¿Están los mexicanos realmente mejor con Claudia Sheinbaum?
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La situación en el sector salud muestra una patología relacionada, pero distinta. No solo ha disminuido la cobertura general en salud, sino que buena parte de lo que queda ha sido sustituido silenciosamente por planes privados
Por Guillermo Ortiz, Project Syndicate.
CIUDAD DE MÉXICO- Hace un año, la presidenta de México Claudia Sheinbaum utilizó su primer informe de gobierno para ofrecer un veredicto confiado sobre la “Cuarta Transformación” iniciada bajo su mentor, Andrés Manuel López Obrador (conocido ampliamente como “AMLO”). Los mexicanos están mejor económicamente, afirmó, citando una caída en la tasa de pobreza del 41.9% en 2018 al 29.5%, un incremento real (ajustado por inflación) acumulado del 135% en el salario mínimo, y un Estado benefactor cuya cobertura alcanzaba a 32 millones de los 133 millones de habitantes de México.
Este año, en su segundo Informe de Gobierno, Sheinbaum mantuvo la misma narrativa, al reportar que 60 millones de personas están empleadas, que la pobreza laboral se encuentra en su nivel más bajo desde 2005, y que los programas de bienestar están llegando a 42.8 millones de personas. Pero por más impresionantes que parezcan estos logros, no cuentan toda la historia. Preguntar si la tasa de pobreza ha caído es distinto de preguntar si los mexicanos, en su conjunto, están mejor que en 2018.
Responder a esta segunda pregunta exige sopesar los indicadores preferidos del gobierno frente a diversos costos que han crecido de manera sustancial en el mismo periodo. Estos costos a menudo recaen de forma desproporcionada sobre los hogares de menores ingresos, precisamente a quienes se supone que ayudan los programas de bienestar.
Es cierto que la pobreza multidimensional ha caído aproximadamente 12 puntos porcentuales desde 2018, la pobreza extrema ha disminuido, y el salario mínimo, que había permanecido congelado, en términos reales, durante décadas antes de 2018, se ha más que duplicado. Pero la proporción de personas ocupadas en el empleo informal alcanzó el 55% hacia finales de 2025, su nivel más alto en tres años, y casi todos los nuevos empleos netos creados ese año fueron informales. Esto importa, porque un salario mínimo más alto solo beneficia a los trabajadores formales.
Pero son los indicadores educativos los que ofrecen la evidencia más contundente de que el panorama general no es tan alentador como Sheinbaum quiere hacernos creer. Los últimos resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) de la OCDE (correspondientes a 2025) muestran que los jóvenes mexicanos de 15 años obtuvieron siete puntos menos que en el resultado de 2022 en matemáticas y perdieron dos puntos en lectura. Solo el 30% de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel mínimo de competencia en matemáticas, frente a un promedio de la OCDE del 65%, mientras que el 41.8% quedó por debajo del umbral básico en las tres materias (incluida ciencias). Ni un solo estudiante mexicano alcanzó el nivel de desempeño más alto en las tres materias simultáneamente.
Estos son los peores resultados de México desde 2009. El país ha retrocedido 16 años de avances, y esta pérdida ha coincidido con las reformas curriculares de la ‘Nueva Escuela Mexicana’ impulsadas por AMLO y Sheinbaum. En respuesta a los resultados de PISA, Sheinbaum argumenta que una prueba estandarizada tiene limitaciones cuando se aplica en países con condiciones sociales y económicas distintas. Pero eso no es lo relevante. Lo verdaderamente importante no es cómo se compara México con otros países, sino cómo se compara con su propio pasado.
La situación en el sector salud muestra una patología relacionada, pero distinta. No solo ha disminuido la cobertura general en salud, sino que buena parte de lo que queda ha sido sustituido silenciosamente por planes privados, lo que revela el grado de deterioro del sistema público. Entre 2018 y 2022, la proporción de mexicanos sin acceso a servicios de salud casi se triplicó, del 16.2% al 39.1%, y esta siguió siendo la segunda carencia social más común a nivel nacional en 2024. Para empeorar las cosas, el gasto público en salud cayó 1.6% en términos reales solo en 2025.
