Futurizando el presente
Hay un futuro invasor.
Tiene ojos rasgados y cerebro internacional. Se está digitalizando lo humano.
Se está privilegiando al algoritmo como conjunto ordenado y finito de instrucciones o pasos lógicos que se siguen para resolver un problema o realizar una tarea específica.
El algoritmo ya está ahí en la aplicación del dispositivo, ya no tiene que descubrirlo la mente humana. No es sugerencia sino precepto. A la pregunta: “¿cómo?”, responde con pasos sucesivos hacia el logro.
LO BIOLÓGICO Y LO HOLOGRÁFICO
Se completa ahora el algoritmo tendiendo puentes hacia la biología. Surge un próximo maridaje de lo orgánico con lo cibernético. También se intenta suprimir la pantalla y el celular. Surge la producción de imágenes tridimensionales, usando la luz. Se proyecta el entrelazamiento entre el artificio que llaman inteligente y la mecánica cuántica.
Se anticipa el futuro, salpicando de obsolescencia lo que parecía última generación y cresta de la ola. Lo que ocurrirá ya está ocurriendo, se sustituye lo estático por lo dinámico generando, en secuencia, avances, correcciones y añadidos.
¿DESPRESTIGIO DEL PROGRESO ADMIRABLE?
Las generaciones robóticas son producidas como oleadas poblacionales de humanoides suplantadores. Parecen discriminar las potencias humanas con un peculiar racismo sin conciencia.
La sabia lentitud cronológica es empujada por la precipitación de máquinas supervaluadas, de respuestas instantáneas.
El maravilloso progreso puede quedar, por eso, injustamente desprestigiado, no por sí mismo, sino por quienes quieren adelantar vísperas suponiendo que, por madrugar, amanecerá más temprano. Acaban confundidos, futurizando el presente.
LA REFORMA ES TRADICIÓN ECLESIAL
Todo parte del Concilio de Calcedonia que afirmó que en Cristo se unen lo divino y lo humano. Y se unen de una manera inconfusa e indivisa. No pueden confundirse ni separarse.
Pero lo divino es inmutable y lo humano es reformable. En la comunidad de fe, que es la Iglesia, están presentes lo divino y lo humano. Lo dogmático y lo pastoral, la verdad y las audiencias y las épocas.
A lo largo del tiempo se ha defendido el depósito intocable de la fe con las continuas reformas de lo humano. Como Jesús de Nazareth predicaba la misma verdad con múltiples parábolas adaptadas a pescadores, agricultores, políticos, familias, hombres y mujeres.
Eso de reformar lo humano y defender lo inmutable de lo divino es tradición pura y constante, en todos los pontificados y en todos los concilios. Muchos, actualmente, no rechazan las reformas sino solo las formas en que las reformas se deforman por pésima aplicación de quienes debían obedecerlas.
TÉ CON FE
-¿Todo lo que se renueva es peligroso?
-Lo peligroso no es lo que se renueva sino el querer parchar tela vieja con parche nuevo o querer vaciar vino nuevo en recipientes oxidados.