El desierto no calló a los jóvenes
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Por: Abril Medina Martínez
¿Qué pasa por la mente de un adolescente? ¿Será que quieren escribir un libro? No quieren ni leer. Sin embargo, en Ficciones desde el desierto. Antología del taller literario y su Tamalera (2022), obra compilada por Miguel García en Cuatro Ciénegas, Coahuila, encontramos una prueba de la creatividad y el talento de once jóvenes, dos profesores y 43 historias que desafían nuestras expectativas.
El profesor pasó por las aulas del CBTa No. 22 también como estudiante y, cuando regresó, lo hizo sin olvidar la influencia del escritor Jesús de León Montalvo, maestro de Letras españolas que le dejó una huella profunda por su consejo: “Olvídense de publicar la gran obra de Coahuila y pónganse a enseñar a los chicos de prepa a leer y escribir”. Inspirado por estas palabras, García Torres decidió crear un taller literario en su antigua escuela. Lo que comenzó como un homenaje a su mentor pronto se transformó en un compromiso con la comunidad. Aunque al principio sólo se unieron pocos estudiantes, todos compartían una pasión por la literatura, aunque no lo supieran de inicio. Como resultado de su ímpetu nació la primera revista anual del club, La Tamalera, con un tiraje de apenas 300 volúmenes a pura fotocopia y se dio la primera colaboración con el diario Vanguardia de Saltillo en 2016.
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Las sesiones del club se convirtieron en un espacio de risa, discusión y narrativa. Los jóvenes aprendieron a corregir sus textos y a aceptar críticas. Cada jueves se reunían en una banca de la escuela, donde las ideas volaban y las historias cobraban vida. Gracias al esfuerzo conjunto, su primer gran éxito llegó en 2022: la publicación del primer libro del club. Para el tallerista, este logro demostró que la dedicación y el esfuerzo podían convertir sueños en realidad, consolidando su proyecto en preparatoria como una práctica exitosa con mención especial a Jesús de León.
Como miembro de cuarta generación, puedo asegurar que, en esta antología hecha por alumnos de la segunda y la tercera, es como embarcarse en un viaje a través de realidades diversas y fascinantes. Cada relato es un portal a un universo único.
Comenzamos con la tierna inocencia de “Sándwiches de estrellas” de Gabriela Vallejo, donde una niña desafía la gravedad y se convierte en una viajera espacial: “Rozó con sus dedos el techo de su cuarto; después, logró tocar un par de aves que descansaban en un árbol”. Vallejo capturó toda mi atención en las primeras líneas de su segundo párrafo. Pasamos de leer que una niña siempre salta en su colchón después de clases a una niña que es capaz de atravesar el techo de su habitación con una fuerza sobrehumana. ¡Cómo no se me ocurrió una idea así para escribirla! Su potente y corto texto impulsó que se inaugurara un espacio en Vanguardia para los futuros miembros del taller en 2016 hasta la fecha. Con la infinidad de tonterías que hace un bebé o un niño pequeño, podría explotar cualquiera y ya tener mí propio libro. “La niña subía a lo más alto de cualquier luna y ahí hacía montañas de polvo cósmico; después soplaba fuerte hasta esparcirlo de nuevo. Saltó una y otra vez, una y otra vez, persiguiendo cometas y huyendo de agujeros negros”. Cada detalle en la narración de Vallejo Salas me hizo sentir como si estuviera acompañando a la protagonista en su aventura intergaláctica. Además, su capacidad para tejer una historia que mezcla lo cotidiano con lo fantástico demuestra su ingenio.
En contraste, “Un hueco en el estómago” de Eduardo Franco nos sumerge en una atmósfera más oscura, a pesar del chico que usaba camisetas de Dragon Ball Z. Admitamos que es un golpe bajo para los otakus, pero ¿era necesario ese final tan grotesco para el padre? Y cito: “Antes de que pudiera defenderse, corrí cual samurái y de un solo tajo le corté la cabeza por la mitad. Ahora jamás podría acusarme de infantil”. Tal cual un anime de monstruos y guerreros. Nunca pasó por mi cabeza escribir escenas así, ¿o me censuraba a mí misma? Franco Arzola nos lleva a un lugar sombrío, explorando las profundidades de la ira y el resentimiento. Es un recordatorio inquietante de que detrás de cada rostro juvenil, hay un revoltijo de reflexiones y sentimientos que rara vez se expresan abiertamente. Franco lleva a un extremo fascinante y perturbador el deseo de ser aceptado, temáticas universales en la adolescencia.
