Erosión en políticas culturales de Coahuila
Los creadores y creadoras son parte de una comunidad que también merece un trato respetuoso, un pago justo y a tiempo (no sólo el gremio musical)
Existe un Consejo de Cultura a nivel estatal que, en términos reales, funciona sólo como eco. Lo que se ha logrado con este órgano a través de los años proviene de la labor extramuros de sus integrantes. Para muestra, lo que había logrado el gremio teatral y que ahora les está siendo escanciado con políticas unilaterales.
¿Para qué se tienen reuniones de este consejo si los presupuestos se acuerdan antes, si se calendarizan programas con artistas y creadores que son seleccionados entre quienes se acercan o se quejan, y no mediante una búsqueda y revisión del universo creador estatal?
Por supuesto que esto de agendar artistas y sus creaciones implica una faena: trabajo de ir, ver, conversar y tener tal vez discusiones o desacuerdos, pero esa es la función de las y los funcionarios. A menos que se pretenda emular a las empresas culturales; en ese caso, pues claro que el creador o creadora es quien debe acercarse. No es el caso; son los coahuilenses los que con sus impuestos pagan los salarios de los servidores públicos del ámbito cultural y del resto de esferas estatales. Entonces no le hacen ningún favor a creador alguno; es su responsabilidad y es tu trabajo.
Se alude a lo habitual: que el presupuesto es poco, que se hacen malabares, pero también es cierto que no hay transparencia en el tabulador de lo que se paga a los artistas, ni cómo, ni cuándo, ni a quiénes. Volvemos al asunto de las políticas públicas: se deben revisar, es urgente. Este asunto de la transparencia ha impactado al desempeño de las instituciones culturales públicas de Coahuila.
Y sí, creo que en mucho lo que juega en contra es el escaso presupuesto. Pero, al parecer, no quieren pedir más; hay mutis o aceptación de lo poco que se dio. ¿Será que piensan que los artistas se conforman con tal de figurar? ¿Que tienen suficiente con lo que se les da, o a veces con pago cero?
Por otro lado, existe en México la bonita tradición de imponer programas y agendas sin socializarlos, sin tomar la temperatura a la comunidad artística estatal. Un creador que prefirió el anonimato me compartió algo que no es desconocido para el gremio, pero prefiero resguardar su identidad precisamente por su argumento: él refería que le pagaban poco y que además se tardaban cuatro o cinco meses en darle el pago, “pero uno no se puede quejar, aceptas esto porque si no, el año que viene, nomás no te vuelven a invitar”.
Este y otros creadores/as son parte de una comunidad que también merece un trato respetuoso, un pago justo y a tiempo (no sólo el gremio musical). Si el autor en cuestión tuviera otro trabajo, no sería tan grave, pero para quienes viven del arte como forma primaria, esto tiene implicaciones en lo cotidiano.
Es de psicoanálisis que desde el aparato cultural estatal se promueva la idea de que los artistas deben ser “emprendedores”, que se junten para formar “asociaciones civiles” (con lo que cuesta formar una y los impuestos anuales, ¡uff!). Resulta alarmante que el modus del empresariado ya permee y se valide con discursos en las políticas públicas de instituciones que operan con recursos ciudadanos.
En este desmantelamiento del espíritu cultural, ya lo hemos visto, se encuentran también los espacios culturales, sus dinámicas, sus cierres o su carencia. Y los servidores públicos culturales tienen otro quiebre que deben integrar para hacer rendir el presupuesto raquítico: echar mano de conocidos, amigos o familiares que les apoyen para poder sumar actividades culturales a las carteleras, agendando en restaurantes, bares, cantinas y complejos privados de todo tipo. Y así, entonces, las carteleras lucen copiosas.
El vocablo “creador” proviene del latín creator, que significa “el que crea”. Se compone de creare, que se refiere a engendrar o producir, y el sufijo -dor, que implica al que realiza la acción.