Las pequeñas cosas...
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Parece que a Salazar se le cumplieron sus sueños de notoriedad, ya que ayer su nombre se volvió tendencia por vez primera en su cochina existencia
Mientras esperamos otra película de los Avengers o un nuevo audio de Marina del Pilar (lo que ocurra primero), me gustaría desahogar algunos temas que no quiero abordar a profundidad, pero tampoco dejan de darme vueltas en la cabeza.
En lo que un nuevo escándalo se cocina para acaparar la conversación nacional, he aquí algunos asuntos que necesito sacar de mi sistema cuanto antes:
I) Como no podía saberse, México o, mejor dicho, su actual sistema educativo (la llamada Nueva Escuela Mexicana) resultó deplorablemente calificado por la OCDE en su más reciente evaluación trienal conocida como la Prueba PISA.
Nada que no pudiéramos anticipar: De haber obtenido un lugar destacado con respecto a otras naciones, evidentemente estarían ya presumiendo el logro desde el Gobierno, pero no siendo ni de churro el caso (el cazo), es la prueba la que no sirve.
Es de que... “una misma prueba para todos los países tiene sus limitaciones”, justificó la doctora Presidenta. Como que la misma prueba no puede servir para evaluar por igual a un niño filipino, a otro de Indonesia y a uno del Edomex.
Pero sucede que el peor descenso educativo lo sufrió México en el campo de las matemáticas y no sé si sepa nuestra científica comandanta, pero la fórmula general para resolver ecuaciones de segundo grado es la misma en todos los países, en todos los idiomas y en todas las culturas.
Pero desde que tomaron el control educativo vienen insistiendo con la monserga de que la ciencia y el conocimiento son eurocentristas (aunque en realidad la gran tradición matemática viene de los países árabes); y que es mejor (o al menos igual de importante) inculcar valores nacionalistas e historia reciente de México (o sea, enseñar que Calderón se robó la elección de 2006 y que AMLO es el Padre Putativo de esta Nación), así como saberes ancestrales, lo cual equivale a enseñar que la lluvia se detiene enterrando un cuchillo en la tierra.
Se advirtió desde que vimos el contenido y dudoso valor didáctico de los libros de texto (diseñados para adoctrinar); lo anticipamos desde que conocimos al fanático resentido que pusieron al frente de la educación, Marx Arriaga; y lo refrendamos cuando atestiguamos la pataleta ridícula que hizo para soltar su hueso de burócrata.
No necesitábamos ningún oráculo o pitonisa para saber que México iba a salir de la “chindaga”, como dijera el niño disléxico.
Y nuevamente, a aplicar la vieja confiable de la Transformación: “Instrumento que me evalúa desfavorablemente, instrumento que no sirve, que está roto, que se hizo con un criterio neoliberal y eminentemente capitalista; que no toma en cuenta los valores, la felicidad, las tradiciones, la cultura, la soberanía ni el orgullo de nuestros pueblos originarios”.
Hoy es la OCDE, pero también es la ONU, si ésta quiere señalar la gravedad de la crisis de desaparecidos en México; o el Departamento de Justicia gringo, cuando investiga el contubernio narco-político en México; o el Financial Times, si hace observaciones desfavorables o pronósticos poco optimistas sobre nuestro desarrollo económico.
Pero si en algo es experto este régimen es en instrumentar sus propios mecanismos de control y evaluación, de los que jamás nos detallan tampoco su metodología, sólo nos sueltan el resultado en bruto en cualquier mañanera: “¡No se preocupen, pueblo bueno, que todo está con má-de-re!”.
II) Dicen que hay que tener cuidado con lo que deseamos porque capaz que se nos concede.
Desde su salida del hoy extinto Partido Acción Nacional coahuilense para renacer luego en la fe de AMLO, nuestro señor, el hoy morenista Luis Fernando Salazar sostiene una batalla perenne por no caer en la irrelevancia.
Quizás hizo bien Salazar en saltar a tiempo de la nave albiazul, pero eso tampoco significa que sea bien recibido en la lancha de la Transformación que, en nuestra entidad apenas y sobrevive, pues las prerrogativas son exclusivas para los dueños de la lana (¡Carajo! ¡Igualito que en el PAN! ¡Luis Fernando quedó Pennywise!).
El caso es que el pago por desertar como joven promesa de la derecha azul y unirse a la derecha obradorista fue su escaño en el Congreso, pero de ello a que tenga algún futuro...
Jamás fue objeto de nota nacional, hasta ayer que obtuvo la notoriedad de los pendejos, es decir, la que otorga un desafortunado tuitazo.
No tan horrible como “Vil Leeches”, pero casi: A nuestro insigne senador coahuilteco se le ocurrió tratar de amedrentar al periodista que dio a conocer que la precandidata morenista en Baja California, Julieta Ramírez, estaría también en pláticas de colaboración con agencias gringas.
“Vamos a ir tras de ti...”, le dijo un representante del poder a un periodista, justo en el país más peligroso para el ejercicio de esta profesión, justo en el año en que ocho periodistas han sido asesinados por bravucones como él (nomás que bravucones sin fuero).
Pues parece que a Salazar se le cumplieron sus sueños de notoriedad, ya que ayer su nombre se volvió tendencia por vez primera en su cochina existencia. Diversos líderes de opinión le sacaron a relucir hasta lo improductivo de su labor legislativa, por no mencionar lo matón y abusivo de su comentario en redes.
Como se dice vulgarmente, al pobre Salazar ya lo traían a puro pan y reata... Y para su desgracia –¡oh, ironía!–, igual que en su carrera política, se acabó el pan.
III) NOTI RANCH (sólo para los de casa). A los habitantes de esta Saraperópolis, sabed:
Conozco a Óscar Nájera Davis desde que tenía yo 11 o 12 años (disculpen si no le llamo “el Lic” o “Magistrado Nájera”; en mi familia sólo es Óscar).
Creo que ni siquiera era estudiante de Derecho, sino actor amateur (ahí pregúntenle ustedes por esa faceta desconocida suya).
Y desde entonces su trayectoria ha pecado incluso de predecible, pues no hay objetivo que se proponga y que no logre con metódica pulcritud y resultados dignos de reconocimiento.
Cuando ingresó a Juris, supe que sería un alumno destacado y, desde luego, presidió la Sociedad de Alumnos para luego graduarse con honores.
Como profesionista, era obvio que iba a ocupar el cargo más alto posible y fue magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Estado. Y como docente sabía yo que llegaría a ser uno de los más doctos y queridos catedráticos de su amada Facultad de Derecho, de la que siempre supe también que un día sería el director.
Hoy se celebran elecciones en esta facultad y, pese a que han tratado de destruir su candidatura, sé que el resultado será tan predecible como la intachable carrera de Óscar.