Y ni hablemos de la piel de gallina que se le pone a uno al leer “Crónica de un sismo” de Adelina Trejo, basada en hechos reales durante el sismo de 2017 en la Ciudad de México. Yo no sería capaz de plasmar ese trauma. “Eran las 13:14 horas cuando empezó todo. Sentí que el piso vibraba y pensé que era por algún camión, ya que la alarma no sonaba; pero luego un chico que estaba en la misma mesa que yo dijo: está temblando”. Trejo Espinoza no solo narra los eventos con una precisión escalofriante, sino que también captura el pánico, la incertidumbre y la desesperación que se apoderaron de la ciudad. Su relato me hizo revivir las noticias de aquel día, recordándome lo frágil que puede ser nuestra existencia. La valentía de la exalumna del CBTa 22 es admirable y demuestra su habilidad para transformar la experiencia traumática en una narrativa poderosa que resuena profundamente.
La atmósfera de los relatos breves en Ficciones desde el desierto (2022) es tan diversa como cada tamal que tiene México en su gastronomía. La diversidad de estilos demuestra el amplio talento y capacidad de los jóvenes para adaptarse y experimentar con distintas formas de expresión literaria. Aun así, es sorprendente cómo un solo autor de esta antología fue capaz de narrar más de tres textos con tono, trama y estilo diferentes. A pesar de que sólo hay cuatro mujeres entre las narradoras, son las que arrasan con las páginas, porque entre todas suman casi la mitad de los textos compilados. Sin duda, es una motivación muy grande para mí. Cada una de ellas aporta una perspectiva única, abordando temas que van desde lo cotidiano hasta lo extraordinario, y exhibe su habilidad para capturar las complejidades de la experiencia humana. Su presencia en este libro demuestra que la voz femenina es poderosa en el panorama literario de Cuatro Ciénegas.
Ahora hablemos de ¿cómo logra este grupo de jóvenes convertir ideas efímeras en relatos que perduran? Bajo la guía del par de escritores, Miguel García y Juan Carlos Domínguez, el taller no sólo fomenta la lecto-escritura, sino también la habilidad de revisar y corregir cada texto hasta la pulcritud que permita el nivel educativo de bachillerato. Cada uno de los títulos de esta antología llegó a ser calificado para publicarse en un libro colectivo, mismo donde nunca se les limita su voz a los jóvenes. Un claro ejemplo de libertad creativa es “Una puta especial” de Nallensy Rodríguez, cuyo relato me sorprendió por no tener un blur en el título o algún asterisco que censure lo explícito de sus párrafos. Por ejemplo, dice: “Mi novia me terminó por un fulano. Dijo que yo estaba enfermo, que era un loco de atar [...] así que me fui a emborrachar yo solo. No necesitaba a nadie porque sabía que iba a cogerme a cualquier zorra de cantina.” Rodríguez Medina lo hace de una manera que te hace creer que fue poseída por el espíritu de un hombre bastante patán. Eso no es todo, esta personalidad se mezcla con el deseo de una mujer de la vida galante con experiencia y eleva el texto aún más: “...quiero que me penetres una y otra vez, que me hagas sentir lo puta que soy; quiero que me disfrutes y no pares de hacerme tuya. Eso quiero...”. Claro que los jóvenes hablan de sexo todo el tiempo; pero Nallensy lo plasmó de una forma impactante. La crudeza con la que aborda el tema del deseo y la desesperación es refrescante y valiente. Así Rodríguez Medina reta a las normas sociales con su narrativa.