Como resultado, millones de personas han encontrado un sustituto en los consultorios de bajo costo anexos a las cadenas de farmacias. El número de estos establecimientos aumentó de aproximadamente 13 mil en 2013 a 18 mil en 2023, y la investigación ha vinculado su crecimiento con un deterioro severo de los servicios públicos de salud. Al ofrecer consultas de 5 dólares, estos consultorios privados sí llevan la atención primaria a colonias desatendidas. Pero su crecimiento refleja una patología más profunda: un sistema de salud sólido no necesitaría una red privada paralela tan grande para compensar sus deficiencias.
Luego está lo que podría llamarse el impuesto criminal de México. Sheinbaum presume que los homicidios cayeron 51% desde que asumió el cargo en octubre de 2024. Pero, ¿qué hay de las muchas otras formas de depredación criminal? La extorsión, el gravamen que el crimen organizado impone a las pequeñas empresas y a los trabajadores por cuenta propia, afectó a un récord de 5,887 víctimas tan solo en la primera mitad de 2025. El Instituto para la Economía y la Paz señala que el costo de la violencia criminal se mantiene alto (equivalente al 11% del PIB).
La caída en el número de homicidios y el aumento en el número de extorsiones forman parte del mismo patrón: los grupos criminales están consolidando el control territorial y monetizándolo mediante el cobro de un impuesto a la economía informal. Este impuesto criminal recae de manera desproporcionada sobre vendedores de tacos, operadores de transporte, productores de aguacate y otros a quienes se supone que las transferencias de bienestar deben ayudar a salir adelante.
No sorprende que, en el Índice de Estado de Derecho 2025 del World Justice Project, México se ubique en el lugar 121 de 143 países, habiendo registrado algunas de las caídas más pronunciadas en las mediciones de independencia judicial y aplicación de medidas anticorrupción. De forma similar, el World Competitiveness Center del Institute for Management Development ubica a México en el lugar 55 de 69 economías. Entre 2024 y 2025, la proporción de directivos que consideraban a México un destino prometedor para reubicar operaciones se desplomó, lo que lo hizo caer del cuarto al lugar 51 en el ranking de atractivo económico del IMD.
Entonces, ¿realmente están los mexicanos mejor que en 2018? Supongo que la respuesta depende de qué mexicanos, y de qué horizonte temporal se trate. Un hogar que antes estaba por debajo de la línea de pobreza extrema y que ahora recibe transferencias sin duda está mejor.
Pero no puede decirse lo mismo de la creciente mayoría en empleos informales, de la generación de estudiantes que hoy se está quedando rezagada académicamente, de la tercera parte de la población que improvisa su atención médica en el mostrador de la farmacia, de los pequeños empresarios extorsionados, ni de todos aquellos que podrían haberse beneficiado de la inversión extranjera. Y dado que las transferencias actuales no van acompañadas de mejoras en escuelas, clínicas, tribunales y cuerpos de seguridad, es probable que las pequeñas ganancias logradas ni siquiera sean sostenibles.
Este es el problema de usar una sola estadística de pobreza para medir ocho años de “transformación”. Un gobierno puede elevar el piso para millones de personas mientras al mismo tiempo baja el techo de oportunidades para muchas otras. Bajo la Cuarta Transformación, AMLO y Sheinbaum han hecho más de lo primero que cualquier otra administración en una generación. Pero, a juzgar por muchos otros indicadores, no solo están fallando en frenar el declive del país, sino que podrían estar acelerándolo. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Guillermo Ortiz, exsecretario de Hacienda y Crédito Público de México y exgobernador del Banco de México, es Tesorero del G-30.