El último regalo de Trump a Putin
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Al culpar a los ucranianos por el desastre que él mismo creó, Trump encontró la manera de ayudar a su patrono, Putin
Por Timothy Snyder, Project Syndicate.
TORONTO- Cuando, cinco meses atrás, caractericé por primera vez al principio rector de la política exterior de Donald Trump como el suicidio de una superpotencia, ya resultaba evidente que su capricho entrar en guerra contra Irán era una catástrofe estratégica. Ese fracaso es ahora aún más evidente y, lo que es peor, le dio a Trump otro pretexto para recompensar a Rusia. La debilidad engendró aún más debilidad.
Irán supo desde el primer momento que Trump no lanzaría una invasión y eso le permitió intensificar el conflicto a su antojo. Estados Unidos se ha visto obligado a reducir su presencia en Oriente Medio (e incluso a retirar bombarderos estratégicos del Reino Unido, algo impensable hasta hace poco).
Mientras tanto, los aliados de Irán pueden atacar impunemente a los aliados estadounidenses en toda la región: los hutíes atacan el aeropuerto de Riad en la capital de Arabia Saudita y nadie puede hacer mucho al respecto. En EE. UU., la guerra es extremadamente impopular, sobre todo porque ha provocado un aumento de los precios del combustible. De cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato, esta vulnerabilidad se alinea con la otra gran debilidad de Trump: su deseo, arraigado desde hace tiempo, de cumplir la voluntad del presidente ruso, Vladímir Putin.
Trump, en quien el Kremlin había depositado sus esperanzas de una victoria en Ucrania, ha cedido en gran medida frente a Putin (sobre todo, al poner fin a las transferencias y ventas de armas estadounidenses a Ucrania y, la semana pasada, acordar la compra gasóleo ruso, antes de culpar a Ucrania por los altos precios de los combustibles). La injusticia de esas acusaciones es palpable en Ucrania, donde Rusia viene destruyendo infraestructura energética con misiles balísticos y gasolineras, con drones. Los ucranianos arriesgan la vida para cargar combustible, y los estadounidenses pagan más en las gasolineras, porque Trump prefirió una derrota desastrosa en Irán antes que apoyar a Ucrania. Al culpar a los ucranianos por el desastre que él mismo creó, Trump encontró la manera de ayudar a su patrono, Putin.
La aparente motivación tras este acuerdo con el Kremlin, un parche para bajar los precios del gasóleo antes de las elecciones de mitad de mandato, carece de sentido; no está claro que Rusia realmente vaya a ser capaz de suministrar el combustible, considerando la escasez interna que sufre. Como suele ocurrir con los acuerdos de Trump, esto bien podría acabar con los contribuyentes estadounidenses pagando el doble o el triple del precio de algo anunciado como un regalo.
Imaginemos, sin embargo, que los barcos rusos logren llevar gasóleo a los puertos estadounidenses, eso significaría, muy probablemente, que Rusia habrá dejado en la estacada a otros socios a cambio del agradecimiento de Trump. Ni la oferta del gasóleo ni su precio cambiarían en el mundo.
Pero el simbolismo es inequívoco: Trump está alineando visiblemente a EE. UU. con Rusia, el único efecto de suavizar las sanciones es ayudar a Putin. Por supuesto, dado que Rusia les ofreció lucrativos acuerdos petroleros a los «negociadores» de Trump (casualmente, el yerno y uno de los amigos del presidente de EE. UU.), no se puede descartar una «mordida» personal. En este momento EE. UU. no cuenta con una política exterior en el sentido habitual, sino con clanes que buscan convertir los desastres provocados por Trump en estafas.
Esta combinación de debilidad y corrupción es otro rasgo característico del suicidio de una superpotencia. La fortaleza de EE. UU. se basa en el imperio de la ley, pero comprar gasóleo a Rusia es, en la práctica, ilegal, dado que una ley de 2022 lo prohíbe a menos que Rusia se retire de Ucrania. Trump también acaba de firmar una ley que prevé sanciones más duras contra Rusia y aranceles punitivos para los países que importen combustible ruso. Esto no solo lleva a que toda la situación resulte aún más grotesca, sino que también vacía de sentido a la legislación estadounidense, debilitando aún más al país.
Incluso si uno intenta adentrarse en el mundo mental del movimiento MAGA e imaginar que las prioridades de Trump en materia de política exterior son exactamente las que proclama, sus acciones tremendamente contradictorias frente a Irán y Rusia generan un ciclo de debilidad que se retroalimenta. Como todo el mundo sabe, Irán y Rusia son aliados cercanos que se proveen mutuamente de armas e información de inteligencia: Irán suministra drones a Rusia e incluso envió instructores de uso de drones a las zonas ocupadas de Ucrania al inicio de la guerra; Rusia respalda abiertamente a Irán en su guerra contra EE. UU., mientras sus especialistas nucleares trabajan sin descanso en suelo iraní. Con el envío de dólares a Rusia, Trump está ayudando a Irán y cortejando a un líder que apoya a su enemigo.
La política exterior abiertamente prorrusa de Trump ha creado un mundo más peligroso, si Rusia gana la guerra a gran escala contra Ucrania, los agresores de todo el mundo se sentirán envalentonados. Y el llamado de Trump (un eco de la propaganda rusa) para que Ucrania elija un nuevo presidente respalda la idea de que son los invasores y no los votantes quienes deben elegir a los gobiernos. Trump parece creer que Ucrania debe dejar de defenderse de Rusia mientras los rusos se niegan a ceder o a negociar una propuesta de paz.
La razón por la que Putin no tiene intención de negociar es la maleabilidad de Trump, quien decidió que EE. UU. debía comprar gasóleo ruso tras llamar a Putin para conversar sobre la alerta por una plaga en un laboratorio siberiano. Un cambio de tema tan brutal sugiere que Putin es capaz de controlar a Trump a su antojo. La ironía es que Putin juega con muy malas cartas en la guerra contra Ucrania; su fortaleza solo se debe a la debilidad de Trump.
Trump, incapaz de ganar la estúpida guerra contra Irán, culpa a Ucrania de sus consecuencias y utiliza esa mentira para justificar el fin de las sanciones contra Rusia, prolongando así también esa otra guerra. Esto es combatir desde la debilidad, no solo en los hechos, sino casi como una doctrina: Estados Unidos debe perder una y otra vez, y hay que iniciar, prolongar o fomentar guerras, para que Trump y sus compinches ganen dinero. Fingir que se puede confiar a Trump cualquier tipo de poder implica formar parte del actual suicidio de Estados Unidos como superpotencia. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Traducción al español por Ant-Translation.
Timothy Snyder es el primer profesor a cargo de la cátedra de Historia Europea Moderna de la Escuela Munk de Asuntos Internacionales y Políticas Públicas de la Universidad de Toronto. Además, es miembro permanente del Instituto de Ciencias Humanas de Viena, y escribió o editó veinte libros.