Feliz cumpleaños, Kate Millett: una reflexión sobre los derechos de las mujeres

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Los derechos también pueden retroceder. Y las ideas que históricamente justificaron la desigualdad tampoco desaparecen necesariamente

Este 14 de septiembre se cumplen 92 años del nacimiento de Kate Millet, una de las pensadoras fundamentales del feminismo contemporáneo. Hoy necesitamos algo más que recordarla: requerimos volver a leerla.

En la década de los setenta, Millet publicó “Política Sexual”, obra derivada de su tesis doctoral y convertida en uno de los textos fundamentales de la segunda ola del feminismo. Su planteamiento era tan sencillo como radical: las relaciones entre mujeres y hombres también son relaciones de poder.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-corazon-de-la-alcachofa-HC23304517

Lo revolucionario de aquella afirmación fue demostrar que la política no ocurría solamente en lo público, sino que también estaba dentro de las casas, en las relaciones de pareja, en la sexualidad, en la familia. Aquello que parecía privado también podía revelar profundas desigualdades. Más de medio siglo después, volver a Millett resulta necesario porque algunas discusiones que creíamos superadas están regresando con nuevos lenguajes y formas.

Hoy vemos crecer fenómenos como el de las tradwifes: mujeres que muestran como modelo aspiracional una vida construida alrededor de los roles tradicionales de esposa, madre y cuidadora, generalmente acompañada de una división muy marcada entre quien provee y quien cuida.

El problema no está, por supuesto, en que una mujer decida dedicarse al hogar o encuentre realización en el cuidado. El problema aparece cuando la romantización de ese modelo comienza a invisibilizar una discusión que sigue pendiente: las enormes dificultades que todavía enfrentan las mujeres para poder cuidar sin renunciar a desarrollarse en otros ámbitos de su vida.

Porque detrás de las imágenes de hogares perfectos y vidas aparentemente sencillas permanece una realidad mucho menos estética: las tareas domésticas y de cuidados continúan recayendo mayoritariamente sobre las mujeres, condicionando su tiempo, sus oportunidades profesionales y, muchas veces, su autonomía económica.

El riesgo, entonces, no es que algunas mujeres quieran volver al hogar. El verdadero peligro es comenzar a olvidar por qué tantas mujeres lucharon por tener la posibilidad de salir de él y perder de vista que la discusión nunca debería ser elegir entre cuidar o desarrollarse.

Esta reflexión adquiere todavía mayor relevancia en un momento en el que, en distintas partes del mundo, resurgen discursos que cuestionan la igualdad de género y vuelven a poner en discusión derechos que parecían conquistas consolidadas, particularmente aquellos relacionados con la autonomía y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Y septiembre nos ofrece una coincidencia particularmente significativa para pensarlo. Dos semanas después de recordar el nacimiento de Kate Millett, cada 28 de septiembre se conmemora el Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro. Entre ambas fechas existe un hilo que atraviesa buena parte de la historia del feminismo: la disputa por la autonomía.

Autonomía para decidir cómo queremos vivir, para participar en la vida pública, para alcanzar independencia económica, para elegir si queremos o no ser madres y, finalmente, para decidir sobre nuestros propios cuerpos. Preguntarnos quién puede decidir sobre el cuerpo de una mujer, en qué condiciones y cuánto pueden intervenir el Estado, las familias o las normas sociales en esas decisiones sigue siendo una pregunta profundamente política.

https://vanguardia.com.mx/opinion/cuando-los-casos-revelan-patrones-desapariciones-forzadas-y-responsabilidad-internacional-en-mexico-GE23143270

Por eso resulta peligroso asumir que la historia de los derechos de las mujeres avanza inevitablemente hacia adelante. Solemos contarla como una línea ascendente: primero no teníamos determinados derechos, después luchamos por ellos y finalmente los conquistamos. Como si cada generación pudiera comenzar exactamente en el punto donde terminó la anterior. La realidad nos recuerda algo mucho más incómodo: los derechos también pueden retroceder. Y las ideas que históricamente justificaron la desigualdad tampoco desaparecen necesariamente; se transforman, cambian de lenguaje y de plataforma.

Quizá por eso necesitamos volver a Kate Millett, porque nos enseñó a cuestionar aquello que durante siglos se presentó como natural y a mirar las condiciones y relaciones de poder detrás de nuestras elecciones. Los derechos que hoy parecen evidentes fueron conquistados y, por lo mismo, también pueden retroceder. En un momento en que viejas ideas regresan bajo nuevas formas, recordar a Millett es también una advertencia: ninguna conquista está completamente asegurada. Más de medio siglo después de “Política Sexual”, su pregunta sigue vigente: ¿quién tiene el poder? Mientras la respuesta permanezca atravesada por el género, Kate Millett seguirá teniendo algo que decirnos.

La autora es coordinadora de Posgrado de la Academia Interamericana de Derechos Humanos

Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH

Temas



Organizaciones



NUESTRO CONTENIDO PREMIUM