Cada historia representa un paso adelante en la pericia literaria de los jóvenes autores. Ejemplos de ello, son el poema “La vieja confiable” de Diana López. En cuatro estrofas ella reflejó la frustración y aburrimiento por la dinámica tan monótona que, en su época, implementaba el profesor Miguel dentro de su taller: “Piensen en dos palabras: / una, un personaje y otra, un objeto. / Dios, ya se me van las cabras. / No puedo con este sufrimiento”. Sólo me queda agradecer a López García por el hecho de darle voz a lo que cualquier miembro del club de narrativa sintió alguna vez. Sus palabras fueron un: “Yo te entiendo, no estás loca por creer que alguna sesión es aburrida”. Con ese poema fue capaz de darle una cachetada a la rutina de Miguel y, aun así, ser publicada. Ídola. Y ni se diga “Lectura mortal” de Salvador Guajardo, quien tuvo la osadía de convertir en villano a su tallerista con su relato de terror, a raíz de que a él siempre le gustaba leer en voz alta: “Verá Salvador. Nunca había odiado tanto a una persona hasta que usted entró a mi taller. Le encanta leer y admito que es bueno. Pero ¿adivine qué? ¡A mí también me fascina! Y usted quiere arrebatarme ese instante de paz, a salvo de las interrupciones de mis hijos y esposa”. ¡Qué motivo tan nerd para matar a alguien! Fue un halago para Miguel en 2022 y una ironía en 2024. Ahora el profe es quien ruega cada sesión por alguien más que lea los textos. Sus clases le dejan la garganta seca y ya pide tiempo fuera. En fin, la narrativa de Guajardo Ayala combina humor y horror de una manera única. Su capacidad para jugar con las expectativas del lector y engañarlas con un giro macabro es notable, muestra su oficio y un talento natural para el género de terror.
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Y si piensan que todo es sangre, sexo, tragedias o echarle tierra a la mente detrás de Ficciones desde el desierto, están equivocados. El relato “A golpes de tecla y tambor”, de Ameed Clark López, viene a darle el toque de humor, narrando una épica pelea entre los imberbes autores del círculo para ficciones breves y los elementos de la banda de guerra del CBTa 22, muy al estilo de una película de Omar Chaparro. Así describe parte de la batalla: “Menos desorientado me alcé del piso y miré a los costados [...] A mi derecha, se encontraban los profesores. El instructor de banda hacía sonar su corneta con gran fuerza sobre la cara de nuestro tallerista, mientras éste le señalaba las faltas de ortografía en el currículo del viejo sargento”. Es imposible no imaginar una escena así, o incluso no identificarse, ya que hasta la fecha los ensayos de la banda de guerra aún se empatan con las sesiones de nuestra aula. Clark López utiliza la sátira para abordar los conflictos cotidianos de la vida escolar, transformando una situación común (e imposible de erradicar) en una narrativa hilarante y memorable. Cada párrafo es una muestra de cómo se puede escribir para criticar aspectos de la vida real, mientras se mantiene un tono ligero y entretenido. Con esta aparición, se amplía el registro o lista de géneros en el compendio de historias estudiantiles. Si otro hubiera sido el editor y compilador de esta antología, debido a los ataques a su ego, la pésima imagen que pueden darle o por el simple hecho de que no quiere que le den de trompetazos en la cabeza, estos cuentos cortos no hubieran visto la luz.
Esta antología ofrece una travesía literaria que refleja diversidad y creatividad por parte de los narradores, quienes han sido guiados con dedicación y visión. Es un recordatorio elocuente de que, incluso en los lugares más remotos como Cuatro Ciénegas, la literatura puede florecer como un oasis de imaginación. La colección de relatos no solo destaca por su variedad de temas y estilos, sino también por la manera en que cada autor aborda cuestiones universales desde su perspectiva única. Además, esta diversidad de voces y experiencias ofrece un panorama amplio y complejo de la realidad juvenil en el municipio. La antología es una prueba de que la literatura no tiene límites geográficos, incluso a la mitad del desierto coahuilense.
Ficha bibliográfica:
Vallejo Salas, Gabriela et al. Ficciones desde el desierto. Antología del taller literario y su Tamalera (2022). Auto publicación en Amazon, 154 páginas.
FICHA BIOGRÁFICA:
ABRIL MEDINA MARTÍNEZ (Cuatro Ciénegas, 2006). Becaria del PECDA Coahuila 2024 y finalista en la FEMECI Coahuila del mismo año, cursa el tercer semestre de Ingeniería Mecánica en el TECNM campus Monclova. Ganó el X Premio Estatal de Cuento “Naturaleza y sociedad” 2022 y fue mención especial en el 16° Concurso Infantil y Juvenil de Cuento 2023. Ha publicado cuento para el periódico Vanguardia de Saltillo y La Tamalera del taller literario “Ficciones desde el desierto” del CBTa No. 22.