El gusanito y la tigresa
Con el gusano barrenador en Castaños, el modelo exportador ganadero de Coahuila va en picada, mientras el plan de rescate de Claudia Sheinbaum no aparece por ningún lado
Érase una vez un gusanito que sufría lo indecible. Soñaba con ser protagonista de fábulas, pero las acciones negativas cometidas en su vida anterior le impedían tal posibilidad. El gusanito es la reencarnación de la tigresa de Champawat, que entre finales del siglo 19 y principios del 20 mató a 436 personas en Nepal y Kumaon, India.
Hoy es un simple gusano que nace desde la larva de “una mosca parásita que infesta heridas al mamífero de sangre caliente (ganado bovino, equino, porcino, ovino y caprino; perros y gatos) para alimentarse de su tejido vivo hasta causar su muerte”.
La mala nueva es que ese gusano barrenador ya está en el municipio de Castaños, Coahuila, por lo cual, “el Centro de Operaciones de Emergencia Sanitaria (federal y estatal) inició las prevenciones del caso” (Meganoticias Laguna: 01-05-2026).
¿Cómo llegó a Coahuila ese terrorífico gusano y qué daños ha causado? Existe un patrón de deterioro institucional que facilitó su arribo a tierras coahuiltecas.
Zedillo, Fox y Calderón erradicaron el gusano barrenador con el apoyo del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). Pero cometieron un error al asumir que el problema estaba resuelto e ignoraron innovar y blindar el sistema o cerco sanitario a largo plazo.
Peña Nieto dio continuidad institucional al trabajo anterior, pero recortó partidas presupuestales, incrementó la burocratización y debilitó el extensionismo rural. La vigilancia en campo disminuyó y la simulación creció.
López Obrador aceleró el deterioro institucional de Senasica y destruyó el cerco sanitario ya debilitado desde Peña Nieto.
Con el machete de la austeridad republicana reconfiguró dependencias y programas, impactó estructuras técnicas y redujo esquemas de inspección, supervisión y apoyo al campo para debilitar la columna vertebral de Senasica: los programas técnicos en territorio, la vigilancia sanitaria y la capacidad de respuesta inmediata. De 2018 a 2024, López Obrador redujo el presupuesto para ese organismo en un 73.5 por ciento, pasando de 6 mil 882 millones de pesos en 2018 a mil 824 millones de pesos en 2024.
Por esas razones, Senasica no mantuvo, entre otras capacidades sustantivas, la planta de machos estériles contra el gusano; abandonó programas de capacitación y comunicación para detección temprana y manejo de heridas en ganado; no estableció puntos de inspección permanentes en la frontera sur ni rutas internas para frenar animales infectados, y tampoco reforzó la cooperación regional ni los acuerdos binacionales con Centro y Sudamérica para detectar ganado enfermo en la frontera.
Peor aún: López Obrador “permitió la entrada de carne de res, cerdo y pollo de Sudamérica y Centroamérica desde 2022 para combatir el aumento de precios en la canasta básica mexicana. Para ello, creó una Licencia Única Universal que eximía a las empresas seleccionadas del pago de impuestos por importación, de trámites burocráticos y de certificaciones sanitarias, pues se confiaba en la responsabilidad del importador para garantizar la calidad de la carne (sic)”.
El 11 de mayo de 2025, USDA “cerró la frontera –de manera unilateral– a la importación de ganado en pie, caballos y bisontes de México tras detectar casos de gusano barrenador en Veracruz”. Con una apertura gradual que duró dos días, del 7 al 9 de julio de 2025, la frontera ha permanecido cerrada a las exportaciones ganaderas a Estados Unidos. En Coahuila hay “hasta 90 mil cabezas acumuladas sin salida”. Y las pérdidas para el sector ganadero del estado “alcanzan los mil 600 millones de pesos” al mes de marzo pasado.
Con el gusano barrenador en Castaños, el modelo exportador ganadero de Coahuila va en picada. El plan de rescate propuesto por Claudia Sheinbaum el 6 de septiembre de 2025, por 700 millones de pesos, que incluía sementales bovinos, fondo de engorda y centros integrales de producción de carne en Durango, Coahuila y Sonora, no aparece por ningún lado. No hay huella pública del programa como política implementada. ¿Se lo habrá engullido el mismo gusano?
Mientras las consecuencias económicas para Coahuila son brutales, las político-electorales en 2027 serán peores para el Gobierno Federal porque el cierre fronterizo, dada su incompetencia, permanecerá de manera indefinida.
El gusanito, alimentado por nuestros políticos, llegó a ser más letal que la tigresa de Champawat.