El rastro del dinero
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No deja de ser raro que Ruffo Appel no figurase en el radar de autoridades no supeditadas al régimen, o de investigaciones periodísticas independientes
Diosito no lo quiera (como dicen las tías), pero vamos a suponer que uno de sus hijos (de usted, no de Dios) le salió vago y licencioso y que, a falta de oficio, se probó como emprendedor y ahora es el proveedor de droga de todos los viciosos de la colonia.
Nomás imagínelo: su junior, su bendición, su querubín no sólo es el “dealer” del barrio, sino que al parecer no tiene competencia, no sabemos si por la relación precio/calidad de su mercancía o por el empleo de métodos poco ortodoxos dentro de las reglas del libre mercado.
El caso es que su chamaco le está vendiendo droga a los rufianes de la cuadra. Reconocerá entonces, con todo el dolor de su corazón, que tiene usted un problema en casa.
Y me cuesta mucho imaginarme al lector o a la lectora aduciendo: “¡O sea, sí, pero también ellos pa’ qué le compran! Si las otras familias no criaran hijos viciosos, mi hijo no les vendería”.
De allí que me cause tanta comezón (scratch, scratch) cada vez que algún necio insiste en que si Estados Unidos disminuyese el consumo de estupefacientes entre su población, mágicamente los cárteles del narcotráfico en México se empezarían a debilitar, casi a desvanecer en el éter.
Hasta me imagino a los capos diciendo: “¡Muchachos, los gringos ya no están comprando ‘fenta’ como antes... Creo que es momento de que terminemos la carrera y saquemos el título universitario”.
Pues no, los cárteles son empresas y, como tales, no se retiran de los negocios cuando un producto cae en las preferencias o si un segmento de su mercado se pone difícil. Hay muchas alternativas por las cuales un cártel podría optar, a saber:
– Colocar el producto en otras regiones, ya sea en el mismo país de origen, en Europa (donde también son muy atascados), Europa del Este, Asia... ¡Qué sé yo!
– Buscar un nuevo producto, más adictivo, más barato quizás, o con cualquier otra ventaja competitiva. La industria de la droga también innova para mantener a su base de consumidores siempre cautiva.
– Diversificar sus “productos y servicios”: Cobro de piso, trata de personas, ¡de infantes!, trabajo esclavo, extorsión... You name it! Si mañana EU entero decide entrar en “rehab” y no volver a probar ni el wasabi del sushi, la nómina del cártel se tiene que pagar de todas maneras... Y los sobornos y los gastos operativos. La empresa continúa.
Así que, por favor, la próxima vez que su tío castroso (por lo general un viejo necio antiyanqui que no supera al comunismo del siglo 20) salga con su “solución” de: “¡‘Es de que’ también, pinches gringos, si no la consumieran, nosotros no la ‘vendiéranos’!”, métale, por favor, unos 30 o 40 minutos ininterrumpidos de pamba, cada dos horas, hasta que deje de rebuznar.
Yo no sé qué se pueda traer la DEA, el DOJ ni el FBI. ¡Vamos! Si ni el Gobierno de la República parece saberlo. Muy probablemente están cobrándose las viejas afrentas que tienen con el Estado mexicano, como el siempre irresoluto asesinato del agente “Kiki” Camarena; o la exoneración del general Cienfuegos, que echó por tierra diez años de investigaciones y dejó expuestos a los agentes gringos en nuestro país. ¡AMLO siempre velando por los intereses de los cárteles!
Así que hoy están liberando la información a cuentagotas para que el Gobierno mexicano solito caiga en contradicciones, solito haga el ridículo y solito exhiba su incompetencia, pero sobre todo, su complicidad y encubrimiento con los cárteles.
Le repito, no sabemos a ciencia cierta qué traman los gringos, pero no deja de ser de lo más divertido ver cómo se traen al Gobierno de la doctora Sheinbaum, a puro pan y... Bueno, usted ya sabe, y si no sabe, quédese así.
Lo interesante, no obstante, es cómo las agencias estadounidenses parecen haberse desprendido un poco del otro mito en torno al combate a la droga y la delincuencia organizada, de que la única manera de vulnerarlos, de arrinconarlos, de anularlos es mediante operaciones de campo y confrontaciones violentas.
La experiencia nos demuestra que es más efectivo, útil, práctico y, sobre todo, menos cruento, seguir el rastro del dinero: ver cuáles actividades financia el crimen, qué mecanismos emplea para blanquear el dinero, qué influencias compra y quiénes participan de esta red, especialmente funcionarios, que son los únicos en posición de facilitar el movimiento de todo ese complejo engranaje y de legitimar a los personajes más impresentables.
No creo ni de lejos que esté próximo el fin de las operaciones tácticas, pero ha demostrado ser mucho más redituable el trabajo de escritorio, la inteligencia y la forensia financiera que la cándida suposición de que a puros balazos se va a derrotar una hidra de cabezas multiplicables. Sobre todo cuando se están podando incesantemente las ramas de esa plaga sin llegar jamás a la raíz que, por regla general (no sólo en México), está en la complicidad con el poder político.
Luego, aquel tío rancio del que hablábamos le va a decir que EU no tiene calidad moral para ser la policía de nadie. ¡Falso! También son víctimas y, si tienen pruebas de la inacción y la complicidad del gobierno de su país vecino, con el que de hecho tiene tratados para el combate de estas mafias, claro que están moral y legalmente autorizados para actuar en consecuencia.
“Que sólo quieren intervenir, poner un gobierno títere afín con sus intereses...”. Una vez más: Dígale a su tío que le baje un chorro a su Guerra Fría y que ésta terminó hace 35 años.
Uno de los usos más probables del dinero sucio es el financiamiento de campañas políticas. No es sólo hacia donde apuntan diversas investigaciones, sino que explica el hecho de que el servicio público, por todo el territorio nacional, esté infiltrado de gente de “la maña” en puestos clave.
Y lo mismo pasa con el huachicol en su modalidad fiscal: sólo es sustentable si una parte de sus ganancias se destina a la compra de conciencias, a “agradecer” las facilidades, a pagar candidaturas y cargos en la estructura gubernamental sin cuya participación dicho fenómeno sencillamente no sería posible.
Bien, hoy pese a que las investigaciones periodísticas, los señalamientos de las agencias norteamericanas y los propios datos del Gobierno Federal apuntaban en otra dirección, la Fiscalía de la República nos sorprendió con la aprehensión de Ernesto Ruffo Appel por delincuencia organizada y contrabando de combustible.
A diferencia de Rocha Moya, cuya culpabilidad debe ser demostrada antes de que se le moleste con una orden de aprehensión, Ruffo Appel ya está entambado y desde su precaria condición deberá demostrar su inocencia. Suerte con eso. Aquí no lo vamos a defender, dándole pie a la secta para que diga que somos condescendientes por tratarse de un panista.
Pero no deja de ser raro que Ruffo Appel no figurase en el radar de autoridades no supeditadas al régimen, o de investigaciones periodísticas independientes.
¿Nos están diciendo que el rastro del dinero mal habido por la red de tráfico y corrupción de Ruffo Appel nos conducirá hacia el pago de todas esas complicidades en el Gobierno y la política, que hacen posible un entramado tan grande como el que necesariamente implica el huachicol fiscal? Veremos y diremos.