Eso que sucede mientras lo observamos

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Opinión
/ 1 junio 2023
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¿Qué es el teatro?, ¿qué no es el teatro? Estas son dos de las preguntas más difíciles de responder hoy en día para cualquier estudioso del tema. Cierto es que actualmente no existe un acuerdo entre académicos acerca de los ingredientes exactos para que una expresión artística sea considerada dentro del ramo, además, los procesos híbridos están a la orden del día y los resultados son cada vez más difíciles de clasificar. Esto nos ha llevado de lleno a tratar de evitar estas preguntas iniciales lo más posible a fin de evitar discusiones que no llevan a ningún lado. La negación a veces puede ser una cosa maravillosa.

De todas formas, dicen que no has entendido algo hasta que logras explicárselo a alguien más, así que aquí estamos. Más allá de si me parece buena o mala idea el insistir en colocar las expresiones artísticas en categorías claramente definidas, me resulta interesante retomar algunos conocimientos básicos a manera de auto-recordatorio sobre cómo comenzó todo; ya llegaremos a la parte en que las fronteras comienzan a desdibujarse. Y es que hace muchísimos años existía mucha menos gente pensando sobre esta pequeña categoría artística cuyo origen se cree que son los rituales para agradar al dios Dionisos. Todo era más fácil cuando Aristóteles tenía el monopolio de las cosas.

Sin embargo, hay ciertas cosas que, aunque han cambiado, de alguna forma permanecen. Por lo menos hasta la última vez que revisé, la acción seguía siendo un ingrediente básico del teatro. ¿Pero a qué nos referimos cuando hablamos de acción en el teatro?, ¿por qué a veces decimos que no hay acción en un ejercicio a pesar de que claramente estamos frente a un actor que se mueve?, ¿por qué a veces decimos que hay acción, aunque el actor no se mueve?, ¿son acaso los académicos gente loca que no sabe lo que quiere?

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Patrice Pavis en su Diccionario del Teatro nos proporciona en sus textos varias “definiciones” de acción a falta de una sola afirmación que pueda clarificar todo. Primeramente, se establece que la acción es un acontecimiento situado en un lugar y un tiempo dados y que las acciones pueden ser visibles o invisibles, es decir, puede haber acción física o psicológica. Entonces, cuando se habla coloquialmente en el teatro de que no existe “acción dramática” es porque en realidad sentimos la ausencia de otra cosa que en el teatro es esencial: el conflicto.

El conflicto implica que existe una serie de fuerzas en juego que se oponen; en el teatro, éste está presente en el actor y en la historia misma, de manera que la estructura de causa y efecto que dota al teatro de movimiento se ve activada. Así, para Pavis la acción es “el elemento transformador y dinámico que permite pasar lógica y temporalmente de una cosa a otra”. Hablando tradicionalmente, en el teatro, tanto la historia como el carácter de los personajes es percibido por el espectador solamente a través de sus acciones y se distingue de la narrativa por ello. Por eso podríamos decir que aquello que libró al arte dramático de ser siempre apenas un subgénero de la literatura, fue precisamente la acción representada y es desde esa escisión que muchos estudios del teatro como arte independiente nacen.

Por ahora, y para evitar llamar al hermano malvado del teatro clásico –estoy hablando de ti, teatro posdramático– entendamos que la acción es lo que construye el entramado, sencillo o complejo, que hila los sucesos de una obra de teatro a fin de que al final construyamos un inicio, un desarrollo y un final. Inicialmente y según Aristóteles, esta secuencia de actos es una sola; conforme el Teatro evoluciona, veremos que comienzan a existir líneas de acción y conflictos secundarios que complejizan todo. Acción es aquello que nace, sucede y termina dentro del acto de mostrar, enunciar y presenciar qué es el teatro.

Por ahora dejémoslo de esa manera. Ya llegará el momento en nuestra evolución histórica que lleve al artista de teatro a concluir que a veces la inacción puede ser una acción aún más potente.

Maestra en Artes Escénicas por la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (Brasil) y licenciada en Teatro por la Universidad de las Américas, Puebla. Realizó durante dos años investigación sobre teatro y performance en espacio urbano en Porto Alegre, Brasil, publicando diversos artículos sobre el tema en revistas como INTERARTIVE y Cena em Movimento. Reside en Saltillo desde 2015, donde ha colaborado en diversos proyectos con la Compañía de Teatro Camaleón, Necravant Glitching Arts Consortium y Cuarta Pared Theatre Laboratory como actriz, directora y/o dramaturga. En 2016 y 2017 formó parte de los proyectos ganadores en el Programa Nacional de Teatro Escolar para las regiones de Saltillo y Coahuila respectivamente; fue también becaria en el programa PECDA en el ciclo 2018- 2019 en el área de dramaturgia. Ganadora del premio a Mejor Artista Escénica dentro de la Muestra Estatal de Teatro de Coahuila 2022 por su trabajo en dramaturgia y dirección en la obra “Tsunami” de la Compañía de Teatro Camaleón.

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