Energía eléctrica: se requiere suministro estable
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La variabilidad en la demanda de energía eléctrica, dependiendo de la zona, la época del año o la hora del día, dota de una complejidad particular la administración del sistema
La generación, transmisión, conducción y uso de la energía eléctrica es, en nuestros días, una tarea que reviste una alta complejidad. Y en un país como el nuestro, que ha desarrollado un sistema interconectado a nivel nacional, esa complejidad crece de forma importante.
Porque no se trata solamente de generar e inyectar energía a la red. Se trata, sobre todo, de producir conforme a la demanda, que es desigual según el territorio, pero también dependiendo de la época del año, del día de la semana o del horario del día.
Parecería una obviedad decirlo, pero administrar la red de energía eléctrica implica tener claro, sobre todo, la variabilidad en la demanda. Porque no se consume la misma cantidad en una zona urbana que en una rural. Pero también dentro de cada una de estas hay diferencias a partir de las actividades que se desarrollan allí.
Tampoco se consume lo mismo en verano que en invierno, particularmente en las regiones de clima extremoso. E igualmente cambia la demanda dependiendo de si es de día o de noche.
Así pues, el capital humano que debe desarrollar una empresa como la Comisión Federal de Electricidad, para atender con eficacia el complejo sistema eléctrico del país, es de una especialización particular.
Pero no basta con que se cuente con el personal calificado para anticiparse a los picos de demanda y evitar sobrecargas en el sistema. Además de eso, es necesario que la infraestructura física sea capaz de responder a la mencionada volatilidad.
Y en este último rubro, por lo que se ve, es en el que estamos fallando. La evidencia de ello está a la vista: los constantes “apagones” que se registran en distintas regiones del país, entre ellas la Sureste de Coahuila, y que impactan de forma directa la competitividad local.
Porque nada resulta más lesivo para una industria de alto valor agregado, como la que se encuentra instalada en nuestra Región, que el hecho de no tener certeza en el suministro eléctrico. Por ello no puede extrañar a nadie que las empresas instaladas en la zona de Derramadero adviertan sobre la necesidad de garantizar el abastecimiento estable y permanente.
No basta para superar la contingencia que se diga que la suspensión del servicio duró solamente unos minutos o que los apagones son pocos. El problema, en el sector industrial, es que cada vez que se interrumpe el servicio, se ponen en riesgo muchas cosas.
Y esto es así porque un apagón origina que la producción se detenga, es cierto, pero como la suspensión implica una fuerte fluctuación en el voltaje, eso también puede traducirse en afectaciones a equipos con el consecuente retraso en los procesos y posibles pérdidas económicas.
No es, pues, un asunto trivial y por ello los responsables de la administración del servicio en la Región tendrían que asumir con mayor rigor la necesidad de asegurar el suministro constante y estable de energía.