El regreso de la ola morada: educar para la paz en un mundo de incertidumbre
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Las personas docentes e investigadoras de nuestra institución asumieron la misión de formar a nuestro estudiantado para que no solamente sean teóricos de la justicia, sino que se conviertan en practicantes de la dignidad humana
Mañana, las puertas de la Casa Morada vuelven a abrirse. Sus pasillos vibrarán con la energía de un centenar de personas que están a punto de iniciar un nuevo semestre de nuestra Licenciatura en Derecho con Perspectiva de Derechos Humanos.
No es solamente un nuevo inicio de clases: es el retorno de la “ola morada”, que busca inundar el espacio público de justicia y, sobre todo, de humanidad.
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Para nosotras y nosotros, empezar un nuevo semestre no es simplemente un acto administrativo o académico; es, más bien, un compromiso ético con la sociedad y las instituciones, que decidimos asumir desde nuestra fundación y que consiste en formar a quienes denominamos “las personas agentes de cambio social”.
Para ser una persona agente de cambio social no basta solamente con dominar la técnica jurídica o aprender los estándares más altos en materia de derechos humanos, sino que más bien significa ser una persona comprometida con los valores de respeto y tolerancia. En un mundo que parece premiar la polarización y la agresividad, en la AIDH le apostamos al diálogo, a la empatía y a la capacidad de aplicar lo aprendido en las aulas en la realidad cotidiana.
Las personas docentes e investigadoras de nuestra institución asumieron la misión de formar a nuestro estudiantado para que no solamente sean teóricos de la justicia, sino que se conviertan en practicantes de la dignidad humana.
La formación en derechos humanos que impartimos en las aulas de la Casa Morada tiene un importante matiz diferenciador: no se puede enseñar solamente con libros; se enseña más bien con la actitud y con el ejemplo. Quizás esto nos pueda llevar a tomar decisiones incómodas, que pueden generar resistencias, especialmente cuando alguna persona se considere afectada.
Sin embargo, educar con perspectiva de derechos humanos significa mantenerse firmes en la protección de los derechos de todas las personas, incluso cuando esta firmeza pueda resultar impopular.
Hace pocos días, una persona muy cercana, visiblemente angustiada por el contexto global que estamos viviendo, me preguntó cómo me sentía yo al respecto. Mi respuesta fue en el sentido de que no podemos vivir en la angustia, pero tampoco ser indiferentes frente a guerras, crisis climáticas, erosión de las democracias, entre muchas otras cosas que estamos viviendo.
La angustia paraliza y nos bloquea, la acción transforma. Ante el caos, nuestra respuesta debería ser la construcción. Hay muchas cosas que no dependen de nosotras y nosotros, pero lo que sí podemos controlar es la calidad de las personas profesionales que desde nuestra trinchera académica le entregamos a la sociedad.
El regreso de la ola morada mañana adquiere un significado inclusive más simbólico: este año, nuestra institución celebra su undécimo aniversario, poco más de una década de construcción y consolidación de un espacio académico donde la teoría jurídica encuentra la necesidad social y la excelencia académica se tiñe de calidez humana.
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Además, el 2026 desde el punto de vista de la numerología es un año 1. Este número representa el origen, la fuerza del inicio y la determinación de trazar nuevos caminos. El 2026 es el año de los nuevos comienzos. Para nosotras y nosotros, es el cierre de una primera década de cimentación y el inicio de una nueva era de expansión y cosecha: este año se titulará nuestra primera generación.
No se trata simplemente de una generación más de personas graduadas en Derecho, sino que son las y los primeros representantes de un modelo educativo que busca humanizar la justicia. Ellas llevan consigo el sello de la Casa Morada: la firme convicción de que el Derecho es la principal herramienta para construir un mundo mejor. Gracias a ellas, la luz morada ⎯la luz de los derechos humanos⎯ pronto saldrá de las aulas e inundará tribunales, instituciones y organizaciones.
Mi mensaje para este nuevo inicio, para personas docentes y estudiantado, es que hagamos de la empatía nuestra práctica cotidiana. Al abrir las puertas de la Casa Morada mañana, la AIDH renueva su compromiso no solamente para formar las mejores personas juristas, sino para forjar una comunidad de personas que ante la incertidumbre global tenga la seguridad que la respuesta correcta siempre será la educación, el diálogo y el respeto.
Les deseo un brillante regreso a su Casa.
La autora es directora General de la Academia Interamericana de Derechos Humanos
Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH