Gente en la que no debemos confiar...

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Opinión
/ 25 marzo 2026

¿Qué nos hace pensar que de repente vamos a ser mucho más responsables con un rifle de asalto guardado por ahí encima del ropero?

Alguien dijo: “No confío en la gente que no bebe alcohol”.

¡Eso qué! No pasa de ser una necedad que algún tarado dijo para sentirse muy provocador, muy “edgy”. Pero dejó de sonar cool hace más de 40 años.

https://vanguardia.com.mx/opinion/ministerio-de-la-verdad-IJ19676781

Miedo a la gente a la que no le gusta el aguacate. A esos psicópatas sí, mejor tenerlos bien identificados y a prudente distancia.

Desde luego, tampoco me causa ninguna gracia la gente que no siente amor por los perritos. Y a los que no les gusta The Beatles... Bueno, por ellos sólo puedo sentir una mezcla de compasión y ternurita... Tampoco me los acerquen, gracias.

Pero no hablemos de gente rota. Hay otros individuos que me preocupan especialmente, aquellos que abogan por la libre portación y uso de armas para la población civil.

Sorry, pero no sorry. Sé que para muchos es la conclusión lógica derivada de su genuina preocupación dado el clima de violencia e inseguridad en que los recientes gobiernos han hundido a nuestro país (y aquí sí, nos remontamos hasta el sexenio de Carlos Salinas de Gortari por lo menos).

Intento ser empático con todos esos que seguramente crecieron viendo las películas de “El Vengador Anónimo” (Death Wish 1, 2, 3, 4 y 5), pero la mera idea de andar por allí “impartiendo justicia” con un revólver a lo Charles Bronson es un auténtico despropósito.

Que un ciudadano asuma por cuenta propia la protección de su integridad o la de su familia, así como el resguardo de su patrimonio y libertad, da al traste con la razón misma de ser del Estado.

Es decir, la razón histórica de habernos agrupado en manadas/tribus de primates con alopecia no fueron las ganas de echar chisme (aunque sí, un poco), sino de mejorar nuestras posibilidades de supervivencia.

Un chango solitario es la presa más lenta (y la comida rápida) de los depredadores, pero ya en montón nuestras posibilidades mejoran notablemente.

Y ya bajo sistemas mejor organizados, la única razón real para vivir bajo una bandera es la poca o mucha certidumbre que ello nos ofrece; la poca o mucha protección y seguridad que un Estado/Nación nos puede brindar.

Al ser ciudadanos de cualquier país medianamente civilizado, le estamos cediendo al Estado la prerrogativa del ejercicio de la violencia. Es decir, consentimos que sea el Estado el único que puede y debe ejercer dicha violencia y renunciamos a nuestro impulso primario de arreglar las cosas a trompadas.

https://vanguardia.com.mx/noticias/internacional/evidencia-informe-como-las-armas-compradas-en-el-sur-de-eu-terminan-en-escenas-de-crimen-del-norte-LH19690784

Por ello no puedo ir a liarme a golpes con mi vecino, amante de poner a Los Temerarios a las 3:00 a. m., primero porque a lo mejor me pone una chinga él a mí, pero sobre todo porque mi pacto, mi acuerdo con la sociedad a la que pertenezco, es el de dar aviso a las fuerzas del orden y esperar a que estas hagan algo... Y esperar y esperar.

Ya sé, no es ni con mucho lo que nos gustaría en un momento así y, probablemente, ni caso nos hagan esa noche, ni a la siguiente, sino hasta que un día se cansen de mí y pasen a hacerle una amable recomendación al vecino.

Es burocráticamente frustrante, lo sé. Pero no hay otra alternativa que no rompa el pacto social.

Desde luego, los problemas llegan a ser de una índole mucho más grave y pueden conducirnos –junto con la indiferencia de la autoridad y su burocrática parsimonia– al borde de la desesperación y de las ganas de solucionar las cosas como nos enseñó el cine: a punta de pistola.

Ahí sí, debo reconocer que los medios han inculcado la idea de que la mejor justicia que puede llevarse un criminal es una poética lluvia de plomo cortesía del agraviado. Pero las posibilidades de que eso ocurra son más remotas que sacarse dos veces el melate en la misma semana. Las armas domésticas rara vez coadyuvan con la ley.

Los apologistas de las armas suelen argumentar que el crimen posee armas ilegales y que el ciudadano, al no poseerlas, está en una clara desventaja y que, por ende, tenerlas equilibra las cosas.

Es un argumento de lo más falaz: aunque en teoría, con un arma podría yo disuadir, lastimar y hasta matar a algún vulgar raterillo, ni de chiste igualará mi capacidad letal con la de una banda criminal.

Para poder siquiera medir fuerzas con un grupo delincuencial, necesitaría yo más armas y además entrenamiento... y seguramente también hombres a mi disposición; entonces tendría que pagarles... y quizás uniformarlos.

¡Daaaah! Pues eso es precisamente un cuerpo policiaco y no hay necesidad de reinventarlo, sino de exigir su mejora y limpieza de manera permanente.

Se dice también que los incidentes con armas de fuego en Estados Unidos son el resultado directo del porcentaje de civiles que poseen pistolas, rifles de asalto y cualquier cosa que tenga un cañón... Pero –¡oh, sorpresa!–. Hay países como Finlandia, con un porcentaje de ciudadanos armados muy similar al de EU, y ni de chiste tienen esas estadísticas de masacres domésticas y escolares.

No, no es la cantidad de armas, sino la relación que el individuo establece con su instrumento como impartidor de justicia, como “solucionador de sus problemas” y esa noción hollywoodense de que el único final posible de un conflicto es a balazos.

Cuando me dicen que sería buena idea que los mexicanos tuvieran un arma, yo contraargumento que en muchos hogares ya existe de hecho un arma... O bueno, una máquina que llega a ser letal y con la que no hemos demostrado ser especialmente responsables: el automóvil.

Lo manejamos en estado de ebriedad, infringimos los límites de velocidad, desoímos todas las recomendaciones para su operación; permitimos que los adolescentes, con toda su inmadurez emocional, operen lo que por definición es maquinaria pesada y hasta les permitimos hacerlo intoxicados.

¿Qué nos hace pensar que de repente vamos a ser mucho más responsables con un rifle de asalto guardado por ahí encima del ropero? La ingenuidad de la gente a veces me hace pasar de la risa a los escalofríos.

https://vanguardia.com.mx/noticias/mexico/escondio-alumno-en-funda-de-guitarra-arma-con-la-que-asesino-a-dos-maestras-fiscal-EH19693546

Empero, imaginemos que se comenzara a posibilitar la posesión de armas para “defensa personal” en el ámbito doméstico. El Estado llevaría un riguroso registro y control... ¿verdad?

Pasa que la corrupción carcome a nuestro sistema gubernamental administrativo hasta la fuckin médula y no nos permite tener ni un padrón o registro de absolutamente nada sin que acabe a la venta en el mercado negro.

Nuestra madurez civil nos tiene más cerca de Estados Unidos que de Finlandia. Y el escalofriante caso del muchacho “incel” y doble homicida de esta semana parece darme la razón y nos debería disuadir de cualquier intento o sugerencia de relevar al Estado de su primordial deber, que es velar por nuestra seguridad; de hecho, la razón misma de su existencia.

Columna: Nación Petatiux

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