Escuelas ‘patito’: ¿por qué siguen fuera de control?
Resulta inadmisible que una actividad que se realiza a la vista de todos, como lo es ofrecer programas educativos al público, registre los niveles de irregularidad que reportamos
La educación, lo revela cualquier estudio serio que se realice en cualquier lugar del mundo para medir el desarrollo social, es la mejor herramienta que hemos inventado los seres humanos para avanzar en el proceso de asegurar la igualdad entre las personas. Y eso es así porque la educación es, al menos hasta ahora, el mejor instrumento de movilidad social.
Sin embargo, la educación no es un mantra o una invocación que, con repetirse de forma constante, obrará el milagro de la movilidad. La educación es un sistema que implica el despliegue de múltiples estrategias, para cuya eficacia es preciso invertir recursos, pero también enormes dosis de rigor.
No se trata simplemente de repartir certificados y otorgar diplomas que incrementen de forma artificial el nivel educativo de la sociedad. Se trata de diseñar y poner en operación un conjunto de mecanismos que aseguren la formación técnica, científica, cultural y artística de los individuos, comenzando desde la más tierna infancia.
Señalar lo anterior es importante para tener claro que la educación sólo funciona como instrumento de crecimiento personal y colectivo si se acomete el reto con seriedad. Y por “seriedad” debe entenderse sólo una cosa: atajar y combatir todo intento de trampa o falsificación.
Porque una sociedad en la cual surgen y, sobre todo, prosperan “instituciones educativas” que ofrecen servicios educativos de manera fraudulenta, no solamente está fallando en el propósito de mejorar el nivel de vida de sus integrantes, sino que está retrasando que tal posibilidad se convierta en una realidad tangible para todos.
Y eso justamente sigue ocurriendo en Coahuila, donde, pese a las múltiples denuncias públicas realizadas, así como a la reiteración del “compromiso” de las autoridades, siguen operando las conocidas como “escuelas patito”, es decir, instituciones que carecen de permisos para ofrecer servicios educativos al público.
Los datos que publicamos en esta edición son de escándalo y deberían generar una reacción inmediata de las autoridades responsables de vigilar la operación de este tipo de establecimientos: durante los primeros dos meses de 2026 se han presentado 30 denuncias por la emisión de certificados apócrifos de estudios de preparatoria, cifra que prácticamente iguala al total de las que se recibieron en todo el año pasado.
En efecto, de acuerdo con datos de la Oficina de Enlace de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en Coahuila, en todo 2025 se recibieron 35 denuncias de este tipo, lo cual representa un promedio de casi tres denuncias por mes. Con los datos de enero y febrero de este año, dicho promedio se ha multiplicado por cinco.
¿Por qué siguen operando las “escuelas patito” en Coahuila? ¿Cómo es que la autoridad se revela incapaz de contener el fenómeno? La verdad es que tal realidad resulta incomprensible, pues no se trata de una actividad que se realice en la clandestinidad, sino que ocurre a la vista de todos.