El fracaso del reequilibrio económico de China

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Opinión
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El problema ha ido de mal en peor

Por Stephen S. Roach, Project Syndicate.

NEW HAVEN- Los esfuerzos de China por reequilibrar su economía han sido un fracaso estrepitoso. Casi dos décadas después de que el ex primer ministro Wen Jiabao lamentara la excesiva dependencia de la economía china de un crecimiento impulsado por la inversión y las exportaciones, el problema ha ido de mal en peor. La falta de un reequilibrio significativo impulsado por el consumo implica una mayor dependencia de estas fuentes de actividad económica ya desgastadas, lo que plantea cuestiones críticas para China y el resto del mundo.

Como primer economista occidental en destacar la perspectiva de China sobre la necesidad de dicho reequilibrio, me decepciona especialmente escribir estas palabras. Recuerdo estar sentado en una sala de reuniones de Pekín en marzo de 2007, viendo la rueda de prensa de Wen tras la conclusión de la Asamblea Popular Nacional. Éramos un pequeño grupo de asistentes, entre los que se encontraban algunos altos funcionarios chinos, cuando Wen pronunció su ya famosa crítica a la estructura económica de China. Aunque a simple vista parecía sólida, advirtió, la economía se estaba volviendo cada vez más “inestable, desequilibrada, descoordinada e insostenible”.

Se oyó un murmullo entre los funcionarios chinos presentes en la sala, quienes tradujeron las declaraciones del primer ministro y subrayaron su importancia, presagiando un intenso debate en los círculos políticos del país. Volví a mi habitación de hotel y escribí mi primer artículo sobre la necesidad imperiosa de reequilibrar la economía china, que se convirtió en la base de mi testimonio ante la Comisión de Finanzas del Senado de los Estados Unidos casi dos semanas después.

Destacé el nuevo sentido de urgencia de China por cambiar su modelo de desarrollo, pasando de la inversión y las exportaciones a un crecimiento impulsado por el consumo. Subrayé los demás cambios estructurales que este giro conllevaría: pasar de la industria manufacturera a los servicios, y del exceso de ahorro a la absorción del ahorro, lo que reduciría el superávit por cuenta corriente y financiaría una red de seguridad social más amplia. Consideré los “cuatro no” de Wen, como los bauticé más tarde, como una señal importante por parte de los dirigentes chinos de su disposición a hacer lo necesario para reequilibrar la economía. Estaba convencido de que era una cuestión de cuándo, no de si.

Pero ya es hora de afrontar la realidad. Las ventas minoristas de China cayeron un 0,6 % interanual en mayo de 2026, un descenso inesperado tras un anémico aumento del 0.2 % en abril, y el primer descenso mensual en tres años y medio. Mientras tanto, el último dato sobre el consumo de los hogares como porcentaje del PIB es de apenas el 39.9 %, prácticamente idéntico al nivel de 2005 (39.8 %), que Wen tenía presente cuando lamentaba los “cuatro no” a principios de 2007. Dado que el último dato corresponde a 2024, y que el consumo chino mostró una debilidad continuada en 2025 y a principios de 2026, hay motivos fundados para creer que la proporción actual del consumo en la economía ha caído por debajo del punto de referencia de Wen de 2005.

Se han planteado varias explicaciones para este resultado: una prolongada crisis inmobiliaria, la baja proporción de los ingresos de los hogares, las secuelas de la COVID-19, los cambios demográficos y el elevado desempleo juvenil. Mi explicación favorita ha sido desde hace tiempo una red de seguridad social inadecuada, que fomenta el ahorro preventivo impulsado por el miedo, lo que, a su vez, frena el consumo discrecional. Aunque todos estos factores podrían muy bien estar influyendo, el exceso de ahorro preventivo es, en mi opinión, el principal obstáculo estructural a largo plazo para la demanda de consumo china.

Sea cual sea la explicación, estos acontecimientos no han pasado desapercibidos para los altos dirigentes chinos. El presidente Xi Jinping destacó recientemente la importancia estratégica de impulsar la demanda interna, algo que también subrayó el primer ministro Li Qiang en su “informe de trabajo” de marzo de 2026. Lamentablemente, esto se ha esgrimido como prioridad con tanta frecuencia durante las últimas dos décadas que ha perdido toda credibilidad. Si bien es alentador que el Consejo de Estado de China haya relajado recientemente algunas restricciones del hukou , facilitando a los trabajadores migrantes un acceso más flexible a la seguridad social, se necesita mucho más para reducir la inseguridad de los hogares y poner fin al ciclo de promesas excesivas y resultados insuficientes.

Hay quien descarta el fracaso del reequilibrio impulsado por el consumo en China como un espejismo estadístico, sobre todo porque, supuestamente, excluye el apoyo gubernamental a las “transferencias sociales en especie”, como la educación, la sanidad, los servicios culturales y los alimentos subvencionados. Aunque esta afirmación pueda tener cierta validez técnica, no cambia la conclusión fundamental: el consumo de los hogares como porcentaje del PIB chino, ya sea ajustado o no, no es hoy más elevado de lo que era cuando Wen Jiabao llamó la atención por primera vez sobre esta cuestión.

Esta inercia tiene dos implicaciones preocupantes. En primer lugar, la población china sigue siendo un mero espectador. El Estado, las empresas estatales y las empresas privadas siguen cosechando una parte desproporcionada de los frutos del desarrollo económico chino. Esto pone en tela de juicio las perspectivas de crecimiento continuado de la clase media, considerada desde hace tiempo como la beneficiaria a la que aspira la República Popular China.

En segundo lugar, un consumo por debajo de lo esperado sugiere que China seguirá dependiendo de las exportaciones y la inversión para impulsar el crecimiento, especialmente de las “nuevas fuerzas productivas de calidad“ impulsadas por la tecnología que Xi Jinping sigue destacando. Es cierto que China se ha fijado un objetivo de crecimiento del PIB más modesto, del 4.5-5 % para 2026, aproximadamente la mitad de la espectacular trayectoria de crecimiento del 9.3 % registrada entre 1980 y 2020. Pero dado que la cuota de China en el PIB mundial (en términos de paridad de poder adquisitivo) es casi diez veces mayor que en 1980, sus exportaciones tienen ahora un impacto mucho mayor en el PIB mundial. Según algunas estimaciones, la cuota de China en la industria manufacturera mundial (en términos de valor añadido) aumentará desde el 30 % actual hasta un asombroso 45 % en 2030. Es poco probable que el resto del mundo acoja con agrado tal resultado, lo que aumentaría las perspectivas de un proteccionismo contra China, desde Estados Unidos hasta Europa.

Puede que Wen Jiabao sea el primer ministro olvidado de China, pero la contradicción que él mismo puso de relieve en 2007, el crecimiento sin reequilibrio, sigue siendo el mayor reto macroeconómico del país. Llevo años advirtiendo de ello. Y ahora, en medio de todo el debate sobre el ascenso global de China, el hecho de que el país no aborde sus imperativos de reequilibrio bien podría acabar convirtiéndose en su talón de Aquiles. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Stephen S. Roach, profesor de la Universidad de Yale y expresidente de Morgan Stanley Asia, es autor de *Unbalanced: The Codependency of America and China (Yale University Press, 2014) y Accidental Conflict: America, China, and the Clash of False Narratives (Yale University Press, 2022).

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