreas de investigación en seguridad, a solventar auditorías y certificaciones, a tener una constante representación legal... Costos que las grandes compañías desde luego pueden solventar. ¿Pero qué me dice de la pequeña empresa independiente, de la start-up de jóvenes desarrolladores, de una iniciativa modesta?

Lo que estarían haciendo los grandes emporios (que ya tienen una parte considerable de su capital invertido en lo que podría ser sólo una gran burbuja) es anular a los pequeños competidores antes de que se conviertan en auténticos rivales que les puedan disputar después la supremacía en el mercado de la IA o, peor aún, ofrecer una inteligencia artificial de código abierto, accesible para todos, es decir, gratuita, que vuelva a los gigantes completamente innecesarios.

Aunque en efecto la IA no está exenta de riesgos, Musk y sus otros amigos androides (Altman, Hassabis y Amodei) estarían sembrando en nosotros un miedo injustificado para quedarse como los únicos dueños del pastel.

https://vanguardia.com.mx/tech/la-inteligencia-artificial-podria-acabar-con-la-humanidad-como-debemos-tomarlo-FA23450162

Y me acordé a propósito de cierto filósofo brasileño, el tal Diego Ruzzarín, un embustero que se dedica a la apología de los peores regímenes populistas desde un intrincado andamiaje pseudointelectual con una rebuscada jerga filosófica.

Pese a que se dedica a tergiversar hechos para alimentar el encono anticapitalista, apabullando con su verborrea incontestable a quien se anime a “debatir” con él, su fuerte es la zalamería política a sueldo con tarifas varias: paquete Básico, lavada de cara de administraciones corruptas; paquete Especial, blanqueado de regímenes autoritarios; paquete Premium, cromada de pivote para dictadores (pregunte por nuestros paquetes para genocidas).

Y ya viendo que estaba de oferta, la administración estatal en Veracruz invitó a Ruzzarín a dar una conferencia por la cual este enemigo del capitalismo cobró cerca de un millón de pesos.

Ya las redes se encargaron de balconearlo como el hipócrita y fraudulento sofista que es. Y es que nadie se opone a que cobre (todo trabajo debe ser remunerado); pero es el cobro abusivo y de ninguna manera justificado a las arcas públicas lo que lo pone en entredicho con la filosofía que, según él, pregona.

Porque resulta ser idéntico a los peores capitalistas neoliberales que tanto critica: sembrando el miedo y el repudio a algo (la IA, el capitalismo) para luego aprovechar y servirse a puños de eso mismo que se supone debíamos temer y aborrecer. ¡Vaya manga de farsantes!

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Columna: Nación Petatiux

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