El contagio francés en México

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Opinión
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En 1968, el Mayo Francés, que galvanizó a los universitarios del mundo, tardó siete semanas en aterrizar como fenómeno en México. Hoy, lo hizo en menos de dos

En tan sólo nueve días, la disidencia del sindicato del Seguro Social dobló al gobierno. Las protestas y bloqueos fueron inicialmente minimizados por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien sugirió que habían sido magnificados por los medios de comunicación. Varios de los radicales en Palacio Nacional, encabezados por Jesús Ramírez Cuevas, jefe de la maquinaria propagandística del régimen y coordinador de asesores de Sheinbaum, propusieron mantener la narrativa de que se trataba de un grupo manipulado por la extrema derecha para afectar “al movimiento”. La narrativa, dijo Ramírez Cuevas, hay que sostenerla. Definitivamente, como escribí hace casi 12 años sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto –popularizado por el semanario The Economist–, todavía hoy no entienden que no entienden.

Zoé Robledo, director del Seguro Social, no esperó las movilizaciones de los trabajadores del instituto previstas para ayer. A media mañana anunció un incremento del 8 por ciento al salario –4 por ciento al salario tabular y 4 por ciento en prestaciones–, superior no sólo en 1.2 por ciento a lo que había ofrecido originalmente –que detonó las protestas–, sino 1.5 por ciento arriba de lo que 24 horas antes estaba dispuesto a ofrecer. El miedo doblegó al gobierno. Haber reculado no fue malo en lo general, pero no resuelve el problema de fondo: la creciente agitación social en el país, sin herramientas para atajarla.

Chihuahua, un pantano de simulaciones de justicia

De enero a septiembre de este año se registraron 3 mil 108 bloqueos, plantones, marchas y manifestaciones en la Ciudad de México, de acuerdo con la agenda de movilizaciones de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, revelada recientemente por N+. No es el momento de mayor efervescencia en las calles de la capital, que tuvo picos superiores en 2010 (6 mil 294) y 2013 (siete mil 910), eminentemente políticos, alimentados por el rencor del expresidente Andrés Manuel López Obrador contra Felipe Calderón y por su espíritu desestabilizador contra el gobierno de Peña Nieto, debido a sus reformas estructurales.

Esta comparación no es consuelo para Sheinbaum. Aquellas movilizaciones fueron parte de una estrategia exitosa de largo aliento para debilitar a los gobiernos del PAN y el PRI, y sembrar las semillas que le permitieron a López Obrador ganar la Presidencia. Las movilizaciones en estos primeros nueve meses son diversas, no electorales, y aumentaron 25 por ciento con respecto al año pasado, de 2 mil 489 a 3 mil 108, con un promedio este año de 11.6 por día. No están contabilizadas aún las movilizaciones de los trabajadores del Seguro Social, ni las crecientes protestas y bloqueos de las madres y familiares de los desaparecidos, como la que cerró desde el martes casi en su totalidad la autopista México-Toluca durante más de 20 horas.

No hay datos confiables sobre cómo se encuentra el humor social, y las encuestas de aprobación presidencial, que apuntan a que los mexicanos están felices, tampoco son fiables. Un síntoma es la contradicción con lo que Javier Márquez, director de Investigación de Buendía & Márquez, ha estudiado por años: la aprobación presidencial está directamente relacionada con la percepción positiva en el Índice de Confianza del Consumidor, elaborado por el Inegi y el Banco Mundial, que en septiembre cumplió 21 meses de racha negativa –con una caída anualizada de 1.0 por ciento– en la expectativa económica del mexicano, hoy en día, y para dentro de un año.

El ambiente mexicano se sigue calentando y la conflictividad crece. El número de movilizaciones no establece la métrica del descontento, sino cuántos sectores participan, cuánto duran las protestas, qué derechos están en disputa y qué capacidad tiene el gobierno para resolver tales demandas. “Con dinero todo es más barato”, decía Fernando Gutiérrez Barrios, un político-policía leyenda en México. Cierto, pero el problema del gobierno es que no tiene dinero para todo lo que quiere, dice que está haciendo y promete que hará. Ayer, el columnista de El Financiero, Alejo Sánchez Cano, explicó con mano de cirujano el dilema de Sheinbaum:

“La 4T construyó una gigantesca camisa de fuerza presupuestal y ahora el gobierno de Claudia Sheinbaum está atrapado dentro de ella. No hay dinero suficiente porque durante años se privilegió el gasto político sobre la inversión productiva, se multiplicaron compromisos permanentes y se destinaron cantidades monumentales a proyectos emblemáticos del obradorismo, cuya rentabilidad económica sigue siendo cuestionada. El resultado está a la vista: un gobierno con enormes obligaciones, una economía que no crece lo suficiente y una deuda que deberá utilizarse para cubrir el déficit”.

Las condiciones sociales, políticas y económicas por las que atraviesa México se cruzaron en las últimas semanas con las movilizaciones en Europa, que comenzaron en Francia hace casi tres meses en los liceos, exigiendo mejoras en la infraestructura educativa, menos alumnos en los salones y más profesores, y se fueron sumando sectores con diferentes demandas, que van desde el costo de vida y vivienda accesible hasta mejores salarios, crecimiento, seguridad y gasto público. Todos esos factores de la rebelión de las calles europeas tienen su espejo en México.

Las movilizaciones en las calles mexicanas son síntomas de una conflictividad que atraviesa distintos ámbitos de la vida pública: servicios de salud, educación, derechos laborales, desapariciones y seguridad. No son expresiones de una sola causa, pero su concurrencia puede ser políticamente significativa. Lo que no había, movilizaciones estudiantiles –salvo casos aislados como la toma del Canal 11–, ya comenzó.

Toman jóvenes las calles pasa visibilizar el malestar social que recorre el planeta

En las dos últimas semanas se dieron intentos de toma de preparatorias de la UNAM y el Colegio de Bachilleres. Las prepas 8 y 1 tienen clases suspendidas por los amagos de grupos aparentemente estudiantiles que amenazaron con tomarlas. Ayer en la madrugada, el personal de Prepa 8 impidió la toma del plantel, mientras que la Facultad de Estudios Superiores Aragón también amaneció con problemas. El martes por la noche, la Universidad Autónoma Metropolitana en Iztapalapa se fue a paro y es posible que el campus en Azcapotzalco la siga.

Observadores de la vida estudiantil dicen que es cíclico que, tras la conmemoración anual para no olvidar la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, se registren típicamente movilizaciones y paros, pero que en esta ocasión aumentaron los eventos más tarde de lo que habían sido y con orígenes que aún no desentrañan.

El contagio francés, símbolo de la revuelta juvenil que está empezando a envolver al mundo, ya llegó a México. En 1968, el Mayo Francés, que galvanizó a los universitarios del mundo, tardó siete semanas en aterrizar como fenómeno en México. Hoy, lo hizo en menos de dos semanas. Sobre qué viene, nadie puede saberlo.

rrivapalacio2024@gmail.com

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Periodista en busca de decodificar la toma de decisiones en la política mexicana y exponer las tensiones del sistema en el que operan. Actualmente es director general del periódico digital Eje Central.

Columna: Estrictamente personal

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