Epifanía: La magia de los relatos

Opinión
/ 5 enero 2026

Una historia que hoy se relata es la que concierne a la de los Tres Reyes Magos

Contar historias se convirtió para el ser humano en una manera de entender el propio mundo que le rodeaba. Transmitir, a partir de hechos reales o imaginados, ha sido una actividad esencial en su desarrollo e incluso para su supervivencia.

Hay arte en la manera de contar una historia: hay un propósito de presentar hechos, armar escenarios, construir el perfil de los personajes. Esto le ha resultado atractivo al hombre desde el inicio de los tiempos, cuando se percató de la necesidad de comunicarse entre sí.

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La temporada que está concluyendo por estos días ha sido muy fructífera en este sentido. Ha habido mayor cantidad de tiempo para pasarlo en familia y rememorar, formar relatos y transmitirlos de una generación a otra, cuando ello ha sido posible y los integrantes de las diversas etapas de la vida están atentos.

Una historia que hoy se relata es la que concierne a la de los Tres Reyes Magos. Hay quienes, desde el 24 de diciembre, fueron acercando en su Nacimiento de casa las figuras de los Magos de Oriente a la cuna en que nació el Niño Jesús, que da pie a este tiempo, aun después de más de dos mil años.

Aunque en el norte de nuestro país la fiesta principal se dio con mayor fuerza la noche del 24 y el 25 de diciembre, poco a poco se ha ido instalando el festejo del Día de Reyes. Donde ha tenido un arraigo muy potente es en el sur, y mucho en la propia Ciudad de México.

Una historia muy emotiva se cuenta por estos días de padres a hijos que van terminando la infancia. Transcribo a continuación algunos de los pasajes, transmitidos por un querido amigo, el historiador Luis Felipe Barrón.

“Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente, guiados por una gran estrella, se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz, que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:

“–¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.

“–¡Oh, sí! –exclamó Gaspar–. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.

“Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría comentó:

“–Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito...

“Cuando los tres Reyes pensaron que no podrían realizar su deseo, Dios les preguntó qué necesitarían para llevar regalos a todos los niños del mundo.

“Los tres Reyes, postrados de rodillas hablaron de millones de pajes, necesarios para su labor, lo cual sería imposible, a lo que Dios contestó:

“–No os preocupéis por eso. Yo os voy a dar, no uno, sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo. Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben de querer mucho a los niños? Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños? Díganme, queridos Reyes, ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?”.

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Sonrió y concluyó: “Puesto que así lo habéis querido y para que todos los niños del mundo reciban regalos, Yo ordeno que, en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre y de vuestra parte, regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos”.

Estipuló que cuando los niños estuvieran en edad de comprender esta historia darían regalos a sus padres y la guardarían para sus hijos en el futuro. “Y, alrededor de Belén, recordarán que, gracias a los Tres Reyes Magos, todos los niños son más felices”.

Cerramos este día 6 de enero una mágica temporada, donde la dicha está a veces en los más simples y afectuosos relatos.

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